Martes 19 de enero, 2021
  • 8 am

Educar, educar… educar – Columnistas

Carlos Albisu
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Carlos Albisu

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Dr. Carlos Albisu.
En los últimos tiempos se acrecentó la preocupación de nuestra gente sobre cuestiones de seguridad, accidentes, consumo de drogas, presencia de pandillas y patotas; pérdida de autoridad de padres y maestros, etc.
Se podrá decir que no son temas nuevos y cada uno, con el nivel de edad que posea, recordará la presencia de estos problemas en su más o menos lejana juventud. Siempre estuvieron, eso es indudable. Pero, lo que no se podrá negar es que, cada uno de ellos, aumentaron en forma significativa su incidencia en los tiempos actuales.
Tanto es así que, en estudios estadísticos de consulta colectiva, actualmente la gente manifiesta que su mayor intranquilidad no es lo económico o pérdida del empleo (como fue tradicional que encabezaran estos estudios años antes). Hoy, todas las consultas muestran que la inseguridad y el aumento de la circulación de la droga son la mayor preocupación de nuestros ciudadanos.
Y no se quiera poner como argumento la globalización o la regionalición de estos problemas. Nos interesa lo nuestro, sin negar de la influencia regional o incluso mundial de la problemática que nos aqueja. Se debe intentar solucionar lo nuestro, como se dice habitualmente: "Cuidar nuestra chacrita".
Tal vez se considere que lanzamos muchos problemas juntos, y es cierto. Pero, lo hacemos porque creemos que todos ellos, por lo menos en su génesis, tienen idéntica causa.
Escuchamos a veces dar razones generacionales, es decir, los de media edad o veteranos fácilmente culpan del aumento de estos hechos a los "jóvenes" sin dar otra razón, simplemente los chicos de ahora no son como los de antes. ¿Si fuera así? ¿A qué se debe ese cambio?
A su vez, los jóvenes culpan a los más adultos, también sin dar otras razones más o menos lógicas.
Así se trenzan en una discusión sin razones. Los adultos dicen que los jóvenes, en su mayoría, son los autores de los delitos, consumen drogas, se accidentan, forman pandillas, faltan el respeto a sus mayores. No piensan que muchos de esos delitos son organizados por mayores y aprovechan a chicos de baja condición educativa, en el marco de leyes favorables hacia ellos. En las droga los jóvenes son más víctimas que culpables y el negocio lo hacen los mayores. En los accidentes la leve supremacía de gente joven no explica la ausencia muchas veces de mayores encargados de fijar reglas y límites. Y, en definitiva, las pandillas y patotas se forman por la falta de ocupación y educación de los jóvenes que se ven tempranamente fuera de un sistema que organizan y usufructúan los mayores.
Pero, tampoco deben proyectar todas las culpas a los veteranos que, por su falta de reflejos, pueden provocar accidentes o manejar leyes y prevenciones de muchas de las elevadas preocupaciones que hoy ponen a nuestra gente en estado de tensión.
Dijimos antes que a pesar de ser muchos los hechos que marcamos con preocupación su aumento en estos tiempos pueden tener un mismo origen o causa. Un mismo origen de su incidencia y aumento, y a la vez un mismo punto para intentar la solución de los mismos.
Por mediados del 1800 un uruguayo emitió un proyecto de Ley de educación, que transformó todo el espectro socio-educativo de nuestro país. Muerto muy joven, sin embargo, su alegato y sencillas premisas son aún repetidos en los más elevados foros de educación (París 2001).
Y aunque muchos crean que nos remontamos muy atrás para solucionar un problema actual, en otras intervenciones mostraremos que los problemas actuales son los de siempre; que se pueden encontrar soluciones en la historia, con la adecuación que debe realizarse a nuestros tiempos.
Pero, desde ya les aseguro que gran parte de la solución de nuestro actual gran problema se pueden sintetizar en unas recomendaciones de José P. Varela, cuando en nuestro convulsionado país recién parido como República aconsejó: "Educar, educar… y siempre educar".
Volveremos sobre el tema.