Domingo 15 de diciembre, 2019
  • 8 am

Fuego compartido

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Padre Martín Ponce de León.
Poco a poco la llama fue creciendo.
Fue saltando desde las ramas a los troncos y se hizo una brillante hoguera.
Poco a poco la llama fue creciendo.
Cada salto tímido y danzante que realizaba era un algo más de luz que brindaba.
Es un fuego nuevo.
Es una luz nueva.
Fuego y luz que nace renovado desde el compartir.
Es un fuego constantemente nuevo.
Es una luz permanentemente renovada.
El compartir es un fuego que no nos deja tibios o en tinieblas.
El compartir es un fuego que nos llena los ojos de luz.
Cada uno de nosotros tenemos algo para hacer que ese fuego arda renovado.
Cada uno de nosotros tenemos algo para hacer que ese fuego nos envuelva con su calidez luminosa.
Cada uno posee la riqueza invalorable de lo que somos para hacer encender ese fuego.
Cada experiencia de auténtica comunidad es un fuego que se enciende.
Debemos considerarnos necesarios.
Sin lo nuestro ese fuego nuevo no tendrá fortaleza.
Sin lo nuestro ese fuego nuevo no tendrá tanta luz.
Somos necesarios pero no imprescindibles.
Somos necesarios pero no los únicos.
Somos tan necesarios como cada uno de los demás es necesario.
Debemos tener el coraje de saber esperar.
La pequeña llama necesita tiempo para ir involucrando a todas las ramas.
La pequeña llama requiere tiempo para brindar calor y luz considerables.
Todo requiere de un proceso, de un tiempo.
Lo importante no es saber la cantidad de tiempo que es necesario. Lo verdaderamente importante es, de nuestra parte, saber darle al tiempo el tiempo que requiere para que la llama sea una hoguera.
Debemos crecer en confianza.
Nunca se logrará la hoguera si no existe material combustible como para ello.
Una ramita siempre será una pobre llama destinada a extinguirse.
Necesarias son muchas ramas dispuestas a compartirse para que arda fuego intenso.
El camino de la creación de una comunidad es el empeño de la convicción y la generosidad.
Es preciso confiar para compartir lo que uno es.
La confianza es un algo que se construye desde muchos pequeños pasos empeñados en salir de uno mismo.
La confianza es un algo que se otorga en la medida que los demás se hacen merecedores de ella.
Debemos tener un combustible único.
A la hoguera no se llega desde el deseo de imponer nuestros intereses.
A la luz iluminante y convincente no llegamos pretendiendo sobresalir de los demás.
A la hoguera luminosa no se llega si solamente me importa lo mío.
Solamente es posible en la medida que lo del otro me importe.
Solamente es posible en la medida que nos respetemos en lo que somos.
Solamente es posible en la medida que estemos dispuestos a dejarnos ayudar a ser mejores.
Necesario se nos hace aportar nuestra mejor vivencia.
Nunca habrá hoguera y luz intensa si lo nuestro es envidias, celos, rencores, mentiras y aislamiento.
Debemos saber alentarlo.
Muchas veces necesario se hace atizar las llamas.
La rutina, las repeticiones, los posibles logros, van haciéndose una capa de ceniza que ahoga el crecimiento de la llama.
Necesario se hace que nuestro fuego sea atizado para que no se duerma.
Para ello importante es nunca dejar de estar atentos.
Cada uno debemos asumir la responsabilidad de atizarlo para que siempre sea un fuego compartido.