Salto, Viernes 24 de Noviembre de 2017

Veo juguetes rotos

Columnistas | 20 Abr. Dr. Néstor Albisu.
Al ver un juguete roto, podés sentir rabia o lástima. Lástima por el niño que quedó sin juguete o rabia por el ser que destruyó la ilusión infantil.
Sin embargo, si pensamos un instante puede haber una distinta explicación.
Aquellos que han convivido con niños propios o no, conocen otras interpretaciones. Y que esos niños pueden no ser ajenos a la prematura destrucción de su juguete. Y me adelanto a explicar que esto no sería un simple acto de maldad, aparición de escondida zona oscura en la siquis del niño y menos aún un aviso de futura sicopatía.
No te asustes, no vamos a desarrollar teorías sicopedagógicas. No es el lugar ni tampoco poseo conocimientos necesarios para desarrollarlas. Pero si, convengamos, lo importante que será para su desarrollo lo que suceda en la niñez. La relación del niño con sus juguetes solitariamente al inicio y compartiendo luego nos puede dar un dato de su futura vida de relación. Pero no podemos interpretar fríamente sus reacciones precoces. Y te reitero que la destrucción de su juguete no necesariamente es negativo.
La imaginación de un niño puede transformar una madera o una piedra en distintos objetos que participan en sus fantásticas aventuras. Conversa con amigos imaginarios, pelea contra villanos de fantasía (sobre todo cuando sus juegos son solitarios); charla con sus mascotas, etc.
Todo eso es el inicio de su relación con lo que lo rodea. Pero volvamos al juguete roto. Lo primero que nos indica es que ha usado el juguete. Me entristece esas muñecas o autitos de exposición que se ve conformando más la necesidad de orden de los padres… que a la necesidad lúdica del niño. Allí si encontraremos niños tristes, castrados en sus ansias de ser naturalmente niños. Seguramente, sentirán al ser adultos esa falta que les fue provocada alejándolos de los juguetes.
Los adultos a veces juzgamos su accionar olvidando que nosotros siendo niños cometimos idénticos y aún peores desaguisados, que los que hoy juzgamos tan severamente. J. M. Serrat en una de sus canciones pinta acertadamente a quienes denomina; “… esos locos bajitos…”; burlándose luego de los adultos que se olvidan que los niños solo quieren jugar.
José E. Rodó relata en su famosa Parábola “El niño y la rosa”, lo siguiente: “Un niño juega con una copa de cristal, descubriendo que golpeando levemente su borde provoca hermosos sonidos. Al tiempo con esa inquietud propia de la edad, llena la copa de arena. Golpea nuevamente su borde y no consigue los sonidos de cuando estaba vacía. Triste por su juguete roto se le ocurre clavar en la arena de la copa una rosa. Y sonríe nuevamente contento. De ser fuente de precioso sonido el la había transformado en fuente de regocijo visual”.
Bodelaire decía: ”A los juguetes el niño los rompe… para encontrarle el alma”.
Ante esta simple muestra de brillantes pensamientos, los pongo a ustedes ante estas disyuntivas para juzgar al niño y maltrecho juguete.
“El niño puede estar en su natural inquietud, buscando la causa por la que ese juguete emite sonidos, se mueve, entretiene solo con verlos”, etc; siguiendo a Beaudelaire.
“El niño puede estar experimentando y buscando transformar ese lúdico compañero de su soledad”, como dijera Rodó.
O un chico que acompañando a sus padres a llevar alimentos a familias indigentes, pide autorización para regalar un juguete nuevo que hacía pocas horas llevaba como un tesoro. Pero al ver el niño de la familia que sus padres ayudaban a jugar con un carrete tirado por un piolín se desprendió de su preciado juguete poniéndolo en manos del otro niño..
Todo niño es una caja de sorpresa. Nunca debemos subestimarlo, pero tampoco exigirle que alcance metas que sus mayores no pudieron. Déjenlo jugar, ya tendrá tiempo de ocuparse de cosas serias, lamentablemente.

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