Martes 9 de marzo, 2021
  • 8 am

Natalidad o envejecimiento

Pablo Galimberti
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Pablo Galimberti

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Inmaculada Concepción

Mons. Pablo Galimberti.
Dos iniciativas recientes del actual gobierno proponen mensajes opuestos. Por un lado abarata y facilita la píldora anticonceptiva a cualquier mujer en situación de embarazo. Por otro, el Presidente muestra preocupación por nuestra tasa de natalidad, la "más paralizada" de América Latina. Un invierno demográfico, como ya se ve en países avanzados, donde hay más féretros que cunas.
Alguien dirá: a unos dice A y a otros B; eso es gobernar. Pero cuando A y B salen de una misma persona y ministerio, surge la duda sobre la coherencia y verdad de sus dichos. Igual a una madre que aconsejara a su hija el uso indiscriminado de anticonceptivos pero también se lamentara porque faltan niños en las escuelas y los jóvenes se desalientan en un país donde tiene mucho peso la gerontocracia.
Se calcula que, en el 2040, los mayores de 64 años pasarán a ser más que los menores de 15.
Otra consecuencia del envejecimiento poblacional es el deterioro de la solidaridad entre generaciones: crecen los jubilados y los activos que aportan disminuyen.
Nuestro Presidente ha creado un grupo interministerial, coordinado por el Ministerio de Salud Pública, para proponer políticas adecuadas. Pero, avanzó algunas ideas, como fomentar la radicación de indígenas ecuatorianos y atraer a jubilados extranjeros. La cuestión no es sencilla. Poblar no es trasplantar. ¿Cómo se integraría una colectividad indígena, con alta tasa de fecundidad y cultura autóctona, con poblaciones locales?
El gobierno habla de medidas audaces. Lo expresó el ministro de Trabajo Eduardo Brenta el 1º de mayo por cadena de radio y televisión: "La situación demográfica del país exige medidas audaces para promover el incremento de la natalidad". Informó que el gobierno está revisando el subsidio por maternidad para "extender los plazos vigentes, igualar la situación de las trabajadoras públicas y privadas y mejorar la calidad de las prestaciones."
Fomentar la natalidad requiere pensar en la mujer y la maternidad, la etapa del embarazo, del parto, del amamantamiento y la educación de los hijos. En un congreso al que asistí, decía una mujer, profesora en la universidad de Oslo: "Después de haber alumbrado por primera vez, me dije: ahora no temo a nada y puedo hacer todo".
Alcanzar esta meta resultará de la conjunción de muchos componentes, empezando por la defensa sin titubeos de la vida que se inicia naturalmente en el seno de una madre desde el primer día. Natalidad, maternidad y familia tienen que caminar juntas. Necesitamos enfoques globales sobre la vida humana, donde sexualidad y procreación no se presenten necesariamente desconectados. Necesitamos fortalecer la familia y las organizaciones de la sociedad civil y fomentar espacios de escucha y consejería para acompañar conflictos familiares. Necesitamos ampliar redes solidarias desde la etapa escolar hasta el fin del ciclo liceal, para asistir a niños y jóvenes en el estudio, el deporte y el tiempo libre. Necesitamos educadores que ayuden a encarar las preguntas vocacionales, inquietudes espirituales y la educación sexual no sólo como mecanismo biológico y autocomplaciente sino como expresión de un don y un compromiso de amor que cuida y acompaña.
¿Cómo compaginar las propuestas a favor de la natalidad con otra iniciativa tendiente a la facilitación masiva de anticonceptivos? El doble discurso hace perder credibilidad. En un piso proponen una cosa y en otro la contraria.
Además, el Presidente Mujica, no estaría dispuesto a vetar la ley de despenalización del aborto, en caso de que el parlamento la aprobara.
Durante una bicicleteada en el Cerro y Casavalle, Mujica aprovechó para agradecer a las madres su coraje por traer niños al mundo. Una solución radical, tan vieja y tan nueva, tan natural y tan urgente. Señales de aprecio, estímulo y aliento a las madres y a las familias que verdaderamente "hacen patria" con cada hijo que aceptan traer al mundo y educarlo.
Un planteo transparente e integral, con solidaridad y con verdad, debería poner las cartas sobre la mesa, tratando de atenuar las incongruencias de otras propuestas simultáneas.