Jueves 28 de mayo, 2020
  • 8 am

¡Claro que no es lo mismo! – Columnistas

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez*.
Desde hace muchísimos años, la clase política uruguaya le ha atribuido la culpa de los males que tiene nuestro país, a lo que establece la Constitución de la República.
Lo insólito de este razonamiento, es que no se han dado cuenta que si la Constitución dice lo que dice, es porque ellos propugnaron su reforma y consiguieron el apoyo popular para tener el respaldo de un plebiscito. O dicho de otra manera; los males del Uruguay, no están en nuestra Constitución, sino en la cabeza de nuestros políticos que inventan lo más insólito que se les ocurre, y luego planifican una estrategia para convencer a la ciudadanía, para que les dé el apoyo popular. Y la ciudadanía, que generalmente no entiende de técnicas jurídicas y en algunos casos ni les importa, apoya estas reformas.
Para recordar un ejemplo de importancia, vayamos hacia atrás, al año 1952, en el que -reforma mediante- se ingresó a la Constitución el famoso “colegiado”, aduciendo que una Constitución con Poder Ejecutivo Unipersonal, con un Presidente de la República, no era lo mejor, y que además alentaba el autoritarismo y la posibilidad de una dictadura, por lo cual se creó un Consejo Nacional de Gobierno con nueve miembros. También hicieron desaparecer a los Intendentes y crearon el Consejo Departamental. Entonces transformamos los más importantes órganos ejecutivos de nuestro país, en órganos pluripersonales.
¡Así nos fue con el dichoso colegiado! Entonces en 1966, se propuso una nueva reforma de la Constitución para eliminar al colegiado, culpable de todos nuestros males, y sustituirlo por un sistema similar al que tenemos ahora. ¡Bruta marcha atrás!
Recordemos otro ejemplo de importancia. En el año 1996, se hicieron los más perfectos y lógicos argumentos para separar las elecciones nacionales de las elecciones departamentales. ¡Ríos de tinta para argumentar a favor de dicha iniciativa! Entre todo lo que se dijo, lo más importante es que nuestros políticos se dieron cuenta que eran dos cosas distintas. Que elegir el Presidente de la República, que debe tener un perfil determinado, porque tiene obligaciones y responsabilidades muy especiales al ser la cabeza del gobierno del país, es una cosa; y elegir al Intendente de un departamento, que tiene el perfil del buen vecino, que a su vez debe cumplir una serie de obligaciones y correr con responsabilidades distintas al Presidente, es otra cosa.
Entonces reformamos la Constitución una vez más; y creamos el sistema actual.
Ahora, con los resultados a la vista, algunos se han dado cuenta que la reforma mencionada tiene errores, y entonces proponen una de estas dos cosas: o juntamos las elecciones nacionales y departamentales (ahora hay que agregar las municipales) un mismo día, y para dar libertad al elector, permitimos el cruce de votos entre los lemas.
Es decir, el ciudadano puede votar al candidato a Presidente de un Partido, y al candidato a Intendente de otro partido. Una especie de falsa separación de elecciones, porque en definitiva no se evita lo que con la separación se quiso evitar: que el ciudadano razonara en forma separada en ambos casos, que valorara en forma separada el perfil de uno y el perfil de otro; con el riesgo de que puede ocurrir (no tenemos duda que será así), que la propaganda a favor de un Presidente, va a arrastrar como furgón de cola, la votación a un Intendente que seguramente será del mismo partido. Entonces la libertad del elector es cuento chino.
Por eso sostenemos que las elecciones nacionales necesariamente deben estar separadas de las elecciones departamentales; pero éstas últimas, no se tienen que realizar en el mes de mayo siguiente a la elección nacional, sino a mitad del período.
Es decir, vamos a separarlas sí, pero bien separadas. Entonces el ciudadano elector, cuando tiene que analizar la elección del Presidente, piensa solo en temas nacionales; y cuando tiene que analizar la elección de un Intendente, piensa solo en temas departamentales.
*Profesor Adjunto Grado 3 de Derecho Público Iº y Encargado de la Cátedra de Derecho Departamental y Local en la Facultad de Derecho de la Udelar en Salto.