Sábado 27 de febrero, 2021
  • 8 am

La vida y sus rituales

Pablo Galimberti
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Pablo Galimberti

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Mons. Pablo Galimberti.
El largo ritual electoral de los uruguayos ha terminado. Ahora le toca a quienes han sido elegidos preparar sus equipos de gobierno y poner en práctica sus promesas.
Mientras tanto, los ciudadanos volvemos a las rutinas. Quiero conversar sobre la importancia de otros rituales sociales, familiares y personales que entretejen, dan ritmo y chispa a las rutinas cotidianas.
Menciono algunos rituales sociales que tienen sus lados débiles: el ritual casi compulsivo de comprar y cambiar, alimentado por campañas que proponen fechas y oportunidades.
Otro ritual son los espectáculos deportivos, donde la competencia, los periodistas, la televisación, algunas cifras astronómicas que se manejan en los pases, etc., consumen energías.
Tanto el comprar como el presenciar un partido de fútbol son ocupaciones que hoy están incorporadas en la vida social. Y si no es el fútbol es el basquetbol y si no es el torneo uruguayo son los goles de los nuestros en el extranjero. Y si no es por el día de la madre será por algún cumpleaños, que el ir a ver vidrieras, elegir y comprar es una ocupación habitual. Además de las necesarias y diarias relativas a la comida y atención de la casa y los hijos.
Pero, están los rituales relativos al trabajo, al seguimiento de los hijos en sus estudios y en aspectos de salud, como vacunaciones y visitas al médico.
También en el amplio campo de la vida social tenemos los rituales de fechas patrióticas que reavivan nuestro sentimiento de pertenencia a un espacio social y cultural común y nuestro agradecimiento a los padres de la patria, que todo hijo o hija de esta tierra debe despertar en su pensamiento.
Pasando a los rituales familiares, están las fechas y aniversarios, que pueden ser ocasión de agradecer, hacer una oración, expresar nuestro afecto, hacernos el tiempo para acompañarlos. Hay veces en que la familia participa en el ritual de un nuevo nacimiento, reafirmado después cuando los padres eligen bautizarlo, que sirve para enfatizar que la vida no está guiada por la casualidad ni fuerzas extrañas sino por un Dios Providente que cuida de una pequeña flor que hoy es y mañana se marchita y cuánto más se preocupa de cada uno de nosotros.
Pero hay tiempos difíciles en la familia, cuando aparece una enfermedad o un mayor entra en una etapa terminal. Y la familia rodea a quien vive ese trance. Los gestos de acompañamiento deberían intentar la mayor transparencia, evitando mentiras, como decir al que le han pronosticado un fin inminente: no te preocupes, vas a sanarte y vamos a comer un asado juntos.
Pero entre los rituales familiares están también los momentos del comienzo de la mañana. Cuando un niño o niña corren a la cama de sus papás para darles un beso y la madre le pregunta cómo durmieron. Y si son padres cristianos los invitan a hacer la señal de la cruz y confiarnos en que el día arranca bien cuando ponemos nuestra confianza en el Padre que está en el cielo de nuestro corazón.
Otro momento, que recuerdo en mi niñez es el de ir a dormir. Mi padre entraba al cuarto de los cuatro varones que dormíamos en cuchetas, nos cantaba algún canto de iglesia que sabíamos de memoria y con esos buenos pensamientos y alguna mímica nos despedía.
Entre los rituales familiares recuerdo algunas veces que alquilábamos una casa en vacaciones y nos íbamos a descansar. Pero eran pocas las veces pues mi padre tenía otras obligaciones y entonces siempre habría forma de entretenernos entre los varones.
Pero, también están los rituales personales, que cada uno va incorporando en su vida, los primeros pensamientos al abrir los ojos, poniendo los ojos y el corazón en las manos de Dios. Si es posible es bueno dedicar un rato antes de salir a cumplir las obligaciones laborales, a tomar contacto con alguna página de la Biblia o los Evangelios. Basta una palabra, como "les doy mi paz" para aplacar el rápido curso del reloj. Esto no nos garantiza que después todo saldrá bien. Pero nos predispone y sabemos que podemos volver a ese punto interior donde hemos finado nuestra coordenada fundamental.
El ritmo semanal requiere un descanso. Dios descansó el séptimo día, dice la Biblia. Una pausa siempre necesaria que nos reconforma.