Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

Esperanzas nuevas

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

635 opiniones

Padre Martín Ponce de León.
¡FELICES PASCUAS!
Para algunos, tal saludo, no significa otra cosa que el fin de una semana de vacaciones.
Para otros puede tener, simplemente, los aromas de unas extras de chocolate.
Para algunos otros no es otra cosa que una simple tradición que se reitera vacía de contenido.
Para otros es el estallido de un grito colmado de gozo.
La Pascua de Cristo no es un acontecimiento que se pierde en el pasado y se hace recuerdo.
Tampoco es un algo ausente de nuestra vida de hombres de hoy.
Mucho menos es un algo distante de nuestra realidad de cristianos de hoy.
Si uno se detiene a mirar el contenido de tal saludo, sin duda, debe preguntarse si es un saludo o algo mucho más complejo.
Es la proclamación de una experiencia de vida.
Cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de experimentar lo que tal proclamación significa.
No es limitarse a la proclamación de lo sucedido en Cristo sino, también, lo sucedido en cada uno de nosotros.
Es la certeza del hombre nuevo.
¿Dónde quedan muchos de nuestros sueños si no creemos en el hombre nuevo?
El hombre constructor de fraternidad.
El hombre promotor de unidad.
El hombre propulsor de justa justicia.
Solamente el hombre nuevo podrá realizar ese mundo nuevo con el que todos soñamos.
Desde Jesús resucitado tenemos la convicción que ello es una tarea que, en la medida que seamos constantes y comprometidos, puede ser realidad.
Desde Él podemos descubrir que "la muerte ha sido vencida" y ello no es una frase hecha o una promesa sino que es una realidad.
Desde Cristo y con Cristo el hombre nuevo es verdad.
Es el gozo de una buena noticia. Muchas veces nos descubrimos saturados de promesas que se realizan pero no se piensan cumplir.
Es el fácil camino del uso constante de los demás.
Es en fácil camino del no involucrarme con el otro sino pretender que el otro se involucre en lo que me ocupa.
En Cristo no ha sido una simple promesa sino la nada sencilla vida de la coherencia.
Todo lo suyo es una prolongada invitación a la coherencia vivida.
Habías prometido la vida y le hacías tuya definitivamente.
Habías prometido ser camino y lo mostrabas desde tu vida.
Habías prometido la verdad y la proclamabas haciéndote actitud.
Por ello lo tuyo no es una promesa sino una certeza que se debe proclamar desde actitudes como las tuyas.
Es el compromiso de una vida distinta.
Vuelves a la vida con una presencia nueva, inexplicable, desconcertante.
Necesario se nos hace asumamos compromisos reales y distintos.
No podemos conformarnos con ser una mera repetición o una prolongada monotonía.
Necesitamos asumir cambios que redunden en beneficio de los demás.
Son los demás que deben descubrir el testimonio de nuestra pascua.
Por ello deben ser cambios reales y concretos.
No podemos conformarnos con cambios que sean propósitos o buenas intenciones.
Pascua fue y debe ser una experiencia transformadora y real.
Todos tenemos nuestras esperanzas de un mundo más humano porque más cristiano.
Deben ser esperanzas plenas de futuro puesto que en eso consiste la esperanza.
Esas esperanzas nuevas no deben envejecer sino que, Pascua mediante, debemos hacerlas vida.
Una vez asumidas esas mismas esperanzas deben despertar esperanzas nuevas porque Cristo no vivió su Pascua para ayer sino para que el mañana sea mejor entre todos.
Por ello FELICES PASCUAS porque hombres nuevos para vivir esperanzas nuevas.