Jueves 28 de mayo, 2020
  • 8 am

La declaración de la Cancillería sobre Venezuela

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Diario

Dr. Fulvio Gutiérrez.
El apoyo a la decisión de la OEA -votada por 19 votos contra 5- por parte del gobierno uruguayo, en cuanto a exhortar al Gobierno de Venezuela que suspenda las elecciones previstas para el 22 de abril próximo y elabore un nuevo calendario electoral, trajo importantes consecuencias políticas.
En primer lugar, y haciendo consideraciones basadas en principios generales, quedó claro que entre el “gobierno del Frente Amplio” y el partido “Frente Amplio”, las cosas no van bien. Lo que significa que “gobierno” y partido” no son lo mismo. Y en verdad, no lo son; jamás debieron serlo y no deberán serlo nunca. Es un concepto básico que al parecer por fin se entendió. O por lo menos parece que se está entendiendo.
El gobierno frentista hizo algo que hace tiempo debió hacer: reconocer en forma expresa que el gobierno venezolano ha salido de los esquemas democráticos en forma por demás abusiva, violando incluso la Carta Democrática a la cual han adherido los países americanos. Y eso no es intromisión en asuntos internos de Venezuela, sino aplicación de la precitada carta que legitima, sin duda alguna, la declaración de Uruguay en esta instancia. Dicho en otros términos, el absurdo “socialismo del siglo XXI” no es otra cosa que un populismo que terminó donde debía terminar: en un quebrantamiento de su democracia y en un ingreso paulatino y permanente en una dictadura disimulada en principio (como todo populismo), para manifestarse ahora en una descarada dictadura.
Por otra parte, queda también muy claro que efectuar elecciones en un país no significa que el mismo tenga un gobierno democrático. Si no se tiene un padrón electoral depurado en tiempo y forma; si se proscriben partidos políticos fuera de la Constitución y la Ley; si se proscriben o se encarcelan candidatos de la oposición al gobierno inventando absurdas causas que por lo menos son dudosas, o que se crean “legalmente” para comprender a opositores con posibilidades de participar en las elecciones; si se adelantan arbitrariamente elecciones con la aviesa intención de que la oposición no tenga tiempo suficiente de organizarse como partido con posibilidades de participar en forma igualitaria a los demás partidos; si se cambian los circuitos electorales para perjudicar a la oposición en aquellos en los que se sabe que son mayorías; si se coartan las libertades de los partidos políticos para expresar sus ideas en los medios de comunicación; si se buscan mecanismos absurdos e indirectos para perjudicar a la oposición, no estamos en una democracia.
La pretendida homogeneidad en sus decisiones de la cual el Frente Amplio siempre se ha vanagloriado, quedó rota una vez más. Porque no es ésta la primera vez que se manifiesta la oposición entre el gobierno y el partido Frente Amplio. El Partido Comunista y la agrupación “Casa Grande” que dirige la Senadora Constancia Moreira, inmediatamente hicieron pública su oposición a la declaración del gobierno uruguayo. Los argumentos fueron los viejos y consabidos prejuicios de la izquierda: la presión del imperialismo de Estados Unidos (como si la URSS no hubiera sido un imperialismo tan o más duro que el norteamericano), y que ahora se pide suspensión de elecciones cuando antes se pidió elecciones anticipadas (como si los hechos políticos fueran inamovibles y no tuvieran motivaciones distintas).
La respuesta del Canciller Nin Novoa no se hizo esperar y sus palabras fueron de una lógica irrebatible: ¿En el Uruguay se toleraría la realización de elecciones con partidos políticos proscriptos? ¿Se aceptaría realizar elecciones con candidatos de la oposición proscriptos? Y señaló claramente: “Nadie de izquierda puede sentirse representado por Maduro”. A lo que me permito agregar: nadie demócrata podría avalar esta parodia de elecciones.
Estamos seguros que el Frente Amplio “pegaría saltos mortales” si se proyectaran elecciones con cualquier tipo de proscripción. Entonces, preguntamos: ¿por qué en Venezuela si? Por eso compartimos con Nin Novoa cuando dice: “lo que no queremos para nosotros no tenemos que quererlo para otros”.