Jueves 24 de septiembre, 2020
  • 8 am

Idea y movimiento

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez.
La naturaleza de todo ser vivo es el movimiento y de acuerdo a la especie que se trate, dispondrá de movimientos más toscos o gráciles y esa dinámica más que una virtud, es una necesidad.
El ser humano es pensamiento y movimiento e inevitablemente, una cosa lleva a la otra en una coordinación casi imposible de evitar. Cuando el movimiento ya no satisface al pensamiento, la creatividad, genera instrumentos para suplir lo que el cuerpo está capacitado para hacer.
El ser humano, por su naturaleza, le es imposible permanecer quiescente y hasta donde las fuerzas le dan sigue en constante movimiento respondiendo a las ansias que el pensamiento genera.
Desde los primeros días, de vida el ser humano está intentando perfeccionar su movimiento para darle riendas sueltas a sus deseos de lograr un objetivo y si de inicio su torpeza física no le da para caminar, buscará de arrastrarse, de gatear, de mantenerse erguido, hasta que logra dar sus primeros pasos para poder llegar a lo que no alcanza, hasta aprender a treparse y a vencer dificultades por más que muchos de los intentos fracasen y produzcan dolor, la tenacidad supera el temor.
Cada movimiento, cada esfuerzo para realizarlo, siempre tiene un objetivo que en ocasiones resulta exitoso y en otras un fracaso.
De tanto pensamiento y movimiento, surge la creación, la invención, y del movimiento y pensamiento combinado, esa creación se potencia y la invención se hace materia que se padece o se disfruta y el progreso creativo no se detiene.
Sin duda que el hacer algo, es una necesidad, una necesidad imperiosa, porque la quietud, lleva a la depresión a la angustia, al sufrimiento como le sucede al que sufre de una enfermedad inmovilizante o de prisión.
Pero la virtud del movimiento, si no está en coordinación con el pensamiento, también genera sufrimiento. El hacer una tarea que al pensamiento le resulta ingrata, obviamente, que no se ajusta a la satisfacción.
La vida moderna requiere de disponer de recursos económicos, y la realidad no siempre nos la oportunidad de hacer una tarea a plena complacencia, y en ocasiones, ni siquiera cuando nuestra actividad coincide plenamente con nuestra vocación, tendremos la ocasión permanente de hacer tal como queremos. Al vivir en comunidad, la demanda que genera nuestro trabajo nunca es exacta a nuestras expectativas, o es insuficiente o es excesiva, o a veces insuficiente y otras veces excesiva e inevitablemente. Cuando el dinero necesario no satisface nuestras necesidades, la tarea requerirá un esfuerzo extra, más allá de la capacidad de disfrutarla.
La realidad es, que todo satisfacción requiere un esfuerzo, muchas veces a contramano de los deseos, pero ese esfuerzo que a veces está dirigido a lograr una necesidad imprescindible, otras a lograr un premio material o otras, simplemente a lograr la satisfacción, simplemente por haberlo hecho o por haberlo logrado.
Sea como sea, y en las condiciones que sean, siempre y en toda circunstancia alguna cosa tendremos que hacer. Si lo que nos toca de tarea está inserto en plan global y colectivo con objetivo claro y coordinado, donde formamos parte de un proyecto y todos empujando en la misma dirección, lo que nos toque dar, si hacemos la tarea que nos corresponde, con dedicación, entusiasmo y creatividad, sin duda que nuestro aporte al conjunto, tendrá un resultado óptimo. Claro, por más brillante que sea el plan, si uno o varios se dedican a boicotearlo, si cada uno hace lo que quiera o no hace, o hace lo contrario, el resultado será sencillamente desastroso.
Por otra parte, si hay entusiasmo, entrega, dedicación y gran esfuerzo. No hay plan, no hay un proyecto, el resultado será magro e intrascendente.
Todos y cada uno de los integrantes de un conjunto de personas serán responsables en su medida del triunfo o del fracaso, sobre todo al que le toca ser el conductor del proyecto. De él dependerá el entusiasmo o el desánimo de los demás. Pero, sin importar el papel que a cada uno le toque, la diferencia siempre estará en que si cada uno hace bien lo que le toca o no lo hace.
Somos por virtud o por defecto, movimiento e idea, de acuerdo a como aprovechemos nuestras capacidades, el resultado será condición de orgullo y satisfacción o de desazón y de fracaso
Pero, independientemente de todo, la clave está en que cada uno se haga cargo con responsabilidad lo que le toca hacer, si todos y cada uno lo hacen así, lo demás luego, inevitablemente llega solo.