Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

Cuando quise acordar

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Diario

Padre Martín Ponce de León.
Por lo general tenemos nuestros proyectos.
Uno de los míos era poder ir a los ejercicios espirituales en el mes de mayo.
El año pasado los había hecho con el clero de la diócesis.
Había pasado muy bien.
El clima había sido muy fraterno y sereno.
Este año pensaba hacerlos con los salesianos, repito, en mayo.
Hace ya unos cuantos medio días el director planteó el tema de los ejercicios.
Yo manifesté mi deseo de hacerlos en mayo.
Otro salesiano de la casa planteó su deseo de hacerlos en mayo.
Otro salesiano manifestó su ida fuera del país también en mayo.
Cuando quise acordar me encontré volviendo a los ejercicios con el clero de la diócesis.
No fue por un manifiesto deseo personal.
Fue el producto de una necesidad y de una sugerencia del director de la comunidad.
Debo, sin duda, agradecérselo.
Debo reconocer que me resultaron muy provechosos.
Debo reconocer que el clima vivido fue muy fraterno, sereno y de momentos muy alegres.
Debo reconocer que hubo instancias de encuentros muy sinceros y profundos.
Debo reconocer que no me arrepiento de haber tenido la oportunidad de participar.
Pero, mi proyecto quedó postergado.
¿Era mi proyecto y no el de Dios?
¿Era mi deseo y no lo que Él deseaba?
Sin duda que no puedo protestar por el hecho de ver mi proyecto postergado.
Sin duda que algo perdí, pero, no puedo dejar de reconocer todo lo que gané.
Jamás podré saber la razón por la que Él no deseaba fuese en mayo sino en marzo.
Lo que sí sé es que estos ejercicios que han pasado han sido un verdadero regalo de Dios.
Muchas veces pensamos que cuando Él cambia nuestros proyectos es porque nos depara alguna desagradable sorpresa o porque nuestro proyecto era nefasto.
Los caminos de Dios no transitan, necesariamente, por los nuestros.
Nuestros proyectos están construidos desde nuestros gustos o nuestras conveniencias.
Los caminos de Dios no necesariamente miran nuestros gustos sino nuestra conveniencia para su proyecto.
Él mira nuestra conveniencia desde una óptica que nos resulta muy complicada para nosotros.
Con gran esfuerzo podemos lograr mirar lo nuestro en relación con los demás.
Para no herir, para no perjudicar, para no lastimar, para tomar la iniciativa, para dar pasos solidarios, para ser útiles.
Vivimos en un mundo donde todo, o casi todo, es una invitación a que suficiente, más que suficiente, miremos lo nuestro.
Por ello ya nos resulta un gran esfuerzo el mirarlo en relación para con los demás.
Muchísimo más nos cuesta mirar nuestros proyectos en relación para con Dios.
En oportunidades, creo yo, nos consideramos más que cumplidos con el simple pensar que deberíamos hacerlo.
Pero, más que nada, por el hecho de cumplir con Él.
Cuando quise acordar me encontré redactando un artículo que no había pensado.
No alcanza con mirar nuestros proyectos para intentar no ofender a Dios sino que deberíamos saber mirarlos desde su óptica.
Sí, usted me dirá que no es Dios.
Pero no es necesario ser Él para hacer tal cosa.
Todo se limita a una cuestión de amor.
Es amar para conocer.
Es amar para estar en comunión.
Es amar para saber lo del otro como propio.
Es amar para intuir y responder.
Lo nuestro siempre será lo nuestro. Perfectible, mejorable y limitado.
Lo importante no es lamentar lo nuestro sino disfrutar lo de Él.
Cuando quise acordar me descubrí con la necesidad de aprender muchísimo para vivir la fe.