Jueves 22 de octubre, 2020
  • 8 am

El amor de la adolescencia

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram (*).
El amor en la adolescencia, es a veces visto por los padres como una alegría, o una preocupación, otras con miedo, algunos minimizan esa relación o no le dan importancia a lo que significa para los adolescentes, "esa relación".
Enamorarse en la adolescencia es un proceso que no todos los jóvenes se animan, o también se podría decir que hay muchos que no pueden…
La adolescencia implica cambios, y también el despertar del deseo sexual. La relación amorosa en la adolescencia, tiene mucho que ver con el amor cuando niños hacia los padres, solo que algunos adolescentes transitan este momento de diferentes formas.
El paso fundamental que deben lograr en esta etapa, es desprenderse de los padres, que como siempre digo, no implica irse a vivir solos, ni volverse desapegados. Es hacer el duelo del ser niños, de soltarse en sus ideas, no tener ese temor a confrontar, es poder coincidir o no, es proyectarse al futuro con autonomía, eso es crecer.
El amar a otro, es un riesgo al que no todos los adolescentes se animan. Cuando sí les pasa, comienza a haber una serie de cambios en sus conductas, pasan más tiempo fuera de la casa, solos, retraídos, hasta los grupos de amigos son dejados de lado en principio. Se embarcan en un encuentro con el otro, deseado, excitante y cargado de ilusiones y fantasías. Cuando esta relación se mantiene en el tiempo, a veces crece, pero también les hace sufrir y también termina.
La mayoría de los amores de la adolescencia, duran lo que dura el enamoramiento, (etapa corta y de idealización del otro), el pasar al amor verdadero es un trámite más complejo y supone hacer un proceso de aceptación de diferencias, un reconocimiento del otro tal cual es.
Algunos amores adolescentes, transitan juntos el camino de MADURACION del VINCULO, esto es, de las fantasías, la espera del tiempo del otro sobre todo en la iniciación de la sexualidad, donde muchas veces, cuando no hay un margen de conocimiento entre uno y otro, se vuelve un acto frío, dejando marcas a veces no muy felices.
Hay relaciones que se inician en la adolescencia y duran toda la vida. ( Y cada vez más presenciamos, relaciones de la adolescencia que terminaron, se casaron e hicieron sus vidas con otros, se separaron y después de un montón de años, se volvieron a encontrar.
No es casual que muchas veces, cuando la gente se separa llame a sus ex de la adolescencia. Si es por la seguridad que se sintió en otra etapa de la vida, o porque aquella pareja guarda la pureza del primer amor, o porque algo quedó sin cerrar…seguramente hay muchas razones o deseos inconscientes que mueven al reencuentro.)
Los adolescentes que no pueden enamorarse, toman varios caminos también, desde un lugar más sano, pueden refugiarse en las barras de amigos, donde con sus pares, van haciendo el trámite del despegue.
Otros, lo hacen de forma más patológica, entonces se refugian en un enamoramiento y una relación de pareja donde se repite el amor infantil, son esas parejas que viven todo el día pegados, se celan, se asfixian, pelean, gritan y patalean, se prohíben cosas uno al otro, como ellos con sus padres cuando eran niños.
Otra forma de tramitar patológicamente el amor de la adolescencia es a través de los famosos "touch and go", cada fin de semana una/uno diferente. La sexualidad promiscua, es nada más que un actuar la sexualidad. No hay compromiso, no hay despliegue de ese tiempo saludable de la construcción de un vínculo, donde se construya el deseo, la piel, la química.
También tenemos la transición a través de las adicciones. No solamente de las drogas, sino también lo vemos en los trastornos de la alimentación, anorexia y bulimia, en la anorexia adicción al hambre y en la bulimia adicción a los vómitos.
Estas formas que he descripto en forma resumida, son parte de las dificultades de la adolescencia para tramitar su crecer en las relaciones de pareja y que dan cuenta del difícil camino que tienen que tramitar para avanzar hacia el amor.
Está en los padres acompañar, aceptar y promover la transición adolescente. Propiciar espacios a los hijos para hablar, confrontar y marcar con límites claros las reglas de cada familia. No se puede educar con las reglas de otras familias, si a los hijos de los otros se le permite determinadas cosas, poder sostener las propias normas. Quizás los otros permiten porque les es más fácil, o porque tienen sus razones. No hay que marearse con lo que parece ser. Los adolescentes sienten esa seguridad que los lleva a crecer, en los límites de los padres, que son fundamentales para el desarrollo sano. Así como también el que ambos padres, aunque vivan juntos o separados, estén de acuerdo en qué permiten y que no. Si la madre dice si y el padre no, están obstaculizando el desarrollo emocional de su hijo.
*Especialista en Psicoanálisis Vincular
*Miembro de la Asociación Uruguaya de Configuraciones Vinculares