Domingo 7 de marzo, 2021
  • 8 am

Madres e hijas

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

150 opiniones

Ps. Gisela Caram.
Ser madre puede ser una elección, un mandato, una opción, un privilegio.
Cuando una mujer transita por el estado de gravidez, los cambios físicos, hormonales, emocionales, van preparando durante nueve meses los cambios en la vida de la mujer y la familia. Además de preparar el espacio físico para el hijo, también hay que hacer un nuevo lugar en la cabeza, en la vida. Esto es, un lugar para un otro, que también deberá hacerse un lugar, a medida que vaya creciendo y construyendo su propia personalidad.
El nacimiento de un hijo/hija, significa un cambio en la mujer. Un cambio en la pareja. Sin lugar a dudas, los cambios también son de muchas índoles. Cambia la vida cotidiana, afectiva, sexual de la pareja.
El vínculo de la pareja se modifica en este período, y es un tema que abordaremos en otra oportunidad.
Si bien los vínculos son muy diferentes con los hijos varones y con las hijas mujeres, hoy voy a expresar algunas observaciones en el vínculo, MADRE-HIJA.
El nacimiento de una hija mueve en la madre, diferentes emociones y sentimientos. Muchas veces, en relación a cómo fue la relación con su propia madre, y de eso dependerá lo que pueda y quiera repetir o no en ese vínculo.
Si bien desde el nacimiento la mamá es todo en la vida del niño, hacia los 3, 4 años, durante la primera infancia, las niñas, viven un momento de mayor fascinación con el papá o algún referente masculino. La niña se identifica con su mamá, quiere ser como ella y compite con la madre por ese lugar. La mamá, de ser un ideal pasa a ser competencia.
Más adelante, en la adolescencia, puede ser como una amiga, confiar en la madre, hasta pasar a ser una "enemiga", que no la deja hacer lo que quiere, que la marca y controla. Esto es parte del crecer de la mujer, donde la hija, va encontrando otros modelos, otras confianzas, en pares o en sustitutas de su madre. Digo que es un momento fundamental en la vida de la mujer, porque aquí el proceso tiene que ser de descubrir que no es igual a su madre, que en su adentro, su mamá, no es la ideal, perfecta. Que por momentos, esos sentimientos desencontrados, no son malos.
Y la madre, debería tolerar esta crisis de su hija. Si la quiere hacer un producto igual a ella, será conflictivo.
Aceptar las diferencias entre una y otra, sin sentir que esto, las divide, sino que las encuentra de otra manera. Aceptar la madre que la hija es como es. Y aceptar la hija que la madre también es como es. Y cada una da, lo que puede.
Las madres y sus hijas mujeres, atraviesan muchos sentimientos y emociones a lo largo de la vida. El vínculo va cambiando, y lo mejor sería que fuera evolucionando. Que no fuera siempre el mismo.
No se puede esperar que las niñas al llegar a la adolescencia, tengan el mismo trato ni la misma mirada hacia su madre. La idealización en la infancia, es esperable si la relación con la madre es buena, pero en la adolescencia, hay matices.
La vida va cambiando y transformando el vínculo madre-hija. Las hijas mujeres tienen que hacer muchos movimientos para crecer y desarrollarse sanamente.
Quizás muchas mujeres se digan "a mí esto no me pasa", y bien, puede que no. Pero, en la generalidad, el proceso de identificación con la madre cuando se es niña atraviesa cambios que por ahí, pueden no ser conflictivos, dependiendo de la madurez de la madre y del proceso que la hija haga de lo que sería la MADRE IDEAL a la MADRE REAL.
Los conflictos de las hijas, muchas veces son los que acarrean sus madres.
La sociedad y nuestra cultura nos dice cómo tenemos que ser madres, y cuando ese mandato no es lo mismo que se lleva adentro, los conflictos son graves. Así, una madre que no quiera vivir con sus hijos, o los abandone o simplemente se quiera tomar unas vacaciones sin sus hijos, va a ser juzgada y condenada. También si hace cosas forzadas, como estar sin ganas, destrata a sus hijos por la frustración que esto le implica.
Sucede que cuando las hijas mujeres llegan a la adolescencia enfrentan muchas veces a sus madres con situaciones no elaboradas de sus propias vidas. Hijas que quieren vivir y madres que no pudieron hacerlo y se paran en lugares autoritarios, sin pensar que castigan como ellas fueron castigadas.
También podemos tener la contrapartida, madres que como no tuvieron libertad, dejan hacer "todo lo que quieran" a sus hijas, sin poner límites.
Los extremos no son la mejor respuesta. Las hijas tienen otra historia.
La respuesta sería pensar ¿"qué me pide mi hija? ¿Qué necesita? ¿Qué puede ser lo mejor para ella?". Quizás pudiendo separar lo que es mejor para mí, de lo que me hubiera gustado como hija, de lo que es mejor para ella….
Pedirle a la hija que piense por qué su mamá es como es….es difícil en la adolescencia… en la ADOLESCENCIA.
Las hijas mujeres ven más clara la relación con sus madres, cuando pasan a ser madres.
Es otra etapa, otro lugar. Construir el lugar de madre, inaugurar un lugar diferente, tomando lo bueno que pueda haber dejado la madre propia y permitiéndose pensar en la hija, como una persona diferente, es parte del crecimiento sano que se le pueda dar a un hijo.
Las hijas mujeres no tienen que ser iguales a sus madres, pueden tomar lo que ellas quieran y dejar también lo que no les guste. No se les puede imponer toda la vida la voluntad. Porque cada uno tiene su propia vida. Ver la madre tal cual es y no pasarse la vida forzando la madre que nos hubiese gustado, esto es aceptar la madre real.