Martes 16 de agosto, 2022
  • 8 am

Cada homicidio es único – Columnistas

Pablo Mieres
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Pablo Mieres

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Pablo Mieres
Cuesta entender algunas declaraciones de los jerarcas del gobierno. ¿Pérdida del sentido de realidad? ¿Mareos del ejercicio del poder? ¿Impotencia para resolver los problemas? ¿Insensibilidad? ¿Búsqueda inútil de evitar costos electorales?
Solo los propios jerarcas sabrán cuál fue su motivación. Pero lo cierto es que resultan profundamente rechazables las declaraciones que diferentes jerarcas del gobierno han realizado en las últimas horas.
El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, dijo que el homicidio ocurrido días atrás cuando un empresario fue asesinado a mansalva en la playa de estacionamiento de un supermercado, era un homicidio “como cualquier otro”. Insólito, gravísimo, patético.
No existe un homicidio como cualquier otro, cada asesinato es único, genera daños irreparables, dolores insuperables, pérdidas insustituibles. No entender eso y referirse a un homicidio como si fuera “uno más” es una demostración inaceptable de pérdida de sensibilidad.
Peor aun acusar sin razones a los que no tenemos “arte ni parte” en la política de seguridad del gobierno, de querer hacer un uso electoral de ese hecho. Nadie había usado esta tragedia para generar réditos electorales. Solo el encierro fatal del poder, solo la incapacidad para asumir la frustración de una política de seguridad ineficaz y fracasada, pueden explicar estas declaraciones.
Pero eso no es nada, unas horas después, el subsecretario del Ministerio del Interior, Jorge Vázquez, fue más allá. Realizó una sorprendente clasificación de las causas por las que las personas pueden ser asesinadas en nuestro país, incluyendo en todos los casos responsabilidades de las propias víctimas, y afirmando vergonzosamente que las personas que no tienen problemas no deben preocuparse porque no les va a pasar nada. ¡Cuánta soberbia! ¡Cuánta ignorancia de la realidad que vivimos!
El encierro del poder es letal
La inseguridad es tema de campaña porque vivimos inseguros. La inseguridad es un asunto de la agenda pública porque cuando en las encuestas de opinión pública se les pregunta a los ciudadanos por el principal problema, una enorme mayoría indica que es la inseguridad.
No es invento de los estrategas que orientan las campañas de ningún partido, es el simple y sencillo resultado de una evaluación de la realidad.
Pero ahí no termina la cosa. El subsecretario del Ministerio del Interior también formuló acusaciones insólitas dando a entender que los atentados a las escuelas ocurridos recientemente tendrían una motivación electoral, es decir que habrían sido promovidos para afectar la imagen del Frente Amplio en la campaña electoral.
Todo muy bizarro. Todo muy tonto. Todo muy surrealista.
La conclusión ineludible es que resulta imprescindible que la ciudadanía le marque límites a un gobierno y un partido que han perdido el sentido de la realidad. Es imprescindible que el Frente Amplio no reciba un respaldo mayoritario porque la soberbia se ha instalado definitivamente en las alturas del poder.
La incapacidad de asumir sus propios errores, de admitir los fracasos y de buscar cambios efectivos en vez de refugiarse en excusas impresentables que son, además, una falta de respeto a la gente, particularmente a los que han sufrido los efectos de una política de seguridad, es una conclusión inevitable para explicar estas declaraciones absurdas.
¡Qué perdido que está el partido de gobierno! ¡Qué distante de la realidad cotidiana que viven los uruguayos!
La gente, que no es tonta, seguramente marcará con su arma, que es el voto, la ineludible crítica a este tipo de reacciones.
¿No habrá nadie en el partido de gobierno que llame al orden a estos jerarcas sumergidos en la impotencia? ¿Nadie les observará señalando que más valdría asumir sus propios errores que intentar trasladar las responsabilidades a dónde no las hay?