Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

8-5-18

Diario

Desde hace algún tiempo el debate sobre el acoso callejero está sobre la mesa, aunque muchas veces se centra solamente en el piropo, en el halago verbal, cuando el acoso callejero abarca mucho más que eso: desde groserías hasta tocamientos, persecuciones o exhibiciones, diversas acciones que ponen a la mujer en una situación de desventaja y desigualdad en los espacios públicos en comparación con los hombres. Hablar de acoso callejero entendiéndolo como parte de la desigualdad de género —desigualdad para habitar libremente los espacios públicos— y conceptualizarlo como un problema genera cierta restricción, incomodidad y hasta rechazo, porque es lo que sucede cuando se cuestionan acciones hasta ahora naturalizadas.
De todas maneras una reciente encuesta de Opción Consultores, divulgada por Telenoche, reveló que la mayoría de los uruguayos no está de acuerdo con decir piropos en la calle a las mujeres que no se conocen. El trabajo —que se centró en el piropo y no en las otras expresiones del acoso callejero— arrojó que el 63% de los consultados dijo que le parece “una mala costumbre”, el 26% opinó “ni buena ni mala/depende”, el 9% señaló que es “una buena costumbre”, y el 3% no supo o no quiso responder. Los resultados reflejaron un mayor rechazo por parte de los jóvenes, tanto hombres como mujeres. Esa diferenciación generacional también fue registrada en el trabajo realizado por la organización civil Colectivo Catalejo junto con el Espacio de Formación Integral (EFI), de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, que buscó conocer, a grandes rasgos, las percepciones sobre el acoso callejero en nuestra sociedad.