Domingo 7 de marzo, 2021
  • 8 am

Del amor y sus crisis

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Inmaculada Concepción

Ps. Gisela Caram (*).
En artículos anteriores, hablamos del amor y la vida de a dos.
Hoy quiero compartir lo que pasa, cuando el amor es cuestionado por uno de los miembros de la pareja.
Es frecuente que los sentimientos después de estar durante muchos años con la misma persona, sean re-pensados.
Hay quien nunca se cuestiona mucho, otros que por ahí transitan una etapa de crisis y surgen situaciones que pueden mover el piso, por ejemplo una pareja de amigos que se separa, o simplemente mirar una película con esa temática. Cuando el piso se mueve, no estaba muy firme…
En las diferentes etapas de la vida, como hablamos la vez anterior, se transitan diferentes crisis que son parte de la vida. Así como en la adolescencia, se producen cambios fundamentales, también hay crisis a los 30, los 40, los 50 años, 60 años, y más allá de las crisis evolutivas, el ser humano transita crisis por diferentes situaciones de su vida.
Cuando se comparten años en pareja, lógicamente, si uno atraviesa una, el que está al lado, también siente los coletazos que vive el otro.
Hay personas que piensan y hablan, comparten su sentir. Otros tienen tendencia a actuar. Es decir, a guardarse sus inquietudes y malestares.
Cuando se expresa lo que pasa, está en la pareja el saber escuchar, entender, contener. Y en el que está mal, en saber aprovechar el sentirse sostenido.
Cuando no se habla, de alguna manera, la situación escapa muchas veces de las manos. Uno se siente mal, se traga la angustia. El otro no sabe qué pasa. El clima se corta con cuchillo y los "actings" quedan a la orden….
Acting de actuar. Actuar, es hacer sin pensar. Sin proceso. Quien puede pensar y expresar, se mueve con un proceso de pensamiento elaborado, quien no, funciona en forma más primitiva. Como siempre, afirmo, ni bien ni mal. Cada uno hace lo que puede. Lo que le sale.
Estar malhumorado, enojado, insatisfecho y no decir por qué, o no saber por qué, y quien está al lado tenga que adivinar o suponer qué me pasa, es ACTUAR.
Muchas veces, el pensar la vida para atrás, el no estar conforme con lo que se es, o lo que se ha hecho, genera en las personas un estar mal.
El que está al lado tiene derecho a saber qué me pasa.
Acá pueden surgir ideas y pensamientos que pueden tener una buena canalización, es decir, desembocar en algo productivo, o en algo destructivo.
De ahí que sería bueno estar preparado para pensar bien y no actuar. El actuar siempre deja algún lesionado. A veces las crisis individuales son puestas en la pareja.
Creo que las crisis se manifiestan diferentes en mujeres y hombres. Somos diferentes. Predominan diferentes hormonas en unos y otros. Nuestros cerebros piensan diferente y la cultura también hace lo suyo.
Cuando se transitan crisis, a veces, es más fácil echarle la culpa al de al lado. Si no hice esto o aquello, si me fue mal, si no pude….todo sirve como excusa para no hacerme responsable de lo que YO, Y SOLO YO, NO LOGRÉ.
Todo sirve para no asumir lo mío, y justificar lo que sea para quitarme culpa.
Se empiezan a buscar argumentos viejos para justificar el malestar. La queja por todo y cada pequeña cosa es suficiente para decir "no va más".
El vínculo entra en crisis cuando aparecen situaciones de descuido. Y esto tiene muchos matices. Quién descuida? El que desatiende o el que se queja?
Para algunos el descuido pasa por sentirse en segundo plano, EXCLUÍDO. El segundo plano se puede sentir por el exceso de trabajo, las demandas de los hijos, de los padres, etc. Puede sentirse por cualquier situación, donde la pareja se sienta no incluida. No tenida en cuenta. La alianza es débil o se ve, fácilmente debilitada por terceros.
Hay diversas situaciones que dan cuenta que la alianza no es fuerte. La desconfianza, el no compañerismo, la falta de diálogo…. éstas son algunas de las causas de dudas en relación a con quién en algún momento se eligió para compartir toda la vida.
Hay pilares que sostienen una pareja, y hay pequeños hechos que los pueden destruir. Cuando las parejas se rompen, hay quienes mantienen la convivencia, otros se separan.
Relaciones afectivas que se terminan y personas que en poco tiempo están armando una nueva relación.
Algunos lo hacen en seguida, a otros les lleva más tiempo.
El que mira de afuera piensa que es muy rápido, pero muchas veces, todo deviene de un gran desgaste o porque es imposible tolerar la soledad.
Lo terrible es que el desgaste o los miedos de estar solo/a, no sean hablados, no sean procesados de a dos.
Hay parejas que nunca se pueden separar. Viven en diferentes casas, tienen otras parejas, pero el enganche con la anterior, perdura.
Muchas veces el vínculo perdura porque hay hijos en el medio. Otras tantas porque hay fuertes lazos de afecto.
La sexualidad puede ser un enganche, aunque ya no se esté conviviendo y no se sienta más aquel amor. Eso que llaman "química", "piel" y que pasa por el orden del deseo, se mantiene. Mucha gente se separa porque no puede convivir.
¿Es posible separarse bien? Sin dolor? Sin enojo?
Es difícil. Casi diría que yo no conocí una pareja que no sintiera emoción alguna. Sobre todo cuando hay hijos en el medio. Quizás porque se hicieron otros proyectos. Quizás porque hay que mantener el vínculo como padres, y seguir viéndose y hablando, y el corte es más difícil.
Cuando el o los enganches son eternos, se vuelve más doloroso. Porque quizás, la nueva relación que puedan tener con otros, va a estar teñida de lo anterior.
CERRAR el vínculo. Esto es poder ver lo bueno y lo malo del otro. Cerrar ese círculo. Esto es un proceso. Cuando se hace, se estaría en condiciones de definir y comenzar algo nuevo. Lo NUEVO, que debería tener su propia impronta. Abriendo la vida a lo diferente, a no repetir la misma historia, y para esto, hay que pensar y elaborar lo pasado.
(*) Miembro de A.U.P.C.V.
Especialista en Psicoanálisis Vincular