Jueves 13 de agosto, 2020
  • 8 am

Por un pelito, y por todos los pelos

César Suárez
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César Suárez

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Diario

Por el Dr. César Suárez.
Hay áreas del cuerpo humano que son imprescindibles para mantenerse vivo, sin embargo, hay otras que son complementarias y simplemente forma parte de nuestra apariencia y su ausencia no compromete el equilibrio biológico pero si pueden comprometer el equilibrio emocional.
La cabellera, en nuestra forma de vida actual, cumple más una función de adorno que una función biológica, aunque hay personas, sobre todo en la rama femenina, que prefieren perder un riñón, un pulmón o un ovario antes que perder el pelo que cubre el cuero cabelludo.
La importancia del pelo tiene un valor cultural innegable. Aunque su aspecto y color van variando de acuerdo a lo que marca la moda del momento, su presencia, cubriendo el cuero cabelludo, resulta emocionalmente vital para cualquier mujer.
Para el hombre el cabello no tiene menos importancia, pero terminamos por resignarnos en la medida que lo vamos perdiendo ya que la genética manda y la resignación termina siendo la más inteligente de las actitudes cuando descubrimos que el tema ya no tiene más remedio. Resulta menos ridículo lucir una digna pelada que una ridícula peluca.
De lo que se sabe, normalmente, al cuero cabelludo lo cubren poco más de cien mil pelos y que estos tienen individualmente una vida limitada. Se reconocen tres etapas, una de crecimiento continuo, que se denomina anágeno y que dura entre tres y cinco años. Luego viene una etapa de transición, cuando el pelo comienza a dejar de crecer; se denomina catágeno y dura dos a tres semanas. Posteriormente, viene una etapa de reposo definitivo denominado telógeno. Detiene definitivamente su crecimiento e inexorablemente caerá en los próximos tres a seis meses, por más intentos que se hagan para preservarlo.
Se sabe que el noventa por ciento de los cabellos están en etapa anágena, o sea en crecimiento; un uno por ciento está en etapa de transición (catágeno); y, el resto está en reposo esperando para caer. O sea que alrededor de uno diez mil pelos, normalmente, están condenados a caer a más tardar en seis meses. Da un promedio normal de caída, de unos cincuenta a cien pelos por día.
En el folículo que cae un pelo, siempre nace otro, aunque con el tiempo los bulbos pilosos se van superficializando se van debilitando, afinando y perdiendo vitalidad, llegando en los calvos ser apenas una pelusa imperceptible.
Estadísticamente, en las mujeres el cabello se conserva indemne por más tiempo que en el hombre aunque también se va debilitando en su transcurso. La disminución del volumen del cabello es una preocupación constante y un motivo de consulta permanente.
Ante esta situación, lo primero que hay que discernir es si estamos frente a una enfermedad o ante un acontecimiento fisiológico normal. Si la causa es una enfermedad, hay que identificar cual es y tratar de corregirla, si la causa está vinculada a la evolución natural, se buscará recurso para revitalizar la función capilar.
En el caso de los hombres, que habitualmente la calvicie es de origen genético, es difícil luchar contra la naturaleza aunque se cuenta con algunas herramientas, tales como lociones o comprimidos que es necesario utilizar por el resto de la vida para sostener el pelo en su lugar y en aquellos casos que la calvicie está instalada el auto implante capilar es una buena solución aunque por ser un procedimiento muy laborioso resulta ser muy oneroso.
Normalmente, la velocidad de crecimiento del pelo es variable y depende de factores genéticos. Sobre todo, raciales pero que va desde tres a dieciocho milímetros por mes y la longitud máxima de un cabello depende lo que dure la etapa anágena o de crecimiento, con un máximo de un metro en casos excepcionales, pero habitualmente no más de cincuenta centímetros. Cuando el pelo finaliza su etapa de crecimiento ya no crecerá más y hasta ahí tuvo la oportunidad de adquirir su máxima extensión. Es por esto que el pelo habitualmente no crece más allá de la cintura, porque termina su ciclo y cae para dar lugar al crecimiento de otro pelo.
La caída normal del pelo genera frecuentemente preocupación, sobre todo en las épocas que el promedio aumenta y sobre todo en las personas que tienen el cabello muy largo donde el volumen de pelo que forman los cincuenta a cien cabellos que cae diariamente en promedio acaban por generar una suerte de madeja que termina por asustar.
Pero, así como el pelo en la cabeza de las mujeres es un trofeo innegociable, cuando le abunda en otras partes del cuerpo termina siendo una afrenta que hay ocultar o eliminar.
Cada cosa en su lugar, pelo en pecho para el hombre, y para la mujer, mejor todo en el cuero cabelludo.