Lunes 10 de agosto, 2020
  • 8 am

Un ataque contra la democracia

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez
Ya lo hemos dicho en alguna otra oportunidad: hay una gran parte de la izquierda que no es demócrata. Simplemente y por conveniencia política, se llena la boca con frases de apoyo al sistema democrático, pero en verdad, no lo comparte, no está dentro de su ideología marxista (no lo puede estar porque defiende la “dictadura del proletariado”), y porque parafraseando a Sendic, si se es marxista, no se puede ser demócrata. Simplemente utilizan el sistema democrático para conseguir el poder mediante elecciones que ellos mismos rechazan en su interna, y que seguramente, tratarán de dejar sin efecto una vez que lleguen al poder. En Uruguay aún no lo han hecho por dos razones: porque hay otra parte de la izquierda que sí es demócrata y que si bien tiene una forma de pensar seguramente diferente a lo que denominan derecha, en esencia apoyan la verdadera democracia como el mejor sistema de gobierno para llegar al poder. Segundo, porque nuestro país tiene un muy arraigado concepto del Estado de Derecho, pese a los esfuerzos que el populismo frentista hace para destruirlo.
Esto lo acabamos de ver como consecuencia de la reunión del Plenario Nacional del Frente Amplio (que es su máximo órgano de decisión) realizado días pasados, para analizar si el Frente Amplio, como partido, apoya o no el TLC firmado por el gobierno del mismo Frente Amplio con Chile, ya hace más de un año y medio. Algo raro de entender: el partido Frente Amplio se opone a una decisión tomada por el gobierno del Frente Amplio.
Lo grave de todo esto, es que con un criterio totalmente absurdo, el partido Frente Amplio se arroga el derecho de torcer nuestro sistema democrático de gobierno, pues existe una opinión de un sector minoritario, que quiere prevalecer sobre la mayoría, y repercutir entonces en el Parlamento. Es decir, la torcida concepción “democrática” de la minoría del Frente Amplio (Partido Comunista, Lista 711 de Sendic, Casa Grande y Liga Federal) pretende torcerle el brazo a la mayoría del Frente Amplio, y esto puede traer como consecuencia que sus senadores y diputados se podrían ver forzados a votar en contra de un tratado internacional que la mayoría quiere aprobar. Y que para colmo, fue firmado por el Presidente de la República y su Canciller en nombre del gobierno uruguayo, con la entonces Presidente de Chile Michelle Bachelet y su Canciller en nombre del gobierno chileno. Es decir, el Poder Ejecutivo uruguayo acordó un tratado y lo firmó con Chile; pero ahora, el Poder Legislativo (con mayoría frentista) se opone a ese acuerdo, y no quiere darle la aprobación que la Constitución prevé.
El propio Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay Rodolfo Nin Novoa, dijo visiblemente molesto: “En el Parlamento hay votos para apoyar el TLC y no puede ser que se secuestre la democracia uruguaya por minorías que toman decisiones en órganos no competentes”. Agregó luego: «Me extraña que una fuerza política que está en el gobierno, con mayoría parlamentaria, niegue la posibilidad de llevar adelante acciones que emprendió el Poder Ejecutivo y que son beneficiosas para el Uruguay»; y cerró su pensamiento afirmando: “Me parece que no votar este tratado es una pésima señal para Uruguay, con un pronóstico muy malo para toda su inserción internacional». En otras palabras: si en definitiva el Frente Amplio ordena a sus legisladores a no votar el TLC con Chile, ¿qué otro país va a pretender celebrar un acuerdo comercial con Uruguay, que ha demostrado no ser confiable?
Durísimas palabras de nuestro Canciller, frente a la absurda ideologización de parte de la izquierda uruguaya, que deja de lado la Constitución y la Ley por justificar lo injustificable. Es un paso más al desastre del gobierno del Frente Amplio, que cae en picada por todos lados y que como dijera un dominicano que conocí hace poco, “ustedes tienen que botarlo”. * Después de tres gobiernos frentistas, nuestras instituciones están claramente devaluadas, nuestro Estado de Derecho tiene tantas violaciones que nos recuerdan los años previos a la dictadura cívico-militar, y nuestra seguridad jurídica está desapareciendo lenta pero permanentemente. A ello se agrega un claro estado de nerviosismo de quienes saben que en poco más de un año y medio tendrán que buscarse otro trabajo porque el voto popular les dirá: “hasta aquí llegaron”.
Mientras tanto, atacan un día sí y otro también a nuestra democracia. Por eso lo del título.
*”Botar” (con “b” larga), significa arrojar o tirar fuera algo o a alguien, despedir a alguien de un empleo. En nuestro caso, echarlos del gobierno.