Martes 16 de agosto, 2022
  • 8 am

¿Esa es la propuesta para la reforma de la educación? – Columnistas

Pablo Mieres
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Pablo Mieres

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Pablo Mieres.
El lunes pasado se venció el plazo acordado en el Senado, prórroga de una semana incluida, para que el gobierno presentara una propuesta de acuerdo político sobre educación para buscar un consenso entre todos los partidos.
Ese día en la página web de Presidencia se publicaron en forma conjunta tres documentos elaborados respectivamente por cada uno de los organismos estatales encargados de la temática educativa. Es así que se presentó un planteo escrito del Ministerio de Educación y Cultura, otro de la ANEP y un tercero de la Universidad de la República.
Hasta ahora no está claro si estos documentos son, en sí mismos, la propuesta que el gobierno presentaría a la oposición para buscar un acuerdo para la reforma de la educación en nuestro país. Señalamos esto porque si bien los mencionados documentos fueron colgados en el sitio web oficial de la Presidencia, no fueron enviados formalmente a los partidos políticos.
Por lo tanto, no es posible asumir o dar por cierto que los mencionados documentos sean la propuesta formal del gobierno; se anuncia que habrá una convocatoria por parte del Presidente en los próximos días a los partidos para buscar un acuerdo educativo. La interrogante entonces consiste en saber si para dicha convocatoria el Presidente propondrá, como punto de partida, los documentos publicados o, por el contrario, se presentará una nueva propuesta.
Si los documentos publicados esta semana por el gobierno fueran la propuesta formal para la búsqueda de acuerdos, desde ya anunciamos que no constituyen una base mínima razonable para un entendimiento. En efecto, los documentos presentados son inconexos entre sí, en algún sentido contienen superposiciones, se explayan demasiado en los diagnósticos, reivindican una línea de continuidad con la gestión precedente, no van en profundidad hacia los cambios requeridos, no son además una propuesta concreta, ni un plan de reformas.
Por otra parte, no reflejan las ideas y orientaciones que sí se han registrado en algunos documentos presentados por diferentes sectores del partido de gobierno, tales como un documento del Partido Socialista, otro del Frente Líber Seregni y algunas declaraciones públicas de diferentes dirigentes del gobierno.
Los documentos presentados no son, en modo alguno, una propuesta ni un plan de reforma. No tienen objetivos, no proponen metas ni resultados a alcanzar, tampoco presentan cronogramas, ni proponen programas o medidas concretas, ni siquiera se postulan formas o procedimientos para evaluar los avances. Tampoco tienen una referencia central con respecto a los acuerdos alcanzados en la Comisión Multipartidaria de hace un año y medio. Ni siquiera miden los resultados de la gestión hasta la fecha con relación a aquellos acuerdos firmados entre todos los partidos.
En definitiva, se trata de documentos no aptos como base para el diálogo. La única expectativa que nos queda consiste en que el gobierno presente una propuesta totalmente diferente el día que convoque a los partidos. De otro modo, estaremos a las puertas de una gran frustración política.
Por otra parte, en la sociedad los reclamos de cambios educativos han ganado terreno de manera muy ostensible. Si comparamos el estado de cosas con lo que ocurría un año atrás, debemos señalar que la necesidad de una transformación de la educación ha ganado terreno de manera muy notoria. El gobierno, hasta hace un año ajeno a la emergencia educativa, comenzó el 2011 reconociendo la necesidad de un cambio urgente; uno a uno casi todos los sectores que integran el partido de gobierno han reconocido que debían cambiar la política educativa y asumir con mayor energía la conducción política de la educación; la opinión pública expresada a través de diversas encuestas por primera vez señaló este tema como uno de los principales problemas del país.
En las últimas semanas, como sosteníamos desde hace tiempo, ha quedado de manifiesto que la opinión de los dirigentes sindicales no es acompañada por la mayoría silenciosa de los docentes que tienen plena conciencia de la necesidad y urgencia de una profunda transformación de la enseñanza. El distanciamiento entre la opinión de aquellos y estos es cada vez más visible y rotunda.
A esta altura queda un solo foco de resistencia, cada vez más aislado y encerrado en sus propios dogmas. Este está integrado por la mayoría de los dirigentes de los gremios de la enseñanza, algunos sectores del partido de gobierno y algunos de los jerarcas actuales del sistema educativo. Sin embargo, como hemos dicho más de una vez, es más fácil bloquear que construir, por lo que es necesario doblegar esa resistencia con firmeza y energía.
Aquí es donde precisamente emergen todas las dudas. Porque si la propuesta del gobierno es nada más que los contenidos de los documentos publicados esta semana, estamos frente a una verdadera confusión en donde los cambios no aparecen.
Lo peor que le puede pasar al país es que se genere la expectativa de una verdadera reforma para que finalmente todo quede en una mera operación cosmética que no modifique las cosas de fondo. Por eso es muy importante saber si lo que el gobierno publicó esta semana es su propuesta final o meros antecedentes de una propuesta más clara y decidida. Porque aquello no amerita el inicio de un proceso de acuerdos que solo provocará desgaste y frustración.