Martes 16 de agosto, 2022
  • 8 am

Larrañaga y el orgullo blanco

Gustavo Varela
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Gustavo Varela

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Por Gustavo Varela

La vida nos enseña que no todo es blanco y negro, que no todo lo podemos categorizar definitivamente o absolutamente. Es lo que ocurre con el “orgullo”

La sicología categoriza al orgullo como positivo y negativo.

El positivo es aquél necesario para sentirnos seguros para saber dónde estamos parados, estar orgullosos de la vida y actuar en consecuencia. En cambio el negativo nos aleja y nos hace sentir por encima de los otros, por lo que la persona se cree superior a los demás, lo que conduce a la “soberbia”, que lleva a presumir de las ideas propias y menospreciar las ajenas.

En política es muy fácil caer en la categoría de orgullo negativo, lo que transforma a esas personas en intolerantes ideológicos, o sea aquellos que se aferran a una postura única, no permitiendo ninguna aportación ajena. En una palabra terminan siendo soberbios.

Dante Alighieri, expresaba: “Si no se modera el orgullo, él será nuestro mayor castigo”.

Quienes nos formamos dentro del Wilsonismo, hemos aprendido mucho el concepto de orgullo positivo. ¿Existe un mejor ejemplo del que nos dio en aquella memorable noche de su liberación? Creo que no.

Pero tampoco quedó sólo en un discurso, sino que a posteriori, y pudiendo justificadamente sentarse a ser un mero espectador de los momentos oscuros que se avecinaban, prefirió no ser soberbio, se puso a trabajar por su País, y vaya si sacó varias “castañas del fuego”.

Días atrás Jorge Larrañaga dejó atrás una promesa manifestada en un momento muy particular de su vida y subió nuevamente las escaleras del Directorio del partido Nacional.

“Yo dije lo que dije en un momento de dolor, pero creo que cualquier orgullo en ese sentido tiene que dar paso a algo superior, y ese algo superior es el papel que mi Partido, el Partido que yo integro, al cual tengo que vivir tres vidas para agradecerle todo lo que me ha dado, pueda cumplir con el rol de tener para una mejor sociedad, para un mejor país” expresó.

En dicha instancia, Larrañaga presentó en el seno del Directorio la llamada “Agenda para el Progreso”, que refiere a algunas propuestas de gobierno para que el Partido Nacional las estudie, debata y decida en lo interno, para posteriormente presentarlas a los demás partidos de oposición, sobre temas puntuales a acordar desde ya, para llevarlas a cabo en el próximo período de gobierno en caso de que se alcance la victoria electoral.

La misma trata temas como la seguridad, salud, educación, inserción internacional, economía para el desarrollo, trabajo, políticas sociales.

A nadie escapa que el Partido Nacional es la gran alternativa en las próximas elecciones nacionales al Frente Amplio.

Y tampoco a nadie escapa que Larrañaga es uno de los pre-candidatos que se presentarán en las próximas elecciones internas del Partido Nacional, intentando alcanzar la candidatura única del partido.

Aquellos dolores que sufrió en la anterior elección no lograron que Larrañaga transformara su orgullo en algo negativo, sino que por el contrario, el paso del tiempo hizo templar mejor su orgullo y lo transformó en algo positivo.

La soberbia en los gobernantes no es buena consejera, como así también el menosprecio hacia las ideas de los demás.

Por eso creemos que el camino emprendido por Larrañaga es el correcto, con una actitud abierta, flexible, receptiva, sabiendo que el País está por encima de los personalismos, y que el fin último de la tarea política no debe ser otro que el bien de la sociedad entendida en su conjunto.

Wilson en cierta ocasión expresó que “la lucha comienza todos los días de nuevo y por lo tanto la lucha comienza hoy”.

Larrañaga lo sabe.