Jueves 12 de diciembre, 2019
  • 8 am

¿Quién tiene la culpa?

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Padre Martín Ponce de León.

Siempre necesitamos buscar culpables.
Obviamente que es búsqueda la realizamos fuera de nosotros.
Cuanto más lejos de nosotros busquemos, mucho mejor.
Hace poco leía el testimonio de una persona que manifestaba nunca había hecho algo por iniciativa personal sino que siempre había obedecido lo que otros le habían dicho y, por lo tanto, él nunca se había equivocado.
Postura cómoda, infantil y equivocada.
Tan cómoda, infantil y equivocada como la de aquel que, siempre, responsabiliza a los demás de lo que sucede.
Está muy bueno que no nos limitemos a constatar los hechos y sepamos hurgar en los mismos.
Todos los hechos poseen causas y consecuencias.
Debemos saber leer los mismos desde la globalidad de los mismos.
Si nos limitamos a mirar los hechos, como si fuesen hechos aislados, les quitamos el contexto que es, sin duda, parte de los mismos.
Un signo de madurez es saber mirar a los hechos de nuestra vida dentro de su totalidad pero, también, asumir nuestra responsabilidad ante las consecuencias de los mismos.
Siempre es mucho más fácil responsabilizar a los demás.
Porque entendieron mal y nunca porque no supimos hacernos entender.
Porque no quieren ver y nunca porque no somos tan convincentes.
Porque no son capaces de actuar y nunca porque no somos tan entusiasmante como para entusiasmar.
Pero, es evidente, no es muy de nuestro agrado el mirar los hechos desde nuestra responsabilidad.
Porque, supongo, alguna responsabilidad hemos de tener ante los hechos de nuestra vida.
Parecería que las consecuencias de nuestros hechos son ajenas a nosotros.
¿Somos, únicamente, responsables de nuestros hechos?
¿No somos, también, responsables de las consecuencias de los mismos?
Evidentemente parecería que no.
Parecería que de las consecuencias son responsables los afectados por ellas.
Es indudable que ello no puede ser así.
Constantemente estamos buscando culpables en los demás.
Si nos preguntas si nos equivocamos todos respondemos afirmativamente puesto que sabemos que ello es parte de nuestra condición humana.
Pero, casi inmediatamente, actuamos como si no fuésemos responsables de las consecuencias de nuestros actos.
Esto se puede leer como que nosotros actuamos correctamente y los demás son los culpables de las consecuencias de nuestros actos.
Las contradicciones son parte de nuestra forma de ser y por ello no nos llaman la atención y………. también somos responsables de las consecuencias de nuestras contradicciones.
Si en lugar de vivir tan ocupados buscando culpables viviésemos ocupados asumiendo e intentando corregir o mejorar las consecuencias de nuestro actos, sin duda, tendríamos una vida mucho más provechosa.
Cuando vivimos para buscar culpables vivimos amargados y angustiados.
Muchas veces, como producto de esa búsqueda, descubrimos que existen realidades que nos señalan como responsables y ello no nos gusta y nos amarga.
Muchas veces, nuestra búsqueda, se vuelve un algo tan intrincado e infructuoso, porque no queremos vernos señalados como los culpables, que más que un acto de buscar es un acto de desesperada angustia.
Cuando asumimos nuestra responsabilidad nuestra vida se torna una realidad en constante crecimiento.
Esas son las cosas, entre otras, que nos hacen madurar.
Siempre buscamos culpables, nunca nos preguntamos sobre nuestra responsabilidad.
Siempre buscamos culpables, nunca asumimos que, en más o menos medida, también nosotros somos hacedores de hechos como esos de los que buscamos culpables.
No miremos a los demás, mirémonos a nosotros mismos y, difícilmente, salgamos a buscar quién tiene la culpa.