Martes 16 de agosto, 2022
  • 8 am

Otro punto de ruptura y van…. – Columnistas

Pablo Mieres
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Pablo Mieres

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Pablo Mieres.
El año 2011 quedará marcado por el surgimiento de diferencias indisimulables y crecientes dentro del partido de gobierno. Comenzó el año con el debate sobre la forma en que se rebajaría el IVA, comprometido por el Frente Amplio en la campaña electoral de 2009, que dividió aguas entre los diferentes sectores discutiendo sobre el impacto social de que la medida referida se tomara de una u otra manera.
El año ha finalizado sin que esta discusión se dirimiera, más bien al contrario, esta ha recrudecido y promete ser uno de los asuntos de conflicto en el seno del gobierno en los primeros meses de 2012.
Pero eso no ha sido nada comparado con la confirmación, sobre mediados de año, de que en el gobierno coexisten dos equipos económicos que no disimulan sus diferencias de enfoque y de criterios para impulsar las políticas públicas. De hecho, el tan mentado impuesto al sector agropecuario se convirtió en el indicador más relevante de las diferencias existentes.
La cuestión del deporte, en particular la forma de actuar del gobierno con respecto a los contratos de la AUF pusieron en evidencia otro punto de distanciamiento y de tensión entre diferentes actores del gobierno.
La problemática educativa, aunque ha mostrado una tendencia a la convergencia en la necesidad de una profunda reforma, sin embargo no ha podido evitar la evidencia de que importantes sectores del MPP y del Partido Comunista expresan una posición totalmente diferente articulando la defensa del statu quo junto a las corporaciones gremiales.
Las resoluciones sobre la Ley de Caducidad mostró nuevamente las diferencias existentes en el seno del partido de gobierno, predominando al final aquellos que no tenían dificultad en votar una norma inconstitucional con tal de lograr sus objetivos; mientras que los que no compartían esta solución prefirieron mantener la disciplina partidaria que el respeto al orden institucional.
Sin embargo, las últimas semanas del año nos muestran un nuevo y muy preocupante asunto en el que también se registran diferencias importantes: la política exterior.
Nadie puede dudar de que las iniciativas impulsadas por el Presidente y la Cancillería referidas al tema Malvinas y al ingreso de Venezuela al MERCOSUR, son indicadores relevantes de una ruptura con la línea estratégica que en materia de política exterior, había llevado adelante el país históricamente, incluyendo el período de gobierno del Dr. Vázquez.
En efecto, la orientación adoptada desliza muy rápidamente al país hacia un alineamiento con el bloque populista latinoamericano que ha tenido en Hugo Chávez a su principal exponente. La administración anterior había tenido buen cuidado en evitar una asociación con el bloque de los autodenominados "socialistas del Siglo XXI y, muy por el contrario, había mantenido una línea firme de independencia y, en todo caso, había mandado señales claras de preferencia por las administraciones de la región de corte socialdemócratas.
Por el contrario, la administración Mujica nos lleva, lenta pero decididamente, a formar parte del bloque de países que reflejan tendencias democráticas muy débiles y riesgos institucionales elevados. La posición uruguaya de pretender imponer el ingreso venezolano al MERCOSUR avasallando los derechos de un país amigo, como es el caso de Paraguay, es una ruptura histórica con la tradición de nuestro país de apego y defensa a las reglas de juego institucionales. La política de sumisión a los dictados del gobierno argentino se ha vuelto para nosotros insoportable e inexplicable; estamos convencidos que, además, nos generará importantes costos políticos.
Parece que el gobierno uruguayo ha olvidado que, por ejemplo, durante el conflicto por la planta de celulosa el gobierno argentino nos aplicó a nosotros la misma medida que hoy Uruguay pretende aplicar (para congraciarse con aquel gobierno) con respecto a Islas Malvinas. En efecto, el gobierno argentino cerró sus puertos a un buque finlandés que traía repuestos para la obra de Botnia. Tamaña paradoja que parece no estar en la memoria de las actuales autoridades.
En definitiva, las líneas de ruptura en las posiciones políticas entre el sector que representa al Presidente y los sectores alineados en el Frente Líber Seregni son cada vez mayores e indisimulables.
Todo indica que los que se impusieron en las elecciones internas de 2009 han decidido dejar de lado la cautela y el freno en sus objetivos y aspiraciones políticas e ideológicas para desatar con determinación lo que ellos llaman un "corrimiento a la izquierda" para cumplir con objetivos de una supuesta mayor "profundidad" en los cambios.
Mientras tanto hemos asistido a un impresionante ejercicio de paciencia y de disciplinamiento partidario de los sectores más moderados del partido de gobierno que, de continuar, significará un verdadero predominio en el Frente Amplio, como nunca antes, de la vieja izquierda tradicional y populista sobre sus sectores más socialdemócratas y moderados.
El 2012 será el momento de la verdad. Los sectores más radicales imponen sus posiciones y confían en la fuerza que el mito de la unidad partidaria frenteamplista, largamente construido, tiene para que los sectores moderados acepten y aguanten los cambios que aquellos impulsan y promueven. Así ha sido durante este año y así parece perfilarse el año por venir.