Jueves 24 de septiembre, 2020
  • 8 am

Deme la peor versión

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez.
Quino se hizo famoso en el mundo entero por su tira de Mafalda, pero no fue por un golpe de suerte. Al contrario, por un golpe de talento haciéndoles decir a sus personajes niños, en cortos diálogos, una síntesis perfecta de la realidad, representando en cada uno diferentes personalidades típicas de la sociedad.
Miguelito, por ejemplo, representaba una personalidad de alto ego bastante peleado con la realidad a tal punto que, en una de las tiras, sentado en el escalón de la puerta de su casa se aventuraba a decir, "el próximo auto que va a pasar será azul", para concluir en el siguiente cuadro, "como se puede equivocar tanto un auto".
Así como Miguelito, hay muchas personas que no reconocen la realidad y viven continuamente equivocados; peor que eso, no admiten que nadie se los haga notar.
Todo esto lleva a que a que la gente que no quiere meterse en problemas, se abstenga de decir lo que realmente piensa a quienes no admiten la más mínima crítica simplemente para no generarse una situación incómoda y dejan las cosas como están; y el destinatario de la observación, seguirá convencido que tiene razón, por más que carezca de ella y poco a poco se le irá reduciendo el circulo a los más conspicuos alcahuetes, que un día también se cansarán y terminarán por dejar solo al intransigente
Por esta razón, habitualmente hay una distancia grande entre lo que una persona piensa y lo que termina por decir, sobre todo porque a los demás no les gusta oír la real versión del pensamiento. Esto, inevitablemente, genera una brecha entre el pensamiento ajeno y lo que cualquiera piensa, que los demás piensan.
Cuando dos grupos de personas mantienen una reunión, intercambian ideas, se expresan conceptos, cada parte es muy cuidadosa de cómo trasmitir el real pensamiento y la mayoría de las veces quedan muchas cosas sin decir por temor a que le caigan mal a la otra parte.
Una vez que la reunión termina, cada grupo entre sí hará sus comentarios y dirán cosas en la intimidad de cada grupo que si cualquiera de otro grupo tuviera oportunidades de oírlas, seguramente, se armaría un conflicto de proporciones o por lo menos, se cortaría el diálogo.
El que tiene experiencia en negociar sabe claramente que hay cosas que no se tienen que decir por más ciertas que sean y que se tienen que recorrer sutilmente el camino de las confrontaciones, a fin de no "cortar los puentes".
Esa necesidad de mantener la paz lleva a moderar las palabras, a ser cauto, a buscar los puntos de coincidencia y guardarse para una ocasión más propicia los tópicos conflictivos.
El buen negociador bien sabe por dónde tiene que transitar, sabe cuánto puede avanzar y cuanto tiene que conceder sin perder sus principios ni su identidad.
La realidad demuestra que hay personas que se ofenden con mucha facilidad y que sólo quieren oír comentarios elogiosos, que no pueden tolerar la más mínima crítica por lo que terminan por perderse de la realidad. La versión que les queda frecuentemente los deja al margen y cuando se dan cuenta ya es tarde porque se han perdido oportunidades cuando los demás terminan por no decirles nada, para no entrar en conflicto pero terminan por descartarlos sin avisarles nada.
Los necios que no son capaces de reconocer sus propias debilidades y no aceptan que nadie se las advierta, es la propia realidad la que termina por anunciarles claramente. Pero, tarde para ellos que se han equivocado feo. Algunos son tan necios que terminan por pensar, a pesar que están vencidos, que es la realidad la que está equivocada o como decía Miguelito "¿cómo se puede equivocar tanto un auto?"
Esa tonta manera de ignorar la realidad termina por golpear duro a muchas personas y muchos de tanto golpearse, terminan por entender que la realidad no admite discusión; que no queda otra alternativa que tenerla en cuenta.
A mí, por el contrario, me gusta tener primero la peor de las versiones que aunque muchas veces no se ajusten a la realidad, me permiten reflexionar acerca de mis errores y me da mucho más chance de corregir temprano antes que se escapen las oportunidades.
A veces cuesta entender que las cosas son como son y no como uno quiere que sean; que es la actitud de cada uno la que abre o cierra los ojos y los oídos.
Reclamo la crítica sincera por más que muchas veces dañe la autoestima, pero es la única manera de repararla en fresco y no anquilosarla apañada por el elogio fácil que hace ver otra realidad que no es la verdadera.