Viernes 26 de febrero, 2021
  • 8 am

UNA PROPUESTA MENTIROSA

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez

El comentario que hiciera público el líder del Partido de la Gerente Edgardo Novick, sobre la reestructura de la división política en departamentos de nuestro país, con la finalidad de achicar el número de funcionarios públicos de los gobiernos departamentales, es algo disparatado y mentiroso.

Al parecer, se trata de crear una nueva división política del país, que al eliminar varios departamentos, estaría regionalizando el Uruguay, creándose cinco distritos: dos al Norte del Río Negro; dos al Sur del Río Negro, y además un “área metropolitana” conformada por Montevideo y las zonas urbanas de Canelones. No se sabe cuáles serían los criterios a seguir para que en verdad, esa reestructura tuviera algún sentido que fuera más allá de un simple cambio de fronteras internas. Se trata idea sin sentido, porque concretar ese tipo de cambios, realmente debe obedecer a una razón fundada y de real importancia, que además debe ser cierta y posible. En verdad no lo es, ni lo uno ni lo otro.

En primer lugar, está claro que la repercusión de tal iniciativa –si así lo podemos llamar- desde el punto de vista político, no ha caído bien en ningún departamento del país. Las consultas realizadas sobre el tema, así lo indican. El sentido de pertenencia de cualquier uruguayo al departamento en el cual nació y las costumbres especiales y hasta folklóricas que en cada uno encontramos, está muy afirmado. A ningún tacuaremboense se le puede convencer que su departamento se puede unir con el departamento de Durazno; o a un artíguense que su departamento se puede unir a Rivera; o a un salteño que su departamento se puede unir a Paysandú; o a un rionegrense que su departamento se puede unir a Soriano; o un rochense que su departamento se pueda unir al de Maldonado; o que a un maragato que su departamento se pueda unir a Colonia. Menos aún si las regiones suponen más de dos departamentos.

En segundo lugar, pretender que con la nueva división departamental (que supondría la unión de dos o más departamentos que lógicamente deben ser linderos) se va a disminuir el número de funcionarios de los gobiernos departamentales, es desconocer la idiosincrasia política uruguaya, y la naturaleza misma que conlleva la creación de nuevas actividades que suponen una planificación distinta, una diferente gestión y en algunos casos, personal con conocimientos nuevos y diferentes. A simple vía de ejemplo, todos recuerdan que en por Decreto-Ley No. 1114.235 de 25 de julio de 1974, fue creada ANTEL como servicio descentralizado, a quien se le traspasó las funciones de la Dirección Nacional de Comunicaciones y la Dirección General de Telecomunicaciones que hasta ese momento funcionaban en UTE. Eso supuso que funcionarios de UTE pasaran a ANTEL, pero también el ingreso de nuevos funcionarios para integrar los recursos humanos del nuevo organismo estatal. Por lo tanto, la unión entre dos organismos del Estado (como obviamente lo son también los gobiernos departamentales) no supone disminución de funcionarios, sino todo lo contrario.

Unir jurídicamente dos departamentos (o más si se quiere), es factible por vía legal; pero de ello no puede jamás deducirse que eso va a suponer la disminución del número de funcionarios departamentales. Lo concreto es que dos o más realidades distintas estarán unidas por un solo Intendente y una sola Junta Departamental. El número de Directores Generales (y en su caso de Sub Directores), así como el número de funcionarios administrativos, auxiliares de servicio, obreros y oficios, etc. deberá aumentar, porque el jerarca debe cubrir un ámbito físico mayor, lo que a su vez, supondrá sin duda alguna, la creación de mayores cargos de confianza, que actuarán de nexo entre los subordinados y el jerarca correspondiente. Todo esto enmarcado en una división político-partidaria que se mantendrá igual a la que existía antes de la unificación, y que provocará problemas de todo tipo entre los partidarios de los diferentes partidos políticos que tienen peso en cada departamento.

El exceso de funcionarios públicos departamentales, no se origina en el número de departamentos. Es un problema nacido del erróneo y corrupto criterio –al que se llama “cultura política”- sobre los recursos humanos que se requieren en cada departamento para el funcionamiento de sus actividades de gobierno, y en la vieja y folklórica costumbre (ya es una corruptela bien asentada) de colocar gente que dice ser afín al partido de gobierno de turno, y que se la contrata sin tener en cuenta sus condiciones personales o profesionales, ni las necesidades de gestión que se podrían cubrir, sino en pago de un voto que se compró como quien compra cualquier mercadería barata. Claro, no lo paga el Intendente que lo contrata, sino el contribuyente de cada departamento. Como quien dice, un acto de corrupción, que la unificación departamental incrementará notoriamente. Por eso lo del título.