Salto, Lunes 21 de Agosto de 2017

Turismo, ómnibus y publicidad

Columnistas | 12 Ago. Por Rodrigo Goñi
De la rendición de cuentas de la intendencia podemos analizar algunos puntos que me parecen relevantes.
En primer lugar el sector turismo de la intendencia, compuesto por los centros termales de Arapey y Daymán, vuelve a dar pérdidas; durante el 2016 perdió un millón trescientos mil dólares, lo cual lleva la pérdida acumulada desde el 2005 a trece millones y medio de dólares.
Realmente es abrumador, porque los ingresos que el sector tiene, no alcanzan ni para pagar los sueldos del mismo.
¿Cómo es posible que se sucedan las administraciones, pierdan dinero año tras año en un negocio y sigan tan campantes?, porque reitero, es un negocio que por definición debe dar ganancias; si quienes están al frente de la repartición no son capaces de por lo menos no perder dinero, debe cambiárseles, y por cierto, no debe dejar de evaluarse el hecho de que en los últimos doce años han pasado tres administraciones dando pérdida; y téngase en cuenta que esto que describo sucedió siempre, no solo en los últimos años.
Porque finalmente lo que ocurre, es que parte de los impuestos que pagamos terminan usándose para cubrir este agujero negro.
Hay otro sector que si bien es preocupante, por lo menos tiene un sentido social, que es el ómnibus, las cifras que disponemos son desde 2011, seis años, en los cuales las pérdidas suman catorce millones y medio de dólares; en el último ejercicio ascendieron a dos millones trescientos mil dólares, y téngase en cuenta que la flota envejece, requiere cada vez más mantenimiento, con lo cual el déficit será mayor.
Reitero, son dos fuentes de pérdidas bien diferentes, pero lo cierto es que lo que la intendencia recaudó por concepto de Contribución Urbana, no alcanzó para cubrir estos dos déficit.
Hay que tener en cuenta que las tres cuartas partes de la contribución se van en el déficit del ómnibus, y este impuesto para mucha gente es muy gravoso, hay gente de muy escasos recursos haciendo convenios todos los años para poder pagar; se trata de un subsidio que mucha gente humilde paga y que hay que manejarlo con mucho cuidado.
Ni hablar de que esa misma gente termina pagando el agujero escandaloso del turismo.
Administrar la cosa pública requiere bastante más que sonreír, dar abrazos y hacer publicaciones en los medios, y dicho sea de paso el departamento de comunicaciones nos cuesta más de seiscientos mil dólares por año.
Ver como los intendentes usan los recursos que los salteños aportan, para dar empleo a las estructuras políticas partidarias y no conformes, gastar fortunas en publicidad y propaganda, es decepcionante y explica porque demasiada gente descree de los políticos.

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