Jueves 22 de octubre, 2020
  • 8 am

Las apariencias… lo que no se ve de la autoestima

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram (*).
Muchas veces, observamos personas con actitudes de altivez o soberbia y creemos estar frente a personas con alta autoestima. No es así. Las actitudes de soberbia y arrogancia encubren siempre una personalidad con un gran sentimiento de inferioridad inconsciente, y usan esta forma de ser como defensa frente a este sentimiento.
De la misma forma, cuando la autoestima está disminuida, lo que muchas veces muestran las personas, como pantalla defensiva, es una actitud de sobrevaloración y desprecio por los demás.
Hago esta introducción porque me parece que es contradictorio lo que uno puede ver en los otros y cómo realmente se puede sentir esa persona.
¿Qué pregunta me hago para saber cómo está mi autoestima? ¿Cómo soy?, ¿Cuánto valgo? ¿Qué quiero para mi? "Es importante ser, lo que los demás quieren que yo sea? ¿Soy inteligente?, "Tengo belleza?, "Soy bueno?
Quizás muchas respuestas a estas preguntas tengan mayor o menor significancia en una u otra etapa de la vida.
Cuando se es niño es importante saber que tus padres te ven "bueno", que tenés buenas notas en la escuela, que vas a ser lo que ellos desean cuando seas grande…. Los niños están muy pendientes de las miradas parentales y sociales, porque además de estar aprendiendo, dependen de los adultos.
En la adolescencia, ya no importa tanto la mirada de tus padres, te importa más la de tus amigos, el ser aceptado, querido, pertenecer a un determinado grupo de personas, ser reconocido por los pares, y esto es lo esperable porque se está en un momento que hay que afirmar la identidad.
En la adultez, debería ser otro el esquema. Quizás el saber quién soy, valorarme, quererme, cuidarme y sentirme bien conmigo mismo a partir de lo que sé que soy y puedo hacer por los demás. Importo yo, pero también importan mis vínculos y compromisos con los otros.
No siempre funciona así. Porque muchas veces, mi vida va dando vueltas, van pasando cosas que llevan a dejar marcas en mi psiquismo y a modificar mi estima.
Pesa la exigencia, la que nos construyeron en la infancia y la que fue instalándose en nosotros. Me pueden haber exigido mucho, pero en la adultez, ya no debería pesar tanto lo que esperan de mi. No me mato por alcanzar los ideales de otros, sino que tengo mis propios ideales, sé cuánto puedo y mi vida no es una carrera permanente por complacer a otros.
La autoestima va comprometiendo al sujeto hasta enfermarlo, cuando:
1) La admiración externa pasa a ser un objetivo vital para mí. El único interés soy yo.
2) El preguntarme permanentemente "cuánto valgo". La preocupación excesiva por mi valor.
3) Ver con desprecio todo lo que hago.
4) El temer dar pasos por el miedo a perder el amor del otro. Ese vivir amenazado uno mismo porque si hago tal o cual cosa, me abandonan.
5) Todo lo que hago está mal. Es decir, tener una mirada negativa de todo mi hacer.
6) Ir encerrándome en mi mismo por vergüenza, temor, etc.
7) Como siento que no puedo, recurro a "sustancias" para animarme. El alcohol por ejemplo, es un desinhibidor de conductas, lleva a hacer y decir cosas, que algunas personas no pueden sin él. Pero también provocan dependencia y mucha inestabilidad emocional, lo cual termina complicándome más.
8) El aislamiento, la soledad
9) El no saber cómo transitar pérdidas, separaciones, los duelos en general, llevando al repliegue del sujeto y a la depresión.
10) Los problemas económicos. El desempleo.
11) Tener cosas valiosas, como por ejemplo, un auto que no puedo mantener, para sentirme poderoso.
¿Cómo prevenir? ¿Cómo cuidarse?
Es difícil darse cuenta, ser lo suficientemente crítico para reconocer "cómo soy".
Lo más cercano es que otro me lo diga, pero cuando otro me lo marca, generalmente me enojo. Y si me enojo… podría ser que me hayan dicho algo que no me gustó, algo que me angustió…aunque desde un lugar defensivo uno pueda decir: "yo me conozco bien, no preciso que nadie me diga nada".
Estar abierto lo suficientemente como para aceptar lo que me dicen, habla también de la seguridad en mí mismo. El tener una mirada crítica de mi mismo, y aceptar la de los demás, aunque no la comparta, da cuenta de cómo puedo manejar mi autoestima desde muchos aspectos y no solo por uno.
Por ejemplo, quien creció entre personas que solo lo valoraban y admiraban por su belleza, puede que no desarrolle otros aspectos de su personalidad. Y el valor "belleza", puede que sea el único motivo de sentirse bien y, cuando no se sienta así, se deprima.
Lo mismo cuando esperan seas profesional y elegiste un oficio, como si tal título, te diera mayor o menor valor.
Reconocer la persona solo por un aspecto, deja afuera la integridad que conforma un ser humano. Se puede tener el prestigioso título y ser un ser humano pobre afectivamente, desleal, deshonesto, mal padre, mal amigo, etc.
¿Pudiste pensar cómo sos?, ¿cuánto te querés?, ¿por qué te quieren y qué te merecés?
Quizás el empezar a pensarte en relación a los otros, a tus vínculos afectivos, a lo que vos querés y podés, a conectarte con vos mismo, sea el primer paso para consolidar tu autoestima, sin vergüenza, permitiéndote expresar dudas, silencios, soledades, aceptando los fracasos y las decepciones, dándote tiempo para afirmarte y motivarte en hacer cosas nuevas y encontrarte con lo que buscás.
*Miembro de Asociación Uruguaya de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. *Especialista en Psicoanálisis Vincular.