Sábado 14 de diciembre, 2019
  • 8 am

Enseñan a ver

Gerardo Ponce de León
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Gerardo Ponce de León

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Gerardo Ponce de León
Es muy sabido que hay que contar con la ayuda del periodismo para que las cosas se conozcan, si no es imposible que la gente se entere, más cuando es algo que no vende, que no es el caso de lo que les voy a escribir.
Dentro de toda asociación existen subcomisiones, que tienen distintas funciones, con el fin de ayudar a la comisión directiva a que se hagan las cosas. Llegan los pedidos y la subcomisión lo estudia y, si es viable, lo envía a la comisión directiva para que se autorizada o no. El criterio que se usó, como argumento, fueron dos: quien lo hacía y que era devolverle a la sociedad, algo de lo que tanto les había dado.
Esta asociación es sin fin de lucro; con personería jurídica; con el fin de tratar de insertar en la sociedad a la gente que padece su misma discapacidad y que a su vez se sientan como seres humanos, que es lo que son; está sin plata y tiene deudas; y no tiene ayuda del Estado. Hay que hacer la salvedad que ANTEL cobra el 50% de la tarifa de Internet y se cuenta con la ayuda del Centro de Rehabilitación de Salto, de acuerdo al pedido que se le hizo y fue atendido al director del mismo, Sr. Comisario (que no se si es el cargo de él) Miguel Catelotti. Vive de lo que se recauda por cuota social, que es muy poco, de la ayuda que recibe de afuera o de rifas o pasteleadas, que se hacen.
Se recibe el pedido del Dr. Eduardo (Traca) Andrade, el cual es atendido y entendido. El Dr. necesitaba, para el laboratorio de Anatomía- Patológica, un aire acondicionado. Cuando se va a ver también se nota la falta de otra heladera, ya que el equipo de dicho laboratorio comparte la misma con las muestras que se extraen de los seres humanos y sus comidas. Esto último no fue pedido por el Dr. Andrade, pero pareció que era un acto de delicadeza tener las cosas aparte.
Si es cierto que con la plata del aire y la heladera se bajaba la deuda, pero entró el hecho que se le podía devolver, en algo, lo que la sociedad ha dado. La Asociación de Ciegos de Salto ( ACISA) se puso en campaña y logró la donación del aire y de un frigobar.
Como siempre el reconocimiento a las personas que ayudaron a A.CI.SA. a juntar dicha plata y lo más grande es que lo hacen en forma anónima.
Cuando me tocó hablar recordé la frase de la Santa Madre Teresa de Calcuta: “No importa la cantidad, no importa la calidad, si importa el porque se da”. Claro que faltó decir que el pedido era para un laboratorio, que atiende muestras de Bella Unión, Artigas y de Salto; donde cada muestra es una señal de vida. Era el momento de agradecerle a esa Asociación que me permitieran trabajar con ellos, pero que también era un momento que, personalmente, no me hacía mucha gracia, ya que sentía que me sacudían el árbol de mi pereza, de mi egoísmo, mezquindad. Pero, como también algo que ya lo he dicho en más de una oportunidad, que es la paradoja de la vida: los ciegos me enseñan a ver.
Cuantas veces nos quejamos por no tener “tal cosa”, cuantas veces las deudas nos empañan los ojos, que nuestra nariz no nos permite levantar la mira y ver la necesidades de los demás y que la tenemos que hacer propia.
Esta gente confía en que van a solucionar sus problemas, pero el día que lo pueden hacer “ven” que otros necesitan más que ellos y atienden su pedido. Sé que es un caso muy especial, que no se puede atender siempre lo que se les pide, que hay que entender que ellos también tienen sus necesidades.