Jueves 22 de octubre, 2020
  • 8 am

Aprender a vivir… – Columnistas

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram (*).

"Había una vez un hombre muy creyente, que se estaba ahogando en un río. De pronto, ve pasar un tronco en la corriente y en lugar de asirse de él para no tragar más agua, se dijo, "Dios me va a ayudar, seguía manoteando cuando alguien desde la costa le tiró una soga, de la cual tampoco se agarró, y terminó ahogándose. Al llegar al cielo, se encuentra con Dios y le dice, pero, ¿qué pasó que no me ayudaste? Y Él le respondió: si te ayudé, primero puse un tronco para que te agarraras y después una soga…."
¿Cuántas veces vemos, percibimos, o nos damos cuenta de las señales que nos va dando la misma vida? Quizás las cosas no aparecen como las esperamos, pero si aparecen de alguna forma.
Desde que nacemos, nuestras vidas van transcurriendo en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años que pueden ser de fértil aprendizaje o transcurrir en un sinfín experiencias que no podemos apreciar, y utilizar en nuestro propio crecimiento.
Cuando algo bueno nos sucede no nos cuestionamos nada, pero cuando nos pasa algo que no nos gusta, muchas veces nos preguntamos, por qué a mi?
A todos nos pasan cosas, buenas y malas, depende con qué mirada, con qué actitud enfrentemos las cosas. Es verdad que hay marcas que son insuperables, como una muerte, un accidente. Hay pérdidas que son más cuestionadas que otras, pero todas, deberían ser pensadas, analizadas, aprovechadas para ampliar nuestra experiencia y sabiduría. Nada pasa porque si. Y si creemos que pasan porque sí, busquemos qué podemos aprender de eso que nos pasó.
En vacaciones, además de descansar, no pude evitar observar, cada día, el "aplauso" desesperado de cientos de desconocidos, que se solidarizaban con madres que perdían a sus niños en la playa. Y me decía, qué horror, pobre madre, en una playa atestada de gente, con olas gigantes, que angustia deben estar pasando…quizás usted lo vivió o lo puede imaginar. Lo que me fue resultando impactante fue ver como esta situación se repetía cada día y varias veces. Uno se pregunta, ¿cómo se puede dejar solo un niño de 3 o 4 años, en un lugar con tanta gente, y dónde está el peligro del mar? ¿Por qué pasa esto?
Yo le puedo decir lo que yo pienso, pero lo invito a pensarlo a usted. Para que pase esto, que por suerte, siempre tuvo un buen desenlace, hubo descuido, hubo un no pensar, un no preveer.
Pero a veces, también ocurren situaciones más complejas, o más traumáticas, que no nos dejan pasar una raya y ver un resultado positivo.
Las señales casi siempre aparecen, quizás no a simple vista. Podré estar alerta o no, aprender o no.
Aquí me remito a la historia del comienzo, todo en la vida, creo que no pasa casualmente, hay más factores que intervienen, y deberíamos poder ver, escuchar, sentir, estar más conectados con nuestro adentro y el afuera. No podemos desoír las señales que nos mandan nuestros hijos, desde que son niños. Así como tampoco negar las señales que a veces nos manda nuestro cuerpo, cuando estamos cansados o tenemos algún síntoma y seguimos de largo, hasta terminar en una enfermedad.
Creer que las cosas que hacemos o decimos no son porque si, o por la culpa de otro, es no hacernos cargo de nosotros mismos. Podrán lastimarme, pero si yo sigo al lado de quien me lastimó, yo soy la única culpable.
Aprender de la vida misma, va más allá de un título o un buen trabajo o tener un buen pasar, es descifrar cada cosa que va ocurriendo, detenernos. Parar en un tiempo donde todo es vertiginoso, no hay tiempo de nada, todo se cambia, hay que bajar el telón y seguir. Depende de cada uno, de la calidad de vida que quiera llevar. Quizás el tiempo debería ponernos más sabios, pero muchas veces, el tiempo va invitándonos a bajar el telón para no sufrir, para que nada más nos duela, y hay situaciones que tienen que ser transitadas como corresponde.
Si las situaciones tienen un buen desenlace, valorarlas. Y cuando no lo tienen, cuando son irrevocables, en el caso de la muerte, transitarlas en el duelo que corresponda hacer. La vida es una, y hay otros que quedan, otros para cuidar, otros para seguir adelante, por quienes vivir. Aprender a vivir es ir sacando lo mejor de lo peor. Es cerrar ciclos viendo lo bueno y lo malo de cada experiencia y no quedarnos paralizados y culpabilizándonos. Es un camino lleno de cosas nuevas, inesperadas muchas veces, donde intervienen factores que podemos controlar y otros que no, como el azar. Depende de lo que cada uno quiera y pueda hacer y, de la actitud con que enfrente las cosas de la vida.
*Miembro de Asociación Uruguaya de Psicoanálisis de Configuraciones Vinculares
*Especialista en Psicoanálisis Vincular