Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

Los efectos del calor

Gerardo Ponce de León
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Gerardo Ponce de León

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Gerardo Ponce de León
Creo que el calor que se ha pasado, hacía mucho tiempo que no se sentía tanto, que no molestaba, y es capaz, como me decía un veterano, que la comodidades que hoy existen, hacen que el calor se sienta más. Aún existen personas que trabajan, y están acostumbradas, en condiciones que, a una persona de ciudad, le serían insoportables. Ver a la gente en las rutas; la gente de U.T.E., levantando columnas; en la construcción; una fábrica; en un invernáculo; y se podría seguir nombrando, todos trabajos que en su gran mayoría, se hacen a la intemperie, donde, además de los sombreros, tienen que tener los zapatos adecuados, y el uniforme.
También cabe pensar en la gente que tienen, de techo, una bolsa y madera, que en su gran mayoría son puestos por ellos mismos, que la brisa que corre está dada por las distancias que hay entre madera y madera que hacen de pared. Cuando uno ve este estado de casas, por llamarlo de alguna forma, le llama la atención que, a pesar de estar “colgados” a la luz, no dejan de tener su antena para ver televisión.
Cuando uno recorre, porque tiene la suerte de hacerlo, una ciudad como Federación, en Entre Ríos, Argentina, le llama la atención el de no ver cables en las calles, ya que se programó, cuando se hizo la represa de Salto Grande, la ciudad, con los cables de forma sub-terranea, y los invito a que vayan a el barrio Andresito, pegado al barrio Nuevo Uruguay y se darán cuenta que podemos pensar que estamos en esa ciudad argentina. Acá es un cable sobre el otro, y no de a uno, sino varios juntos, algo totalmente opuesto a Federación, como de la más variada gama de cables.
Se ve que tienen un Dios aparte, porque si nos ponemos a pensar lo que aguantan y resisten, daría para pensar que todos los días habría un incendio. También les tiene que llamar la atención, las antenas de televisión, que hay como cables.
Creo que en todas las casas se usan ventiladores, pienso que más de uno, como forma de mitigar el calor, teniendo la contra que no corre viento, entre casa y casa, por la proximidad de las mismas. Voy a aclarar que no es un problema de este gobierno, ya que comenzó como un asentamiento, si no me equivoco, en gobierno del Esc. Malaquina, y van creciendo en el tiempo. Se mira pero no se toca, ya que existen muchos intereses creados en su entorno. Pero ¿Cómo viven el calor?
La verdad no lo se, mi experiencia, que ya escribí sobre ella, fue en un invernáculo, que por lo menos no tienen paredes a los costados. ¿Será que están acostumbrados?.
Ya que el Miércoles pasado, toqué el tema de los mosquitos, en horas de la mañana, tengo la suerte de escuchar la radio en cuatro “idiomas”: portugués, paraguayo, argentino y el nuestro (el salteño).
En un informativo de radio Ñanduty (Paraguay) informaban de que el Dengue, está instalado en la capital, Asunción, y que se estaba por comprobar casos en el centro de la capital. ¿Cómo podemos sujetar esta plaga en un barrio, como el nuestro? Tengo la idea de que solamente a conciencia, con educación (que es muy difícil) se puede luchar contra este mal. Para colmo de males, el calor y la humedad, son terreno propicio para la propagación de los mosquitos. Acá si que estamos en las manos de Dios.
Dos cosas me llevan a pensar: ¿quién da gracias a Dios por las cosas que nos da para calmar al calor? y ¿no será que el consumismo nos lleva a ser más cómodos y no permite que nuestro cuerpo se adapte al clima?