Jueves 22 de octubre, 2020
  • 8 am

Los hermanos

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram (*).
La relación entre hermanos, pasa por diferentes momentos a lo largo de la vida. Los celos y competencia, tiempos de alianza, que es cuando se entienden y están más compinches y una tercera que es la de diferenciación, donde cada uno toma su propio camino, se diferencia del otro, hasta a veces, parecer hijos de diferentes padres.
Si bien las dos primeras etapas de celos y alianza fluctúan en los primeros años de la vida, la tercera etapa es más clara después de la adolescencia. Ahí las personalidades se diferencian, claramente. Aquella complicidad de la infancia va dando lugar a cierta distancia. Aunque muchas veces, la alianza y complicidad perdura.
El haber tenido hermanos da la ventaja de saber compartir, de lo que es la complicidad, de las peleas y las reconciliaciones. Y esto funciona mejor cuantos más hermanos se tuvo.
Hay mucho para hablar de los hermanos, de los medios hermanos y de los hermanastros, y muchos sentimientos que se generan en cada tipo de vínculo. Pero, sin duda, entre los hermanos que crecen juntos, con los mismos padres o uno de sus dos padres, se desarrollan a lo largo de la vida una serie de sentimientos que dan identidad a lo que significa fraternidad.
Hay muchas maneras de abordar el vínculo fraterno, voy a desarrollar algunas ideas en relación al LUGAR que pasa a ocupar cada hijo en la familia. El lugar en relación al ROL y la IDENTIDAD.
El ser el primero, segundo, tercero o cuarto, da a cada hijo, un lugar diferente. Muchas veces se habla del "complicado" lugar del hijo del medio, creo que va más allá del medio, lo que puede complicar es QUÉ lugar se le da a ese hijo. La historia de ese hijo desde que fue engendrado, la expectativa que tuvieron los padres, la historia de ese niño. Muchas veces se espera un niño y viene una niña, o no se espera nada y viene… en fin, cada familia tiene su propia historia y cada hijo ocupa un lugar, a veces, cuando no es siquiera planificado, tiene que hacer "mucho ruido" para hacerse oír. Son esos niños que siempre llaman la atención, de una u otra forma.
El primer hijo, es el primero, si fue deseado, esperado. Es el hijo exigido, es el que paga derecho de piso, los padres inauguran sus funciones materna y paterna con él y también experimentan por ensayo y error.
El segundo hijo, si la planificación era tener dos, la mayoría de los padres si ya tenía un varón, quiere una niña, y si tenía niña, espera un varón, así que, cuando viene un segundo hijo del mismo sexo que el anterior… la disimulada decepción… en fin, la vieja frase, "lo importante es que sea sanito", si, sanitos nacen la mayoría de los niños, pero cuando el deseo de algo particular de ese hijo, agrada o disgusta y el niño percibe y expresa.
El tercer hijo… mejor que sea lo que los padres esperaban… porque sin lugar a dudas, es al que le toca los padres más experimentados. Todo lo que pasó el primero, mejoró con el segundo, y al tercero los toma con más precauciones. Tiene dos hermanos mayores de quien aprende, los padres sienten más confianza en ellos como padres y es sin lugar a dudas un niño más seguro, hay muchas personas que lo protegen.
¿Y si llega un cuarto? Bue, si se lo espera, todo bien, pero actualmente las familias tipo no sobrepasan los dos hijos. El cuarto hijo… todo un desafío. He conocido muchas familias que tuvieron 3 varones o 3 niñas y en la búsqueda del varón o la niña que faltaba, siguen buscando. Así es como llega el cuarto, que más vale sea lo que se esperaba…
Más allá de si es el primero, segundo, tercero, cuarto o quinto, lo importante es darle el lugar a cada hijo, y cuando hablo de lugar, me refiero a ese espacio especial que necesita cada uno con su madre y su padre. Que cada uno sepa y sienta que es querido, aceptado y diferente del otro.
Hay hijos que vienen con una diferencia de años importante con sus hermanos, y son como hijos únicos.
LOS HIJOS ÚNICOS: si lo que a Ud. Se le ocurre como primera descripción es decir que son egoístas, es verdad, lo son. Como también lo son, quienes no son hijos únicos. El hijo que tuvo un lugar privilegiado y único y fue el centro de la atención de sus padres, además de crecer con la responsabilidad de ser un hijo ideal, perfecto e infalible, ha tenido siempre un lugar especial, y necesita ese lugar siempre. Le es muy difícil no ser exclusivo, no ocupar el cien por ciento del pensamiento y la atención de las demás personas. No le gusta perder. Es exigente con los demás, como lo han sido sus padres con él. Parece fuerte, pero la sobreprotección que ha vivido, no le permite más que la apariencia de fortaleza, y busca esa fachada o quienes le permitan sostener esa mirada de si mismos. Es más complejo el vínculo de pareja en los hijos únicos, pues eso que se aprende cuando se tiene hermanos, a negociar, a dialogar y disentir no existió en la vida cotidiana del hijo único.
Muchas veces los padres ven en sus hijos una parte de sí mismos. Si el padre fue el hijo del medio, quizás se vea reflejado en su hijo del medio. Quizás una madre que sintió que su madre protegía a un hermano varón, tienda a proteger su hija, porque se vea reflejada en ella. Invito a reflexionar sobre cada familia. El lugar de cada uno como hijo en su familia de origen y el lugar que cada uno les da a sus hijos. Los niños no nacen con conflictos ni traumas, se arman en el desarrollo de sus vidas, y la salud mental depende del ambiente en que crecen, y eso, depende del estar claros los padres y no sostener esa expectativa sobre cómo tiene que ser su hijo, o lo que tiene que hacer, esa influencia es la que deja marcas y no permite el desarrollo del deseo propio.
*Miembro de Aupcv. *Especialista en Psicoanálisis Vincular.