Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

El comité de dificultades – Columnistas

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

150 opiniones
Diario

Dr. Fulvio Gutiérrez*
En varias oportunidades, escuché a un querido amigo de la época escolar (si estaremos quedando viejos!), el Dr. Miguel Villar, hacer referencia a lo que él denomina “comité de dificultades”, que se da cuando se ponen objeciones –no importa cuales- a determinados cambios o propuestas ciertamente novedosas.
Cuando le pregunté que me explicara a qué se refería, me señaló con un criterio simple y práctico, que en su militancia como médico, en asambleas de la profesión o en la dirección de la principal mutualista de Salto, había notado con el transcurso del tiempo, que bastaba que alguien propusiera algún cambio o alguna iniciativa novedosa y ajena a la realidad actual, para que aparecieran voces en contra, argumentando una serie de razones que en verdad, lo que hacían era propugnar una especie de “satu quo” permanente, en la generalidad de las veces, basados en argumentos pueriles que seguramente ocultaban algún interés no tan pueril y de pesos (no de peso, sino de pesos).
Entonces trasladé ese “comité de dificultades” a lo que ya comenzó a pasar con la pretendida reforma de la Constitución.
Bastó para que alguien anunciara la idea de que habría que modificar la Constitución, ya sea para separar mucho más las elecciones nacionales de las departamentales, o juntarlas pero permitiendo el voto cruzado por lemas, para que inmediatamente apareciera el “comité de dificultades”. Es decir, un conjunto de voces opositoras a tales cambios, con una cantidad de argumentos insólitos para uno u otro lado, y que en definitiva solo tienden a que la reforma no prospere.
Lo que la gente tal vez no se ha dado cuenta, es que una de las formas más efectivas y diplomáticas para que una reforma de la Constitución fracase, es ir agregando más y más propuestas de reformas, proponer cambios en otros artículos de la Constitución, y ampliando el campo de discusión de tal manera, que obviamente el normal de la gente –que de por sí entiende poco de esto- termina por no apoyar la reforma pues dentro de ese abanico de cosas a reformar, obviamente que habrá alguna con la cual no está de acuerdo. Entonces, como las reformas van todas juntas, si hay una que no comparte, está claro que su voto será contrario. ¡¿Sencillo no?! Porque además, separar las reformas en varias propuestas, es también una forma de que el voto de los ciudadanos no alcance al quórum requerido por la Constitución para su reforma.
Y eso es lo que está pasando ya, en este momento.
Véase que se sumó una iniciativa que tiende a eliminar las elecciones internas de los partidos políticos; otros quieren suspender el balotaje en el caso que en la primera vuelta uno de los candidatos obtiene la mayoría parlamentaria; otros quieren reformar los artículos referidos al Tribunal de lo Contencioso Administrativo; otros quieren agregar la constitucionalización de normas referidas al matrimonio igualitario; otros quieren establecer vía Constitución, la validez de los tratados internacionales; otros quieren incluir normas dando fuerza obligatoria en nuestro país, a resoluciones judiciales de órganos de justicia internacionales; otros quienes establecer que los Ediles sean remunerados; y así suma y sigue.
Cada uno de esos temas, y otros que seguramente se irán agregando con el correr del tiempo, tienen una sola finalidad: que la reforma de la Constitución no prospere. Es lo que mi amigo Villar decía: apareció con toda su fuerza el “comité de dificultades”.
Más allá de que son temas complicados, algunos muy técnicos, que requieren un análisis profundo y mesurado, y de difícil tratamiento.
Claro, los integrantes del “comité de dificultades” lo saben.
Por eso lo proponen. Porque en definitiva, lo que ellos quieren, es que todo quede como está.
Parece aquella vieja película llamada El Gatopardo; “vamos a cambiar para que todo quede como está”.
¡Qué país nuestro paisito!
¿Es que algún día vamos a aprender que nuestro problema no está en la Constitución, sino en nuestras cabezas?