Jueves 24 de septiembre, 2020
  • 8 am

Pagando facturas ajenas

Gustavo Varela
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Gustavo Varela

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Por Gustavo Varela.
El Uruguay todo se encamina a emprender ese largo y desgastante proceso político eleccionario, que cada 5 años se repite, para ir eligiendo en cada una de las etapas los representantes partidarios, los representantes nacionales y por último las autoridades departamentales.
El año 2018 marca lo que es el inicio formal de los diferentes aprontes, pues en un año y medio la suerte de los diferentes partidos van a quedar sellados con los resultados de las elecciones internas o primarias.
Por eso van a comenzar a aparecer los diferentes candidatos, maximizando sus virtudes e intentando disimular lo más posible sus defectos o carencias, todo, disimulado en operaciones propagandísticas, que son armadas en un escritorio de profesionales de la comunicación, donde, a fuerza de recursos económicos, con mucho ruido y color, van a intentar posicionar en la cabeza de los votantes la idea de que es mejor votar a fulanito y no a menganito.
Eso sí, de cómo lo piensan hacer, es probable que no se escuche nada, porque si lo dicen con toda seguridad no los vote nadie.
En el Uruguay de los últimos tiempos las ideas predominantes en las campañas electorales han sido, principalmente, la de dar trabajo en el Estado, y la de repartir plata alegremente en todos los bolsillos, agravado con que para tales fines se gastan los recursos que se tienen disponibles de una manera escandalosa, lo que resulta un cóctel mortal, tanto para los gobernantes como para aquellos que aspiran a ser gobernantes y cuyos resultados económicos siempre recaen, no en el bolsillo de ellos, sino en el bolsillo de la gente. Existen ejemplos de sobra en ambos sentidos. Salto es un buen ejemplo de ello. Hay que terminar de comprender que cuando se invita a una fiesta, los invitados la van a pasar muy bien, va a haber baile, bebida, comida, luces, globos, sonrisas, música, o sea todo lo que tiene que tener una fiesta.
El problema es el día después. En el caso de que la fiesta la haga un privado, la plata para pagar va a salir del bolsillo de quien invitó, cuando la fiesta la organiza el Estado, la plata va a salir indefectiblemente del bolsillo de quienes fueron invitados a esa fiesta.
Hoy un grupo de productores agropecuarios del Uruguay, están luchando para no tener que irse de sus terruños, donde han nacido, se han desarrollado, han formado familia, y aspiran a que sus hijos sigan conservando esa “cultura agraria”, pues es para lo que se prepararon y lo que hacen muy bien.
Están pasando por momentos muy difíciles, pues sus costos de producción son altos, no existe rentabilidad, y sus recursos no alcanzan para poder seguir desarrollando esa “cultura agraria”.
Lo único que piden es que el Estado deje de hacer fiestas, pues están hartos de pagar facturas que no les corresponde.
Que el Estado cumpla el papel como agente económico que le asigna la economía de contralor, pero que ese Estado también les permita cumplir a ellos con su rol de agente económico, productores de bienes y servicios.
Si las empresas no producen, el Estado no lo puede hacer ya está harto demostrado.
Ellos (los sectores productivos) fueron invitados a una fiesta que se desarrolló entre el 2010 y el 2015, organizada por el anfitrión del Estado (José Mujica y su familia el Frente Amplio), fiesta ampulosa que hubo, donde se tiró la casa por la ventana, donde se quemó literalmente la plata dulce desde el Estado, donde parecía que la chanchita no tenía fin, donde hubieron regalos llamados ANCAP, PLUNA, FONDES, ASSE y otros más, que hicieron que el costo de la misma fuera muy alto. Hoy esa fiesta el Estado se las está haciendo pagar a todos, pero fundamentalmente al sector productivo y si no hay un cambio, dentro de muy poquito le entran con más fuerza a los asalariados. Por eso, cuando vayamos a elegir los diferente candidatos vamos a encontrarnos con mucho color, con muchas banderas, con mucha música, con candidatos que desbordan simpatía, con promesas altisonantes, con un futuro que lo van a pintar como maravilloso, en definitiva, con mucho ruido y poco contenido. Desconfiemos de esos candidatos, no vaya a ser que se elija de nuevo maravillosos organizadores de fiestas, cuyas cuentas te las envíen a domicilio al otro día de la elección.
No digas que no te lo avisé.