Salto, Viernes 17 de Noviembre de 2017

Las travesuras de David Lynch y Mark Frost

Varios | 01 Jul. Psic. Andrés Caro Berta
Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay
www.andrescaroberta.uy
andres@andrescaroberta.uy
SENSACIONES CONTRADICTORIAS
Debo reconocer que en su momento (allá por los 90) no ví Twin Peaks, o Picos Gemelos como se llamó por acá. Pero la machacona publicidad de una nueva temporada me llamó la atención. Por tal motivo, antes de ver la actual, preferí recurrir a lo anterior.
En 1990, la primera temporada estuvo integrada por ocho capítulos, y la segunda, una año después, por veintidós.
Por un lado, el poder visualizar cómo ha evolucionado la técnica en apenas diecisiete años. Es divertido observar las dificultades de las cámaras cuando hacen paneos, por ejemplo.
El recorrido, un suponer, de derecha a izquierda, no es un deslizamiento de la imagen. Por el contrario, se notan frenos, motivados por los pesados equipos. También, en algún momento de la segunda temporada se observa un micrófono colgado que aparece y desaparece en medio de la acción. Además, las actuaciones son acartonadas, muy típicas de las producciones norteamericanas de la época. (Acabo de ver la primera temporada de Columbo y ocurre algo similar, tanto en lo técnico como en lo que hacen los actores)
Pero por sobretodo, lo que queda es en la primera temporada un buen ejercicio de suspenso donde se mantiene el suspenso de quién mató a Laura Palmer, una joven adolescente que más allá de su aire angelical, rompía algunas reglas morales, especialmente en ese pueblo tan pequeño. Todo teñido de un humor negro y absurdo.
LA IMPORTANCIA DE LA MÚSICA
David Lynch y sus amigos, en tanto, juegan con chistes y situaciones laterales que no aportan mucho pero llegan a divertir y quitar lo trágico del asunto.
La segunda temporada (22 capítulos, frente a los 8 de la primera) es un naufragio delirante, donde ocurren hechos que no agregan nada a la historia, y ya ni hay un hilo conductor coherente.
Un militar honorable lucha contra extraterrestres, y la anécdota queda ahí, frente a unos dibujos en una caverna y la idea de conjunción de dos planetas, el malo dueño del prostíbulo en Canadá enloquece y se cree el Gral. Lee de la Guerra Civil y todos le hacen caso, por varios capítulos, mientras él juega con muñequitos, hasta que luego de firmar la derrota del Norte, recupera la salud mental, y se transforma en el mejor ser entre los mejores, entre tantas otras tonterías.
Sin embargo, algo hace que uno siga viendo la serie. Hay elementos fundamentales para ello.
El principal es la música. El mismo tema, lento, acompasado, de apenas pocas notas se repite una y mil veces, mezclado con otros que son hasta bailables. Pero siempre se vuelve a él Es una melodía pegadiza pero básicamente hipnótica. Y marca el ritmo de la serie. El autor es Angelo Badalamenti. En youtube se puede encontrar la explicación perfecta en “Badalamenti Twin Peaks Love Theme” El clima que visualizaba Lynch y la interpretación de ello del compositor. Hay mezclados personajes conocidos que hacen roles secundarios como Miguel Ferrer o David Duchovny al lado de actores imposibles de que sean actores, por lo mediocre, o personajes imposibles de entender como el psiquiatra hippie. O el propio Lynch haciendo de Gordon Cole, un sordo supervisor del FBI. Pero en todo ello, al estilo del Batman del 66, se sostiene el encanto de lo absurdo.
Otra curiosidad es que en el capítulo 15, quien dirige es nada menos que Diane Keaton. Al comienzo mismo hay dos o tres chistes mínimos magníficos, que pasan desapercibidos para los que no son cinéfilos.
Cuando se llega al último capítulo, allí se instala el surrealismo mamarracho, con el detective entrando y saliendo de varios cuartos donde un enano y un gigante, más dos mujeres que amó y algunos villanos le hacen la vida imposible. Y es un tramo interminable.
Claro, termina con el gancho perfecto para la nueva temporada. Allá, en 1991, esa absurda y reaparecida Laura Palmer le dice al protagonista que lo va a ver nuevamente dentro de 15 años… o sea… 2016.

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