Jueves 13 de agosto, 2020
  • 8 am

En el país de ciegos, el tuerto es rey

César Suárez
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César Suárez

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Por el Dr. César Suárez.
La naturaleza le da a cada uno lo que le toca, cada especie tiene sus virtudes y sus limitaciones y, seguramente, que los seres humanos nos tocó la mejor virtud de todas que ha sido la inteligencia. Sin perjuicio de otras virtudes físicas que permiten una apariencia, el movimiento, la percepción visual, auditiva, sensitiva, gustativa y emocional.
En la mayoría de los rubros tenemos el privilegio de aventajar a las demás especies, pero en otras, algunas especies no llevan ventajas.
No podemos volar como los hacen la mayoría de las aves y los insectos, no podemos respirar debajo del agua como lo hacen los peces y algunas otras especies, no podemos nadar con la solvencia que lo hacen los mismos peces, no podemos correr a la velocidad de un caballo, un tigre, un leopardo o un chita, no podemos resistir el frío que toleran algunos animales, carecemos de la fuerza de un elefante, de un león, de un caballo, de un buey y de tantos otros animales; carecemos de la agilidad que tienen los monos y de la elasticidad que tienen los gatos.
Sin embargo, la naturaleza nos dotó de la inteligencia que nos capacita para lograr a través de sofisticados artilugios, en forma artificial, cada una de las virtudes de las demás especies, por lo que podemos competir con ellas en todos los terrenos y sacar ventajas en base al uso racional del conocimiento y de la habilidad.
Mientras que las demás especies siguen dependiendo por siempre de las virtudes que les dotó la naturaleza, igual ahora que hace miles de años, nosotros, los seres humanos, hemos desarrollado las virtudes de las que carecíamos para sobreponernos a cualquier otra especie.
Nosotros mismos, los seres humanos, nacemos con capacidades diferentes, tanto en lo físico como en lo intelectual y cada uno intenta utilizar eficientemente sus virtudes y compensar lo que le hace falta.
Lo que queda claro es que hoy nadie puede prescindir de la su inteligencia ni de los objetos que la inteligencia crea, para hacer más viable la supervivencia y que si bien hace algunos cientos de años podríamos sobrevivir todos con lo que la naturaleza provee hoy día, la naturaleza no es suficiente para abastecer a seis mil millones de habitantes sobre la tierra. Por eso tenemos que mejorar los cultivos, industrializar los vestidos, crear medios sofisticados de transportes, diversificar y conservar los alimentos y multiplicar ingeniosamente los refugios que sirvan para albergar a tantos miles de millones de seres.
Hay personas que tiene deficiencias naturales o adquiridas que limitan sus capacidades en relación al promedio y frecuentemente tiene que recurrir a prótesis para compensar la deficiencia.
El que oye mal debe usar un audífono, el que pierde los dientes tiene que usar una dentadura postiza o piezas artificiales, el que ve poco usar lentes, el que es rengo un bastón, un paralítico, una silla de ruedas, el pelado, una peluca o un implante y así podríamos seguir.
Cada persona que sufre de tales deficiencias suele sentirse menoscabado y hasta discriminado, porque los demás lamentablemente suelen menoscabar al desvalido, llamándolo, no ya por su nombre sino por sus desventaja física (rengo, tuerto, gordo, petiso, pelado). Sin embargo, la mayoría no cae en la cuenta de que por más completo esté un individuo, física e intelectualmente, suele necesitar de múltiples prótesis para salvarse de las limitaciones naturales que tiene cualquiera y siempre habrá alguien con tantas virtudes y habilidades que hagan sentir al resto como desvalidos, obviamente, dependiendo del contexto social.
En un país de ciegos, el tuerto es rey y ese mismo tuerto es un lisiado en un país donde todos ven con sus dos ojos
Pero, por más dotado de atributos físicos e intelectuales sea cualquiera, nadie puede volar a menos que use una prótesis (un avión, un globo aerostático un ala delta o cualquier otra cosa).
Nadie puede andar a más de treinta seis kilómetros por hora, a menos que use una prótesis, (un caballo, un auto, una bicicleta, una moto o cualquier otro vehículo). Nadie puede hacerse oír o escuchar a una distancia mayor de quinientos metros, a menos que use una prótesis, (un megáfono, una cadena de parlantes, una emisora de radio o televisión, o un intercomunicador artificial).
Nadie puede caer desde una altura mayor de diez metros sin quebrarse algún hueso, a menos que use una prótesis, (un colchón neumático, un paracaídas o un ascensor).
Nadie puede tener un éxito sostenido si no hace prevalecer al inteligencia por encima de cualquier otra virtud, utilizándola con humildad, con solidaridad, con afecto, con responsabilidad, con preparación permanente, con creatividad, con inclusión de toda la sociedad.
Por todo esto, y mucho más, la clave del éxito de cualquier sociedad está en el conocimiento y por consiguiente, en la educación bien planificada y bien conducida.