Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

La importancia de dejar nuestra huella

Gerardo Ponce de León
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Gerardo Ponce de León

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Gerardo Ponce De León.
Parece mentira, pero ya estamos en el último mes del año, y tendríamos que pegar una mirada hacia atrás, para ver como es la huella que dejamos en nuestro camino. Si esta es honda, tenemos que seguir así y mejorando, muchas cosas, para continuar nuestro camino, dejando una huella más profunda y mejor.
¡Por favor, no dejemos la huella como el camino, de entrada por Ruta 3, a las Termas del Arapey! Cada pozo que encontramos es algo que nos falta o salteamos, de hacer.
La verdad que no sea ha hecho nada, en el correr del año, porque si vamos a contar y medir los pozos, nos perdemos y no vamos a saber cual es el más grande. El año que va pasando, de ser como ese camino, ha sido, totalmente negativo para cualquier ser humano.
¡Qué lindo sería ver nuestra huella, con pozos normales, como los que se encuentran en cualquier camino y ser tan profunda como los pozos de dicho camino!
Mientras pensaba lo que les iba escribir, arrancaba higos, y veía la lucha del hombre con la naturaleza. En la medida que van quedando maduros, los pájaros hacen su función, se los van comiendo, y nosotros tratamos de que esto no suceda, si no lo hacemos no podemos degustar el rico dulce que mi señora hace.
Pensaba que lo mismo le debe de suceder a los que tienen duraznos, naranja, frutillas, y plantas con frutos visibles.
Este domingo que pasó, tuve la suerte de ir a la misa, que se celebró a los pies del Cristo Redentor, en la costanera norte. La homilía del Padre José García, se basó en San Francisco de Asís, el Papa Francisco, en un alegato, muy bien llevado en defensa y el cuidado de la naturaleza. Era el día de Cristo, rey de la naturaleza. Con muy buen ingenio, la gente de la zona, preparó el altar, sobre cajones de verduras, esos de madera, y al pie del mismo, cajones con productos de huertas, cultivados en la zona: zapallitos, berenjenas, pepinos, tomates, cebollas, choclos. Como ofrendas, acompañando el pan y el vino, árboles de distintas variedades, para representar, que tenemos que plantar, para reponer la deforestación que está sufriendo el pulmón del mundo: el Amazonas. Creo que el Padre José, nos hizo sentir, a muchos culpables de no cuidar y mejorar a la naturaleza.
En el sermón, me vino a la memoria, un escrito sobre la pared de calle Osimani y Llerena, casi 19 de Abril, de CO.SAL.CO, sobre el legado de la tierra. Grandes verdades, ya que nos creemos dueños de ella. Si uno se siente culpable, de lo que hago y dejo de hacer, me da para pensar que existen muchas personas, por egoísmo o por intereses económicos, le importa un rábano el daño, no solo a la naturaleza, sino todo el mundo.
Dentro de todo, es el darle valor, solamente, a las cosas de uno, a lo que me rédito, sin mirar cuantos quedan por el camino. Suerte que este tipo de gente, no miran hacia atrás, porque en su camino, lo que verán serán seres humanos; en la forma como están no importa; menos aún, si queda alguna huella en el camino.
Lamentablemente este tipo de gente, aparece en todos los estratos sociales, ya que no es necesario tener un nivel determinado, porque, hasta en los pobres o carenciados, se ven casos de dominio; de mal trato; hacer cosas que no importa si perjudico al que está a mi lado. Es como dice el refrán: “en todos lados se cuecen habas”.
¡Qué triste debe de ser, el ver seres humanos caídos sobre la huella de nuestro caminar.