Domingo 7 de marzo, 2021
  • 8 am

Padres de adolescentes

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

150 opiniones

Psic. Gisela Caram.
Especialista en
Psicoanálisis Vincular.
Hoy intentaré abordar los límites y los afectos que, como padres de adolescentes, nos permitan, pensar y actuar.
Nos preocupan la falta de comunicación, el consumo de diferentes sustancias, la violencia, la falta de interés, sumado a la despreocupación aparente, por el futuro…
Creo que hoy lo observamos en forma más explícita. Por ejemplo, la violencia, sale a la luz, en los medios de comunicación, sin censura, sin vergüenza, se filma en celulares, luego se publica en internet. Esta es una realidad, en todo el mundo, con diferentes matices. Está presente desde la infancia y la vemos en las escuelas.
Es más fácil culpar a la televisión… a los otros… a los hijos de los otros… a los padres de los otros… los amigos y las barritas.
Puede ser, que sea todo eso, pero siempre hay mucho más. Mucho más para pensar y analizar. No podemos quedarnos solo con supuestos. Como si todos los seres humanos actuáramos con conductas idénticas. Como si las formas de relacionamiento entre las personas, dieran siempre los mismos resultados y cada persona se vincula diferente.
Pensemos en los adolescentes, a veces son de una forma con sus padres y con los amigos de los padres/ tíos, funcionan diferente. Así son los vínculos, entre unos y otros. Y está bien, es así. No podemos esperar que todo sea igual.
Cuando un adolescente prende la luz roja, hay que atender. El adolescente transita una crisis evolutiva, donde camina por una cornisa y si los padres no atendemos quizás los dejamos en un desamparo de mucho riesgo. Es una especie de desprotección que el chico percibe. Si prende una luz, algo pasa, no está listo, es una forma de pedir ayuda, atención.
En la adolescencia se juegan un montón de cartas, que marcan muchas veces el futuro de los chicos. Adolescencia es adolecer, crecer.
A partir de esta etapa se construye lo que será su vida.
La elección vocacional, laboral, su vida de relación, sus afectos.
Qué quieren hacer? Los adolescentes viven el hoy. Por eso cada vez a muchos les cuesta visualizar el futuro lejos de la casa de sus padres. Que los padres estén cerca, les significa el apoyo del que reniegan pero necesitan.
Cada vez más, los márgenes de esta etapa se extienden. La pregunta es, ¿hasta cuándo se es adolescente? Hay muchos criterios. Antes se medía por la edad, de 14 a 19 se era adolescente y después había que crecer o crecer…
Hoy los cambios sociales y culturales han flexibilizado los márgenes.
Algunos creen que mientras se dependa económicamente de los padres.
Otros, dicen que mientras se viva con los padres.
Hay quienes viven con sus padres y son independientes económicamente. Viven con sus padres por una suerte de comodidad o porque prefieren ahorrarse un alquiler o porque si se van a vivir solos con sus parejas les significa un compromiso y no están listos.
Existe el criterio que la adolescencia se extiende mientras se tenga a los padres vivos y, este criterio, es interesante. Mientras uno tiene a sus padres sigue adoleciendo, creciendo, se les consulta, se les pide ayuda. Se sigue confrontando porque es común que aunque los hijos tengan más de 30 años, tengan su familia y sus hijos, se dan discusiones con sus padres. Generalmente por las diferencias, en lo que piensan o en quién tiene la razón o la verdad.
¿Cuándo se deja de ser adolescente? Eso lo puede pensar cada uno de acuerdo a cómo se sienta. Nadie le puede poner etiquetas. Cada persona debe ser criteriosa consigo mismo.
Se crece toda la vida. Se avanza, se madura siempre. Siempre hay aspectos de la personalidad para mejorar, para cambiar, para seguir pensando, puliendo. Siempre que uno quiera, que sea crítico con uno mismo, que acepte la palabra de otro, ¿qué me devuelve la mirada de otro de mi? Porque yo solo/a puedo creer que está todo bien, pero, en el intercambio con otros es cuando se ven los puntos ciegos, los que solo/sola, no puedo ver. Una cosa es ser adolescente, otra ser adulto y comportarse como un adolescente. Interesante punto para pensar.
¿Qué pasa cuando los hijos tienen entre 15 y 20 años y los padres pasan por una edad crítica también? Entre los 35 y 50 años los padres transitan por cambios y crisis evolutivas.
¿Qué las madres y los padres también se vistan como los hijos hace a la confusión en los adolescentes? Creo que no, les puede molestar, lo pueden criticar, o sacar provecho (usan la ropa de los padres). Lo que hace a la diferencia es el comportamiento, el relacionamiento y la actitud de los padres. Manejarse con la jerga de los hijos para dialogar con ellos o salir a bailar con ellos o tener charlas con los hijos como las tengo con amigos, a veces, lleva a la no diferenciación generacional.
Puede tener mucha confianza y que él me cuente, con suerte, algo que le pasa, que duda… pero no puedo hablar de mi sexualidad con mi hijo. No en detalles. Puedo aclararle todo lo que quiera saber sobre sexo pero no contarle detalles personales. ¿Le aportaré algo? Puedo ser un referente.
¿Qué puede aportarle un padre a un hijo cuando le cuenta con cuántas mujeres estuvo? ¿Alimentar el machismo? ¿Acaso lo convierte en hombre?
La seguridad como hombre/mujer se la dará la confianza que yo le pueda trasmitir que tenga consigo mismo. El hijo/a espera un padre adulto, saber que hay asimetría en ese vínculo. Que uno sabe más que el otro. Que uno tolera más que el otro. Aunque el hijo se pase demostrando que ya lo sabe todo, porque siente que ya es grande. Esa es una fachada con la que necesita protegerse.
El peso de lo que el padre espera del hijo, o el deseo de que el hijo sea como el padre, o que realice con su vida, lo que el padre no logró, es una carga pesada que aunque no se explicite, está en el aire.
Cuando el hijo no puede con las expectativas de sus padres, puede frustrarse mucho y no poder desarrollar su potencial. Buscará afirmarse en quién es él, o puede vivir en constante guerra interior y a veces en guerra con los demás, por cumplir con los mandatos parentales. Lo saludable es que luche para ser lo que él quiera y pueda ser.
Cuándo el deseo de los padres se impone, en lo que deben ser, emerge el conflicto, lo violento. Confrontar con un hijo no es imponerle. Confrontar es explicitar, escuchar los distintos puntos de vista y aceptar y respetar las diferencias.
Quizás es la base, ese aprender a confrontar, sin pelear, el que cuando salgan al afuera puedan hacerlo con otros. Si con los padres se vuelve violento, en la calle lo repetirán.
Esta es muchas veces una causa de violencia, que se origina en base a frustraciones internas de los chicos.
A veces, el único lugar de expresión es con los pares, en barras, con otras barras, fuera de los bailes, liceos, etc.
Hay modos de funcionamiento, que se expresan fuera del hogar, y no se trata de que en una casa haya violencia doméstica, no necesariamente. Más allá de lo físico. Se trata de la violencia no hablada, sino actuada.
Quizás es difícil asumirlo, pero una forma de violencia es el abandono. Abandonar, no es solamente el irse de una casa. Es desentenderse de los hijos. Esto puede pasar estando los padres juntos o separados. Abandonar por algún problema de los padres, o porque piensan que el hijo ya creció y no necesita nada.
Se puede abandonar estando los padres juntos, uno lleva la casa adelante y el otro está, pero no está. Puede ser el que sale afuera, trabaja todo el día, y cuando regresa no quiere saber de nada, está cansado/a, claro, el que quedó adentro de la casa debe estar "descansado", solamente, hizo todo lo de adentro…, casi que escasea este modelo de familia. Pero, también sucede que ambos trabajen, y la responsabilidad de los hijos la lleve uno de los dos. Uno se involucre en todo, y el otro delegue.
Otro modelo es la familia monoparental, donde los hijos quedan con uno de los padres y el otro se desentiende. Con la pensión alimenticia "ya está". ¿Esto, no es un abandono? Se suma el adolescente que se pelea con uno de los padres y se va a la casa del otro, que lo recibe, como si nada. Lo que recoge un adolescente en estos casos es más confusión. Es guerra continúa y silenciosa de padres, que no se pueden poner de acuerdo "como padres".
Hay familias monoparentales donde vemos como la relación padre/madre con los hijos, al estar con ellos, a veces se enriquece el tiempo de "estar juntos", es un tiempo valioso.
Es violencia el dejarlos hacer lo que quieran, para no tener problemas.
El vivir bajo un mismo techo y no compartir las pautas de crianza de los hijos. Cuando un padre dice si y el otro dice no.
Cuando uno de los adultos referentes se enoja y pasa días sin hablarle, el silencio, el no diálogo, genera ira que luego es despachada en algún lado.
Es solo una punta del ovillo para pensar, qué les pasa a los adolescentes, por qué reaccionan cómo reaccionan.
No intento justificar la violencia, ni culpabilizar a la familia.
Esta es una mirada en muchas, para pensar una de las aristas que tiene esta situación. Hay muchas más.
No hay escuela de padres, ni padres perfectos, todos hacemos lo mejor que podemos, pero en esta etapa de los hijos, la adolescencia, es cuando se presenta la oportunidad de cuidar y no dejar… no dejar que lo que es una crisis se transforme en un problema.