Domingo 7 de marzo, 2021
  • 8 am

Negación como actitud

Pablo Galimberti
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Pablo Galimberti

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Mons. Pablo Galimberti.
Asambleístas radicales de Gualeguaychú -"piqueteros"- decidieron seguir con el corte del puente; porque es lo que más molesta.
Conocido el dictamen de La Haya continúa el bloqueo mental. ¿Cómo es posible tal estado de negación y miopía? Lo afirmo mirando desde esta orilla y acepto que todos usamos lentes para mirar la realidad. Lo que importa es darnos cuenta de los filtros que usamos para mirar y juzgar.
El viernes pasado en Fray Bentos, en una reunión convocada por el párroco anglicano, los asambleístas defendieron su posición.
La consistencia de una realidad, sea cual sea, puede ser afirmada como negada. En el segundo caso estaríamos ante el mecanismo de negación o "Verneinung", estudiado por el psicoanálisis. Cada uno podría contar sus propias resistencias.
Una historia de superación dolorosa de la negación la encontré en el novelista italiano Giuseppe Pontiggia, entrevistado sobre su novela "Nati due volte" (Nacidos dos veces).
La novela es la historia verdadera del hijo de Giuseppe, discapacitado desde que nació pero vencedor de una batalla por la propia dignidad en la cual tuvo como enemigo al propio padre, que después llegó a ser su mayor aliado.
Pontiggia confiesa: "el esfuerzo más radical que tuve que hacer para escribir Nati due volte ha sido respetar la realidad inexorable". Tuvo que aproximarse a ella aceptando su propia condición mental y afectiva de "discapacitado", negador de lo que no encaja con una idea preconcebida.
La actitud realista es el punto de llegada de un largo camino. Admite que en la primera etapa de su producción literaria domina el tema de la fuga de la realidad. Su primera novela (La morte in banca) plantea la fuga de la cotidianidad; el protagonista no tolera el mundo en que vive y se escapa hacia una secreta vida intelectual: la verdadera vida comienza después del trabajo, cuando puede dedicarse a tareas más satisfactorias. Pero, la madurez consiste en aceptar que las dos vidas son una sola realidad. De lo contrario muchas horas diarias quedan en la zona gris, rutinaria e improductiva.
Su segunda novela, (El jugador invisible) es sobre una persona ausente; otra forma de fuga. El tema es la falta de realización y la lucha con un enemigo desconocido que está dentro de nosotros. El protagonista se suicida por el "no" de una mujer, pero antes escribe una carta anónima, signo de un estado adolescente que no logra superar. Los otros reconocerán el signo de una vida frustrada: un malestar agudo en el que sucumbe.
El tema de la fuga y la ausencia experimenta una metamorfosis decisiva en otra novela (La gran noche), que habla de un hombre que desaparece cortando todos los vínculos con su vida. Una desaparición voluntaria y definitiva. Al final de esta larga búsqueda sobre la fuga, una cosa quedó clara: que un hombre no existe fuera de los vínculos reales que lo sostienen.
Río para no llorar o ironías del destino, se suele decir. Mantener los opuestos: el llanto y la risa, ha sido siempre su ambición, en especial encarando el tema tan cercano a su vida como en "Nacidos dos veces".
Antes de escribir esta novela publicó "Vida de hombres no ilustres", reuniendo biografías de personas comunes. Aquí Pontiggia renunció a todo tipo de fuga, aceptando la peripecia humana con sus límites, desde el nacimiento a la muerte. No es que estos personajes no conozcan el declive hacia la negación. Pero él ha preferido narrar esas historias desde la antítesis de la fuga.
Quien acepta la realidad o su destino hasta el fondo, asume una postura religiosa, haciendo coincidir libertad y obediencia. A partir del hecho más asombroso que "el verbo se hizo carne", (Juan 1,14), asumir la realidad es condición para transformarla.
Hay formas evasivas de alejamiento de la realidad: droga, juego, etc. Los piqueteros han elegido el camino de la negación, borrando lo que están mirando y cortando caminos de comprensión. Así no pueden integrar lo que demonizan, porque el mal está en la otra orilla.
Termino con la oración de la serenidad que resume lo que intenté exponer:
"Dios mío, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar. Valor para cambiar las cosas que puedo. Y sabiduría para conocer la diferencia".