Jueves 28 de mayo, 2020
  • 8 am

Gasto público, deuda externa e inflación

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez.
Cuando ingresé a la plantilla de columnistas de Diario CAMBIO, en el mes de junio de 1984, Carlos Artía, que era su Director en aquella época, me dio un consejo que no olvidé jamás: todo periodista debe escribir con claridad y sencillez, porque está escribiendo para gente común, que no tiene conocimientos técnicos, y por lo tanto las palabras difíciles o no usuales, mejor no escribirlas. Por eso el diccionario común y el diccionario de sinónimos, deben ser sus compañeros inseparables. Este comienzo viene a cuenta de que algunos lectores me hicieron ver, la necesidad de entender algunos términos que se han vuelto comunes en los medios de comunicación.
¿Qué es el gasto público? Es el que realiza el Estado en un período determinado. Incluye todo el gasto estatal, más todos los gastos de las empresas estatales o semi-estatales con administración autónoma del Gobierno Central. Es decir, el Estado es como una familia: tiene ingresos y tiene gastos. Por tanto, debe cumplir con la regla de oro que expresa que si se pretende que la familia se mantenga equilibrada, jamás puede gastar una suma mayor a la que le ingresa. Si gasta más de lo que ingresa, va a tener falta de dinero para pagar su presupuesto mensual y eso lo lleva a buscar algún lugar del cual sacar esos recursos que paguen ese gasto excesivo. ¿Cuáles son en el caso del Estado? En principio tres: o crea más impuestos, o pide prestado, o emite moneda. En los tres casos, quien en definitiva termina pagando es el pueblo contribuyente, o sea Ud. mi querido lector dominguero. Y cuando el Estado ha llegado a un grado de cantidad y monto de impuestos que ya no puede ser sostenido por ese pueblo contribuyente  (como ocurre ahora) entonces necesariamente debe pedir prestado. A quien lo pide; generalmente a la banca internacional o a organismos internacionales. Pero pedir prestado, significa que esa deuda que se crea, hay que pagarla en el futuro. Entonces se pacata la devolución de lo pedido prestado en pagos periódicos, generalmente a largo plazo, con pagos de intereses también en fechas determinadas. Ahí no termina el problema. Porque si el Estado continúa en gastos excesivos, debe hacer otros pedidos de préstamos, y así se forma una cadena (algunos le llaman “bola de nieve”) que puede llegar a varios años de plazo y a montos enormemente grandes. Eso pasa ahora en Uruguay.
¿Qué es la deuda externa? Es la deuda que un país tiene con instituciones financieras extranjeras. ¿Cuál es el monto actual de la deuda externa de Uruguay? En términos genéricos y sin hacer detalles, la deuda externa de nuestro país asciende a U$S58.000.000.000, que se adeudan a organismos internacionales, bancos privados y fondos de inversión.  Como es a largo plazo y absolutamente impagable, al gobierno actual le preocupa poco, y paga religiosamente sus intereses (no el capital que a su vez genera más intereses) para no perder la nota alta de las empresas internacionales calificadoras de riesgos. Nota que no es real. Que gana con eso: tiene crédito en el extranjero, o sea, puede seguir endeudándose. Eso también pasa ahora en Uruguay.
¿Qué es la inflación? Es el aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios en un país durante un período de tiempo sostenido, normalmente un año. Cuando el nivel general de precios sube, la moneda vale menos porque con la misma cantidad de dinero, la gente compra menos bienes necesarios. Esto no pasa por ahora en Uruguay, pero los cálculos de la inflación realizados por el gobierno, están siendo sobrepasados por la realidad, y eso es muy peligroso. En mucho contribuyó a eso, el dinero que el Estado debió largar al mercado, para sostener el valor del dólar.
¿Cómo se puede disminuir este enorme pasivo del Uruguay? Fundamentalmente, gastando menos. Es decir, todos los organismos del Estado, deberían necesariamente disminuir un gran porcentaje de sus gastos. Los últimos sucesos de pública notoriedad, nos demuestran lo que no hay que hacer. Si el gobernante es realmente honesto; si tiene sentido común; si piensa en el país y su gente y no en sí mismo y en su partido; si tiene coraje; si sabe decir que NO cuando hay que decir que no cueste lo que cueste, seguramente podemos comenzar a cambiar. Y cuando digo gobernantes, incluso a todos, nacionales, o departamentales, ejecutivos y no ejecutivos. Claro, por lo que se ve, este cambio resulta difícil, porque más que un cambio de conducta es un cambio de mentalidad, de cultura política. Sin embargo, este “cuento” lo conozco desde hace muchísimos años; y por lo que analizo, no tiene posibilidad de solución. Por eso, a sabiendas de caer en saco roto, la “mano viene brava”.