Martes 16 de agosto, 2022
  • 8 am

Por la mañana

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Padre Martín Ponce de León.
Casi todas las mañanas, luego de las oraciones y antes de salir rumbo a la parroquia, me detengo en la portería del colegio a ojear los títulos de los periódicos del día.
El joven se acercó a la pequeña ventanita que, de la portería, da al patio.
Mostró al portero que traía puesta la remera reglamentaria.
El portero le tomó el pelo por el hecho de que, por lo menos, el último día de la semana, venía con tal prenda.
Le preguntó, entonces, a qué hora debía ingresar a clase.
Sin duda que la hora de ingreso de la primera hora ya había concluido y la segunda hora ya estaba comenzada.
Muy suelto de cuerpo el chico respondió: "No tengo ni idea. Yo sé que me despierto y sé que debo venir para aquí".
El portero y yo nos reímos de la respuesta del joven.
"Allí tenés un tema para escribir algo", me sugirió.
Yo había quedado impactado por la respuesta de aquel chico, que bien podía reflejar una actitud demasiado frecuente.
Antes de comenzar a escribir sobre aquella respuesta, debo aclarar que no pretendo juzgar al dador de tal respuesta.
Pretendo detenerme en unas palabras que fueron dichas sin que ello implique una forma de sentir o actuar, puesto que no conozco al decidor de tales palabras.
Toda institución posee determinadas normas que son las que ayudan a la integración igualitaria de todos.
Él no tenía idea de las normas de la institución y no había hecho un empeño por conocerlas.
No solamente, parecería, no pretende integrarse a la institución sino que la misma debe integrarse a él.
Todo, parece, comienza con el "me despierto".
No es que llegue tarde o pueda haber faltado a algo. Eso no existía puesto que él estaba durmiendo.
Es, sin duda, una actitud demasiado común en diversos órdenes de la vida.
Son esos muchos seres que actúan como si el mundo comenzase con ellos.
Son esos seres que actúan como si poseyesen el don de la lucidez que ninguno, antes que ellos, supo poseer.
Cada uno de nosotros podemos y debemos ayudar a la realidad a la que nos integramos ya que todos debemos ser conscientes de que todo está inmerso en un proceso de evolución al que podemos llamar crecimiento.
Pero para que ello sea realidad debemos asumir nuestra integración a la realidad.
Soy un convencido que es una manifestación de cortedad (por no decir: necedad) esos seres que actúan como si ellos fuesen los iluminados que hacen que una institución crezca y sea desde ellos.
Nadie es Dios para creer que todo comienza con ellos.
Somos parte necesaria de un proceso de la realidad.
Tenemos un aporte único para brindar.
Pero, no podemos desconocer la historia de la realidad ni estamos por sobre ella.
Si en alguna oportunidad el chico se llega a dormir ese día "no hay liceo".
La institución está por sobre cada una de las diversas parte que lo forman.
Cada una de esas partes son muy importantes pero en cuanto partes de la institución.
Cada uno de nosotros somos importantes en cuanto partes de esa realidad en la que estamos inmersos y que, con nuestro actuar, debemos ayudar a crecer.
Solemos pensar que lo único válido es lo que yo realizo.
Generalmente, jamás realizamos este tipo de afirmación pero… nuestras actitudes dicen que así es.
Generalmente, jamás hacemos público un sentimiento así pero nuestra conducta lo pone en evidencia.
Lo anterior, parecería, existe para ser corregido.
Lo anterior, daría la impresión, tiene sentido en cuanto me brinda la oportunidad de poner de manifiesto mi lucidez.
"No tengo ni idea. Yo sé que me despierto y sé que debo venir para aquí".