Salto, Martes 28 de Marzo de 2017

La sacó barata

Columnistas | 19 Mar. Dr. César Suárez.
A nadie le va exactamente como aspira a que le fuera, en término generales, a la mayoría le va peor de lo que sus ilusiones anhelan, las expectativas habitualmente están muy por encima de lo que la realidad ofrece, sin embargo, la gente suele arreglarse con lo que le toca sin dejar de soñar con un futuro más venturoso de lo que casi seguro terminará por no ser.
Algunos, muy pocos, les va mucho mejor de lo que jamás podrían haber soñado, y otros, muy muchos, les va mucho peor de lo que podría ser una expectativa modesta, y la gran mayoría, transita en el promedio entre conformes y resignados, siempre pensando con gran optimismo, a veces casi infundado, que el hada de la fortuna los tocará en algún momento, motivo por el cual se explica la razón por las que hay tantos timberos de cualquier juego que prometa riqueza instantánea, y la gran mayoría de los que ostentan esa debilidad, con esa incierta inversión, terminan por quedarse con menos de lo que tenían.
Siempre ha habido autores que han escrito historias futuristas imaginando lo que vendrá, algunas que han quedado plasmadas en libros, otras que han sido llevadas al cine y cuando uno lee ese libro o mira una de esas películas que generaron historias futuristas, muchos años después de escritas o filmadas, cuando esos tiempos realmente han transcurrido, se da cuenta que la historia realmente ha transcurrido por otros carriles inimaginables que no estaban en el libreto.
Más aún, si uno tuviera la oportunidad de escribir su propia historia futura en los cinco, diez, o veinte años que siguen de acuerdo a como uno cree que va a ser su vida futura, raramente coincidiría con la historia real luego de verdaderamente ocurrida.
No hay manera de adivinar lo que viene por más organizada que cada uno tenga su vida y justamente eso le da ese halo de misterio que a uno lo mantiene atento y expectante y que genera esa adrenalina que nos mantiene verdaderamente vivos.
El destino es pícaro e incierto, y más allá de las expectativas normales, suceden acontecimientos nefastos que no estaban en el libreto, que suelen arruinar los planes o postergarlos bastante.
Ocurren cosas que pueden ser catalogadas de accidentes porque no estaban previstas, un percance con la salud que terminan por sacar al individuo de sus rutinas, arruinando momentáneamente o por mucho tiempo un determinado plan, un accidente de tránsito, una estafa, un evento climático adverso no previsto, la bancarrota de la empresa donde se trabaja o la propia bancarrota, un error de cálculo y muchas otras eventualidades posibles que terminan por arruinar la autoestima y desbaratar el estado de ánimo.
Pero como no se puede vivir eternamente amargado, un extraño mecanismo de autodefensa, termina por convencernos que quizás podría haber sido peor de lo que fue.
Es claro que no se conforma el que no quiere cuando cada uno concluye de que no hay otra que conformarse para restablecer la autoestima, y repite para el que lo quiera oír, con la intención de convencer a los demás y sobre todo a sí mismo, que podría haber sido peor y que en realidad, la sacó barata, como si los problemas tuvieran precio y los que le tocaron estaban en oferta o le hicieron una rebaja.
La saqué barata porque me podría haber pasado mucho peor, conclusión que se oye frecuentemente después del desastre y cuando ya no queda cosa que rescatar de lo perdido, cuando ya pasó el shock inicial y todo vuelve a la calma, cuando se comprende que cualquiera es vulnerable y que ya no vale la pena llorar por lo que no tiene remedio, que ya es hora de recomponer los tantos con lo que queda y comenzar a transitar de nuevo en camino al futuro con nuevos planes, con otros objetivos o quizás con los mismos, convencido que el destino puede dar revanchas y que la felicidad está sobre todo en los afectos y en las ilusiones de lo que vendrá.
Lo caro y lo barato depende de la oferta y la demanda y sobre todo, depende del valor que cada uno le da a las cosas y del deseo de tenerlas.
Lo importante no es lo perdido, porque ya no tiene valor, porque ya no está, ya no forma parte de nuestro inventario, simplemente no existe, mucho más importante es lo que queda, lo que ha resistido a la debacle, con lo que seguiremos contando de aquí en más y que por ahora nos pertenece y que seguramente no es poco porque es todo y que seguramente es más cuando nos hemos convencido que ya está, que realmente podría haber sido peor y que luego de ese acontecimiento ingrato, a pesar de lo perdido, la hemos sacado barata.

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