Domingo 7 de marzo, 2021
  • 8 am

Tolerancia y diálogo

Pablo Galimberti
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Pablo Galimberti

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Britannia Centre

Mons. Pablo Galimberti.
Las religiones son una realidad social y cultural que nadie puede negar; salvo que se tape los ojos con las manos invisibles de los prejuicios.
Hace pocos días, en un almuerzo, encontré a un joven que conversaba muy animado sobre el Islam, sus creencias y observancias, eso que se conoce como los cuatro pilares: la oración ritual cinco veces al día, el ayuno diurno durante el mes del ramadán, la limosna legal y la peregrinación a la Meca. Yo le preguntaba cómo es posible que con esos principios se pueda llegar a practicar una moral brutal como es el caso de la lapidación de la mujer que comete adulterio. O desfigurarle la cara. O cómo se explica la guerra santa o jihad.
Es obvio que todos podemos formarnos caricaturas de los otros, especialmente de los que están en la vereda de enfrente. La ignorancia siempre ha sido fuente de prejuicios; por lo cual lo más recomendable es tratar de acercarnos.
A veces, en Uruguay no hemos tenido muchas oportunidades de estos debates por causa de un principio de laicidad tan empobrecido que se confundió con un total silencio. Tema tabú. Una vez el canal oficial de televisión presentaba las diferentes maneras de celebrar la fiesta de Pascua en el mundo; al final el periodista expresó que como nuestro país es laico no tenía nada que decir.
Los prejuicios se cultivan sin darnos cuenta desde los primeros años en la propia familia. Algo de esto ocurrió en la mía. Mientras estudiaba en Roma me llegó un día una carta de mi padre diciéndome que en la familia había surgido un gran problema. Suspirando seguí despacito líneas abajo para descubrir de qué se trataba: resultó que mi hermano menor se había ennoviado con una chica anglicana. Eso no encajaba en una familia tradicionalmente católica.
Pero, los caminos de Dios tienen sorpresas. Con el tiempo esa nuera fue la que más acompañó a mi padre en la atención de los pobres de la parroquia, tarea a la que mi padre siempre daba especial lugar.
Al acercamiento y diálogo entre las diferentes comunidades cristianas se le llama ecumenismo (del griego "oikuméne", que significa tierra habitada o lo que reúne a todos los habitantes o interesa a todas las iglesias). Las iglesias cristianas, en medio de sus divisiones, no han olvidado jamás totalmente la oración de Cristo a su Padre: "Que sean todos uno, a fin de que el mundo crea que tú me enviaste" (San Juan, capítulo 17). Sin embargo el movimiento ecuménico no nació hasta el siglo XX. Se suele fijar su fecha de nacimiento en 1910, año en que se tuvo en Edimburgo, bajo la presidencia de John Mott la primera conferencia misionera universal. En el año 1948 se crea el Consejo ecuménico de las iglesias con sede en Ginebra, del cual un uruguayo, el Pastor Emilio Castro, metodista, llegó a ser presidente.
Por mi parte, a tal punto quedé involucrado desde mi familia con el ecumenismo, que en el seno de los obispos de este país ha recaído en mí en varias oportunidades la presidencia de la comisión de ecumenismo que me ha permitido conocer de cerca a obispos y pastores de las iglesias históricas, como es el caso de los anglicanos, luteranos y metodistas como también a pastores bautistas y valdenses, entre otros.
Otra dirección en el diálogo con otras religiones me ha llevado al encuentro con los judíos, siendo co-presidente de la confraternidad judeo-cristiana en nuestro país. Esto fue ocasión de descubrir al judío creyente. Conocí a un estupendo hombre como el Doctor Jacobo Hazán, entusiasta del diálogo y que en una ocasión me dijo que no temiera hablar de Jesucristo, lo cual me dio tranquilidad, pues yo pensaba que podía herir la susceptibilidad de los judíos. Reconozco que no siempre es fácil este diálogo, especialmente cuando se mezclan temas políticos del momento. Pero, logramos en algunas ocasiones tener encuentros de oración, por ejemplo con los Salmos, esas hermosas oraciones de la piedad judía que siguen nutriendo nuestro corazón creyente. Aunque los cristianos al rezarlos lo hacemos desde la clave de lectura que nos ofrece Jesucristo, en quien creemos que se cumplen plenamente las promesas hechas a Abraham.
Como parte viva de una cultura, la religión es también espacio de intercambio.