Jueves 24 de septiembre, 2020
  • 8 am

Reflexiones sobre la burbuja

César Suárez
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César Suárez

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Por el Dr. César Suárez.
Hasta donde se sabe, todos los sistemas planetarios, excluyendo la Tierra, hasta ahora investigados no ofrecen condiciones adecuadas para la vida tal cual nosotros la conocemos o concebimos.
Nuestro planeta ofrece un microclima que resulta ser una especie de burbuja muy sutil, que si uno se pone a analizar, minuciosamente, comprende que resulta muy difícil que en algún otro lugar del universo puedan darse estas condiciones excepcionales.
Nuestra fragilidad es extrema y tenemos que vivir prisioneros sobre la fax de la tierra y nuestro organismo ya no es capaz de sobrevivir a pocos kilómetros de altura sobre la superficie terrestre si no está protegido por un traje especial o un habitáculo presurizado. Tampoco se puede sobrevivir debajo del agua si no cuenta con un tanque de oxígeno y a pocas decenas de metros por debajo de la superficie ya no soportamos la presión que ejerce su masa sobre nosotros.
Mientras las temperaturas que se pueden dar sobre la tierra van de doscientos setenta y tres grados Celsius bajo cero hasta varios miles de grado sobre cero, nosotros apenas podemos sobrevivir confortablemente en un rango de no más de veinte grados y ya no podemos sobrevivir cuando ese rango supera los cien grados (cincuenta grados bajo cero y cincuenta grados sobre cero) sin no tenemos una protección que nos cobije.
No podemos sobrevivir más que unos pocos minutos en ausencia de oxígeno y el oxígeno, en forma natural, sólo se encuentra sobre la superficie de la tierra y comienza escasear a una altura de pocos miles de metros.
Tampoco podemos vivir demasiado sin ingerir alimento o sin tomar agua y a diferencia de los animales que ya vienen con su propio abrigo natural, nosotros nos tenemos que proveer de ropa para soportar las inclemencias del tiempo.
Cuando nacemos, necesitamos la asistencia de nuestros semejantes para poder sobrevivir y no lo podríamos hace solos hasta después de varios años de nacidos.
En suma, vivimos en un planeta imperceptible en la inmensidad del universo que sería imposible de encontrar para hipotético explorador universal por su insignificancia dentro de la inmensidad de la galaxia que nos contiene y, sobre ese punto insignificante, la vida es sólo cómoda en parte de la superficie. En el resto la tenemos que acondicionar para hacerla viable o aceptable.
A pesar de este microclima tan favorable, los organismos se desgastan y envejecen. La vida se termina y a nuestra debilidad física, se agrega nuestra debilidad cognitiva. A pesar que hacemos un gran esfuerzo intelectual, a través de cientos de generaciones, no logramos entender porque estamos aquí, en este lugar, perdidos en el espacio, sin conexión con nadie que se nos parezca; y, si existen, están a tal distancia que sería imposible llegar con los rudimentarios medios que disponemos.
Quizás Dios podría ser una explicación como lo sostiene la Biblia, pero tampoco disponemos de evidencia de su existencia más que la fe, el deseo y la necesidad de que exista. Pero, si faltara algo para completar la confusión, cada cultura tiene su Dios y algunos más de uno, en clara contradicción con su definición de todo poderoso y universal.
Tampoco nuestra mente limitada puede concebir la idea de infinito, de donde finaliza el universo y, si finaliza, que hay después de ahí.
Apenas si sobrevivimos en esta burbuja, que a su vez se deteriora por la propia acción de los que sobrevivimos dentro de ella y pocos se preocupan por preservarla en la medida que se calienta por la atroz idea de que el mundo debe aumentar el consumo para que aumente el producto bruto interno de los países y den los números que los economistas necesitan para que sean considerados exitosos. Esto, a pesar de que para ello haya que agotar los recursos materiales no renovables, que tiene nuestro planeta, incentivando el recambio de lo que todavía es útil, para tenerlo que tirar, generando un basurero que crece a nivel mundial en proporciones incontrolables para hacer aún más inhóspita nuestra burbuja sin tener en cuenta que luego no tendremos a donde mudarnos.
Y a pesar de nuestra debilidad real, otro mal terrible nos aqueja. Nuestra conducta está infectada de soberbia y actuamos como si fuéramos dueños del universo, como que fuéramos a vivir eternamente. Nos peleamos entre nosotros, fabricamos enemigos entre nuestros semejantes, fabricamos armas destructivas, cada vez más potente.
Parecemos marionetas maniobrables por un titiritero que se divierte, mientras nos mira cómo hacemos todo lo posible para destruir nuestra frágil burbuja.