Martes 4 de agosto, 2020
  • 8 am

Jaque mate

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez.
El ajedrez es un juego que enfrenta a dos contendores, dispuestos a librar batalla.
Cada uno cuenta con un pequeño ejército de piezas que representan a una reina, a un rey, unas piezas denominadas alfiles, otras que representan a caballos, otras a torres de defensas y otras que representa las piezas de avanzada, denominadas peones.
Cada una de esas piezas tiene diferente alcance y modo de movimiento. Cada jugador tiene que respetar las reglas de juego para intentar eliminar las piezas contrarias y, a su vez, evitar movimientos que pongan las piezas propias al alcance de una pieza enemiga.
Cada jugador mueve sus piezas pensando, no solamente en la eliminación rápida de una pieza contraria, sino pensando también como quedará expuesto a los movimientos futuros de su ocasional adversario.
En oportunidades, habrá que ser muy conservador, aunque no se avance demasiado, para no arriesgar a quedar encerrados en manos del "enemigo", o simplemente preparando una jugada que llegará varios movimientos después.
El jugador de ajedrez tiene que tener claro, en cada momento, donde tiene paradas sus piezas, cuantas le quedan y con que capacidad de movimiento.
Hay veces que no tiene otra opción que sacrificar una pieza importante, en ocasiones, porque no hay otra salida; y, en otras para preparar el terreno para luego dar el "zarpazo", que permita un avance estratégico y aumentar la chances de vencer al "enemigo"
Cada movimiento de una pieza siempre tiene una consecuencia, favorable, casi neutra o perjudicial. Ese resultado puede concretarse en forma inmediata o varios movimientos después, dependiendo de las acciones del jugador contrario.
Sin duda, este juego simula una batalla entre dos contendientes que cuentan al inicio de la partida con los mismos recursos, pero que en el transcurso del juego se van modificando a favor de uno u otro de acuerdo a la capacidad estratégica de cada jugador.
Cada individuo que compone una sociedad, cada día que transcurre, simbólicamente, está librando una batalla para ir elaborando su destino y opta, ó porque las cosas transiten al azar o elabora una estrategia al igual que un jugador de ajedrez, moviendo las "piezas" con la mayor destreza posible para lograr determinados objetivos a corto y a largo plazo. Pero, sea como sea, nada que se haga, planificado o no, deja de tener una consecuencia.
Si alguien compra un determinado objeto al contado tendrá dos consecuencias inmediatas, una, que tendrá el objeto que deseaba o necesitaba tener, la otra consecuencia inmediata es que se tuvo que desprender de un ahorro que disponía y ya no lo podrá usar con otro fin.
Si el objeto se compra a crédito, también tendrá dos consecuencias, una inmediata, obtiene el objeto y otra a mediano o largo plazo, tendrá que pagar las cuotas o el crédito comprometido y si no paga, tendrá que enfrentar otras consecuencias aún más complejas.
Si alguien se prepara a través del estudio para adquirir una habilidad, en realidad hace una "jugada" a largo plazo, cuyos primeros movimientos no tendrán consecuencias favorables o por lo menos constatables. La consecuencia final dependerá de todos los movimientos intermedios y de las circunstancias en que se encuentre la sociedad, en el momento de finalizar la preparación.
Hay quienes quieren resultados inmediatos y a veces los obtienen, pero, casi invariablemente comprometiendo su futuro. Es que sólo miran el "movimiento" más accesible y lo toman sin medir sus consecuencias inmediatas o a mediano o largo plazo.
El jugador de ajedrez tiene que ser un estratega minucioso para lograr sus objetivos y de él tendremos que aprender para nuestra vida cotidiana, para disponer de paciencia, de capacidad de análisis, de meditación, de conocimiento del medio donde se mueve, de experiencia suficiente antes de dar un salto al vacío cuando se ignora a que distancia queda el piso, tener siempre disponible un plan b y eventualmente un plan c, para no quedar con las manos vacías cuando lo que parecía seguro pueda terminar por fallar.
Cada individuo debe tener una estrategia y si no la tiene va a depender del azar donde a veces se gana y lo frecuentemente se pierde, cada individuo debe tener un plan. Cada paso que da lo tiene que hacer con los ojos puesto en el horizonte; cada vez que se tira al vacío tiene que analiza primero el terreno donde va a caer; cada vez que mueve una pieza, tiene que actuar como un experto jugador de ajedrez y aunque se pierda algunas partidas, actuar, con pericia.
Sobre todo, con paciencia suficiente sabiendo que cuanto más eficiente es cada jugada en ese largo camino a un objetivo importante, mucho más chances se tendrá de cantarle jaque mate a todo lo que se opone a nuestros reales objetivos.