Jueves 28 de mayo, 2020
  • 8 am

Defendamos nuestro idioma

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Diario

Dr. Fulvio Gutiérrez.
La absurda deformación del idioma que se ha incluido en un comunicado de la gremial estudiantil del IAVA hace unos días; las declaraciones del Director Nacional de Policía Mario Layera, con referencia a que entre la delincuencia se está generalizando cada vez más una especie de idioma propio que solo ellos lo entienden y que incluso dificulta la toma de declaraciones por parte de las autoridades; y la tozuda y arbitraria costumbre que está sembrando la izquierda uruguaya, copiando obviamente a sus correligionarios ideológicos de otras regiones, pretendiendo atacar lo que denominan un idioma sexista, nos ha creado primero una preocupación en defensa de nuestro idioma español o castellano (obviaremos en estos momentos las posibles diferencias), y en segundo lugar, la firme convicción de que debemos ocuparnos –y no solo preocuparnos- en instar a todos quienes en forma oficial o privada, tienen algo que ver con la defensa de nuestro idioma a que actúen pronto y ya.
Ante la embestida izquierdista del “todos y todas”, la Real Academia Española, ya ha aclarado su posición: “En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos. La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto”. Nada más.
Y agregó: “La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas (léase políticas). Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos”.
El idioma de un pueblo es algo tan importante, que constituye sin duda uno de los principales factores nacionalizantes que hacen al concepto de NACION y por ende, favorecen su identidad y la confirmación de su soberanía. No olvidemos que la soberanía en nuestro país, radica en la nación y no en el pueblo como erróneamente se repite (art. 4° de la Constitución).
Por eso hay algo que nadie puede olvidar: un idioma es la lengua propia de un pueblo o nación, y constituye un sistema de comunicación lingüístico, que puede ser tanto oral como escrito, y se caracteriza por regirse según una serie de convenciones y normas gramaticales que garantizan la comunicación entre las personas. En la gran mayoría de los países, las normas jurídicas establecen cual es el idioma oficial de cada país, incluso en la propia Constitución, lo que no ocurre en Uruguay. Esta es una grave falta de nuestro constituyente. Pese a ello, Uruguay aprobó el idioma español como uno de los idiomas oficiales del MERCOSUR, en el art. 46 del Protocolo de Ouro Preto (el otro es el portugués, obviamente por Brasil). Luego, en la Decisión No. 35/2006, se incluyó al guaraní a solicitud de Paraguay.
Por ello, por las innumerables normas que regulan diversos aspectos de nuestra enseñanza, y por las que regulan la expresión gráfica de nuestros organismos y órganos oficiales (el art.65 del Código General del Proceso establece que el idioma en los actos procesales es el castellano), no tenemos dudas en cuanto a que el idioma español o castellano es el idioma oficial de nuestro país. Por tanto, es público y notorio –y por está exento de prueba- que es la lengua que se utiliza en las comunicaciones institucionales, en los actos públicos por las autoridades y en las relaciones normales de entidades y ciudadanos uruguayos.
Exhortamos entonces, a todas las salas de Idioma Español de nuestra enseñanza pública y privada, a las autoridades universitarias vinculadas con esta temática, a los gobernantes con competencia en la materia, y fundamentalmente a la Academia Nacional de Letras de Uruguay, a que inicien una campaña en defensa de nuestro idioma español o castellano, y procuren que jurídicamente se establezca con precisión lo que constituye nuestro idioma oficial en nuestra Constitucipon. De esa forma reafirmaremos nuestro concepto de nación soberana.