Salto, Miércoles 26 de Julio de 2017

Deudas que siempre se pagan

Columnistas | 16 Jul. Por el Dr. César Suárez
Cada comunidad al igual que cada persona tiene una forma de ser, características que le son propias, impregnadas en su “genética”, por su historia, por su cultura, por su tradición, por su integrantes, por su creencias, por sus valores, por su percepción de los hechos, por su moral, por su ética, por sus aspiraciones, por sus antecedentes, por su personalidad, por sus éxitos, por su fracasos, por sus aspiraciones, por su dosis de egoísmo o solidaridad, por sus niveles de educación, por la injerencia de sus medios de comunicación propios y globales, por sus modas, por su conservadurismo, o su audacia, por su riqueza o su pobreza, por su primitivismo o su desarrollo, por sus equidades e inequidades, por la honestidad o deshonestidad de sus referentes, por su esperanza o por su resignación.
Así como no cambia de un día para otro la personalidad de un individuo adulto que ya tiene su historia, tampoco es posible modificar la idiosincrasia de una sociedad que ha vivido de una determinada manera durante un determinado espacio de tiempo y cambiar la matriz cultural.
No es que no pueda cambiar ni la personalidad de un individuo ni la matriz de la sociedad ero se necesita un plan sostenido, permanente, persistente debidamente elaborado a un largo plazo y no desviarse por el camino.
La conducta de una sociedad en el resultado de la suma de las conductas individuales y cada individuo piensa y se resiste al cualquier cambio que le genere una incertidumbre, incluidos los que supuestamente no tienen nada que perder porque ya están en un límite donde presumen que cualquier movimiento los puede terminar de hundir.
En las charlas de café donde se reúnen personas a departir y a opinar, nadie se asume a sí mismo como un problema para la sociedad y la percepción que cada uno tiene es que los dramas sociales son responsabilidad de los demás aunque después de la tertulia cada uno de ellos salgan con unas copas encima, manejando y violando por tanto las reglas de tránsito, tiran basura a la calle por la por la ventanilla del auto, no parando donde dice pare, girando donde dice no gire, comprando cosas baratas de dudoso origen, comprando o vendiendo sin boleta, llegando tarde al trabajo, escapándose antes de horas, garroneando un lugar en la cola, discriminado a un diferente, quedándose con algún cambio, falseando datos para obtener una ventaja, festejando al que cometió una falta.
Todo esto conforma el conjunto y todo esto lleva a un resultado que termina por armar exactamente lo que somos todos no lo que son los demás.
Pero no vivimos en la selva sino que formamos parte de una sociedad civilizada contamos con reglas que se llaman leyes para encausar al conjunto en un determinado sentido y para que cada uno sepa a qué atenerse y alguien tiene que ocuparse de que las reglas se cumplan poniendo presencia en cada área donde se generan al disrupciones para corregir al momento.
No es simple cambiar la personalidad de una sociedad, cuando se rompen sectores del tejido social, lleva décadas repararlo con dedicación y paciencia, tratando de rescatar a los chicos desde pequeños a través de la enseñanza para ir construyendo una nueva cultura desde la más tierna infancia asegurando el alimento nutricional y el alimento intelectual para llegar a la adolescencia y la adultez sin deudas con ningún sector de la sociedad.
Los olvidos pendientes con algún sector de la sociedad acumulan deudas que después resultan impagables, porque esos mismo grupos marginados terminan por cobrárselas al resto de la sociedad con mora e intereses.

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