Sábado 14 de diciembre, 2019
  • 8 am

La realidad del campo de hoy

Gerardo Ponce de León
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Gerardo Ponce de León

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Gerardo Ponce De León

Me ha dejado un sabor amargo, y me dio para pensar las palabras de nuestro, actual Ministro de Ganadería, dado que considero, que si está en el puesto que está, tiene que tener una idea de lo que es la actividad agropecuaria.

El Ministro, frente al planteamiento de alguna solución para el agro, por la seca, que quiero aclarar, que hoy día no es general sino zonal, con tendencia a ser más generalizada y que tiene lugares, zonas y hasta departamentos, más complicados que otros, contestó: “espero que se acuerden, cuando llueva, de la seca”.

No soy hombre de campo, no soy campero, pero si soy un agradecido a Dios, que me ha permitido, y mi señora, estar en contacto con la naturaleza. Creo que es algo que apasiona, atrapa y me empequeñece, ya que lo considero algo admirable. La naturaleza es admirable. Estar en contacto directo con ella, que está ahí y que la tenemos que cuidar. Si es cierto que la cría o mejor dicho, se trabaja con seres vivos que están y viven a campo abierto, por eso están expuestos a lo que a ella (naturaleza) hace y nosotros estamos o tenemos que acompañar lo que ella trae, es imposible o muy baja las posibilidades de adelantarnos a ella.

No creo que exista alguien que pueda prever lo que puede pasar con la naturaleza, solamente Dios, sabe lo que va a suceder; por lo tanto no podemos prever lo que nos va a traer cada una de las estaciones, que cada vez son mas cambiantes. Cuando llueve, y no es una queja justificativa, trae sus problemas; cuando no llueve, también, trae sus secuelas.

El hecho de estar en contacto con o vivir a “cielo abierto”, no deja de darnos cambios que, muchas veces, se escapan de la mano del ser humano. Si llueve, en la parte de los ovinos, tenemos que cuidar “las patas”, el lanar no está a gusto con el agua, y es normal que comiencen a aparecer lombricosis, o saguaipé. Se pierde calidad de en la lana, la cual es castigada en la esquila, en la mesa de clasificación. El vacuno, siente también el

estar mojado todo el tiempo, busca algún lugar seco para poderse acostar, y si hay calor y humedad, tenemos que combatir a la garrapata, que después es muy difícil terminarla o “limpiar el campo”. El pasto pasa a estar “aguachento” y el valor nutritivo del mismo es de muy baja calidad. ¿Qué podemos hacer frente a esto? Claro que da para quejarse o decir la realidad de lo que sucede.

La seca trae junto a la falta de pasto, la impotencia de ver que todo se escapa de las manos, que los campos pierden su color habitual y las aguadas se van, hasta desaparecen. Pero el problema esta, junto a la impotencia, en la mente de los productores, de la gente de campo, que tienen que empezar a dejar cosas para darle importancia a los barros, o sea a los tajamares, las cañadas, los arroyos, para no dejar morir vacunos o lanares, enterrados en el barro. Es muy cierto que el lanar está más a gusto en la seca que con el agua, pero ver a los terneros querer mamar y las pobres vacas no tienen leche para darles. ¿Qué podemos hacer frente a esto?

Creo que todos antes de comenzar el verano, bajamos las dotaciones, por las dudas, y esperamos que las pariciones sean buenas, para por dotar de nuevo los campos.

¿Qué otra cosa podemos hacer los que nos dedicamos a la cría?

Todavía tenemos que atender la parte impositiva, los sueldos de los muchachos y las necesidades familiares. Siempre con buen espíritu, siempre de buen talante, y siempre dando gracias a Dios por lo que nos da.

No somos llorones, como es común que se nos tilde, pero invito a quienes así cree que es la gente que vive del campo a que miren, observen y tengan la mente abierta para ver una realidad que se llama vivir en contacto con la naturaleza.