Martes 9 de marzo, 2021
  • 8 am

Morir en la capital

Pablo Galimberti
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Pablo Galimberti

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Mons. Pablo Galimberti.
Un amigo me llevaba el domingo pasado desde la terminal de Paysandú hasta la parroquia San José Obrero, donde iba a confirmar a un grupo de jóvenes y adultos. En el trayecto le pregunté por su hijo mayor que este año fue a estudiar a Montevideo.
Con pocos trazos me pintó la desigualdad de oportunidades de los jóvenes del interior, que tienen capacidades y desean estudiar. Una equidad efectiva significaría una valiosa oportunidad de crecimiento profesional para ellos y un beneficio para el país, además de un alivio para los padres que los respaldan en todo sentido.
Sobre descentralización, ya hemos oído bastante. El tiempo político de las declaraciones creo que se agotó. Igualmente el de los proyectos elaborados por técnicos pero que, por razones desconocidas para la mayoría, no se activan con celeridad. Con un impulso de generosidad y audacia, renunciando a parcelas de poder político y económico, redistribuyendo los recursos presupuestales en beneficio de los contribuyentes de todo el país y apurando trámites encajonados en los laberintos de la burocracia, los plazos seguramente se acortarían. Para bien de muchos jóvenes embalados por la sana impaciencia propia de la edad, que perciben que las respuestas no llegan cuando las necesitan.
Es cierto que el Estado uruguayo intenta moverse y ha dado algunos pasos, como es el caso de las alcaldías, que por el momento generan más expectativas que realidades en los lugares donde se votaron.
En nuestro Departamento, este año un grupo de jóvenes, familias y sectores de la sociedad se sintieron defraudados cuando poco antes del inicio de la carrera de Medicina en Salto, llegó la noticia de que todavía no estaban dadas las condiciones.
Es cierto que salir del pago puede ser beneficioso, como también lo es, especialmente en algunas ramas de la ciencia, el intercambio continuo de quien estudia con la realidad social, laboral, científica y cultural que lo rodea. La academia y la vida cotidiana no pueden divorciarse. Gráficamente, lo hacía el gran Aristóteles acompañado por sus discípulos, que leía y enseñaba deambulando por los pórticos del Liceo de Atenas.
Este amigo, que es profesional y conoce por propia experiencia el tema, me comentaba los gastos que demanda su hijo que empezó la carrera de psicología dependiente de la Universidad de la República en Montevideo.
Mandar un hijo a Montevideo puede tener ventajas, pero, también tiene costos; empezando por un lugar donde vivir. Ellos optaron por una residencia católica, que les sale cuatro mil pesos al mes. A lo que hay que sumarle gastos diarios de transporte, que ascienden a doscientos pesos por día. Dos veces por mes el hijo viaja para estar con su familia y amistades. En total son unos once mil pesos por mes.
El próximo año viajará el segundo varón, que se inclina por la carrera de Biología. Y atrás viene un tercero. La situación lo ha llevado a plantearse varias preguntas a él y su esposa.
La llegada de las XO a los chicos de escuelitas de ciudad y campaña fue un avance muy promocionado. ¿Por qué, entonces, no habilitar carreras donde algunas materias puedan cursarse por internet? ¿O habrá que esperar que estos chicos lleguen al nivel terciario o que algunos de ellos lleguen un día a la docencia? Otra inquietud es que la permanencia en la capital aumenta las chances de que los jóvenes elijan quedarse en Montevideo. Nadie puede oponerse a esta probabilidad. Pero también es bueno que una carrera cursada en el interior pueda ayudar a explorar nuevos horizontes de aplicación en ambientes distintos a la capital.
La descentralización tiene mucho camino por andar en este nivel de la enseñanza. Un estudiante de Montevideo puede darse el lujo de hacer una carrera de seis en diez años, mientras trabaja o hace otras cosas. Las distancias para él no cuentan.
Este padre, además, no se explica los insólitos horarios de su hijo: lunes sin clase, martes dos horas, los demás días con muchas horas libres.
"Cuando quieras estudiar morís en la capital. Cuando quieras progresar morís en la capital", cantaba Pablo Estramín.
Aclaración: quien esto escribe nació y vivió en la capital algo más de tres décadas.