Viernes 26 de febrero, 2021
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Juicios orales en el Teatro Larrañaga

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez
Después de muchísimos años en los que nuestro sistema procesal se caracterizó por ser “rabiosamente” escrito, la academia procesalista primero y nuestros legisladores después, se dieron cuenta que nuestro país tenía un brutal atraso con respecto al resto del mundo, y que la oralidad de los procesos judiciales, iba a constituirse en un indudable adelanto en cuanto a la rapidez, a la transparencia, a la objetividad y a la publicidad de los juicios.
Comenzó entonces tímidamente, a elaborarse proyectos de cambios en nuestro sistema procesal, tratando de que los juicios en primer lugar, incluyeran en varias de sus etapas, trámites orales, y de que la presencia del Juez en las audiencias, fueran tan obligatorias que su no presencia acarreaba la nulidad del procedimiento. Nació así en el año 1988 el nuevo Código General del Proceso, referido a materias no penales, que constituyó sin duda una revolución en nuestro sistema procesal, y sin duda alguna, un cambio rotundo en cuanto al ejercicio de la profesión de abogado. En verdad, y basado en el sistema austríaco, se creó un trámite mixto, pues el proceso comenzaba en forma escrita (demanda y contestación) pero luego se establecía la realización de una Audiencia Preliminar y de una Audiencia Complementaria, ambas orales y con la presencia obligatoria del Juez y de las partes con sus respectivos Abogados Defensores.
Este sistema se fue extendiendo, y el último mojón en cuanto a la oralidad en el trámite judicial, lo constituye el nuevo Código del Proceso Penal, que además introduce una serie de cambios en principios fundamentales, que no se detallan por no ser el objeto de la presente columna.
Pero en verdad, lo que hoy constituye un adelanto en los trámites procesales de nuestro país, tiene antecedentes ocurridos en el Siglo XIX, en nuestro Salto. En efecto, el motivo en verdad está centrado en señalar dos cosas: la oralidad de los procesos judiciales no es algo nuevo en el Uruguay; pero además, a fines del Siglo XIX, se dieron una serie de casos en nuestro departamento que se tramitaron de forma oral, y que hoy constituyen curiosos antecedentes a los cuales queremos referirnos.
En un pequeño libro del profesor salteño Arturo Aníbal Gagliardi llamado “Crónicas de Antaño”, se recuerdan estos juicios orales, que eran dirigidos por un tribunal popular, como fue el caso Porto-Villar, cumplido en el Teatro Larrañaga, y con barras de aliento con gritos de “hurras” y de “mueras”, proferidos por partidarios de una y otra parte.
Encontramos una especial referencia al juicio realizado el 20 y 21 de julio de 1892 en lo que hoy es la Sala del Ateneo, entre el Dr. Paullier de la ciudad de Artigas y el Sr. Gómez Alzaga, por haber publicado éste, unos sueltos, denunciado a aquel en el diario “La Prensa” de Salto. Para ser fieles al relato, vamos a transcribir lo que nos cuenta el Prof. Gabliardi: “A las 13 horas se constituyó el Tribual Popular compuesto por los señores Julio Delgado (que lo presidía), Telésforo Herrán, Pascual Errandonea, Aníbal Chiazzaro, Pablo Williams, Serafín Cañizas y Emiliado P. Coronel. Comenzó hablando el acusador Dr. Paullier, luego habló el acusado Sr. Gómez Alzaga. El juicio siguió hasta las dos de la mañana del día siguiente (nada menos que 14 hs. duró el juicio oral) con gritos de los parciales como “mueran los parciales” de unos, “mazorqueros de Rosas” de otros. Los cronistas de entonces –tal vez parciales del acusado- criticaron al Dr. Julio Delgado por su debilidad al permitir los gritos e insultos que pudieron inclinar la balanza de la Justicia hacia un lado que no se esperaba de acuerdo a los argumentos. Esos juicios eran verdaderos espectáculos, a los que concurría gran cantidad de público, superando, cuando se hacía en el Teatro, al que concurría cuando se presentaba una gran compañía de ópera o un concertista eximio. Los aplausos y los vítores y comentarios en voz alta se sucedían, los ánimos se caldeaban y los contertulios con antelación, ya habían tomado partido siempre por uno y por otro. Además, los diarios de la época, que jamás estuvieron de acuerdo en nada, se encargaban de preparar el ambiente con varios días de anticipación al juicio”, terminaba diciendo Gagliardi al finalizar su comentario de tales hechos.
Conocer estos hechos, nos parece oportuno para quienes piensan que los juicios orales son algo de nuestro tiempo. Claro, hoy no tienen el desorden que se producían a fines del Siglo XIX, y las previsiones jurídicas impiden aquel desorden de antaño.