Columnistas

Instituciones ilustres

Por Gerardo Ponce de León

Gerardo Ponce De León

¡Que gran verdad es que todos los días se aprende algo! Cada uno lo puede comprobar con el andar de todos los días, que no es otra cosa que la vida de uno. Creo que muchas veces no la queremos ver, la enseñanza, pero que luego, en lo cotidiano, nos vuelve a la memoria, recordamos, y nos damos cuenta que es lo que nos enseñaron. No importa el tiempo de la lección, lo importante es reconocer que lo aprendimos.

Las virtudes están en todos los seres humanos, pero hay que ayudarlas a crecer, abonarlas, ponerle un tutor a su costado, para que sean realmente una virtud. Se que cuesta y es ahí, donde

La abandonamos porque da trabajo, cuesta y es mucho más fácil, tomar otro camino, que no me exige nada, y me gana la comodidad, todos tomamos el camino más corto, sin darnos cuenta que no nos lleva a nada. En cambio, el otro da trabajo, y más de una vez nos entran las ganas de abandonarlo, ya que no es atractivo, no vemos la recompensa enseguida, que también nos desalienta, pero cuando sentimos que nos acaricia, que se ensancha nuestro corazón, nos damos cuenta que es más lindo, que nos habrá costado trabajo, pero nos gratifica y lo mas importante es que nos sentimos realizados como seres humanos. Siempre conviene recordar que no es otra cosa que la palabra comodidad, dividida: “como di, da”.

Cuando una persona alimenta, abona, cuida y es sincera con ella misma, la virtud brota espontáneamente en su obrar, sin necesidad de buscar en su interior algo, brota y a otra cosa, nadie puede variar su forma de obrar, ya que esta es su vida.

Lo que más marca hoy día a una sociedad, es la solidaridad. Hay personas que no pueden con su forma de ser, y siempre encuentran un lugar para largar o dejar alguna de sus virtudes. Otras, hacen lo mismo y le agregan otra gran virtud: el anonimato o dejan su virtud junto a otras, pasando desapercibidos, pasando a ser un club, una obra, una fundación, o lo que Ud. quiera la que actúa. Pero basta con ver quienes integran dicha fundación, dicho club, para darnos cuenta que son los mismos en casi todos los lados.

Cuando uno conoce la obra, tiene ya la firma registrada de quienes han hecho posible su realidad.

Por favor, no tengo nada contra la última persona que ha sido declarada Ciudadano Ilustre, ya que a decir verdad no lo conozco y debe de ser meritorio de dicha distinción, ya que del rubro poetas y escritores, no es mi fuerte; pero que lindo sería que se reconociera una institución, que realmente hace méritos para dicha distinción o que sus integrantes, son reconocidos por su entrega a la sociedad. Creo que en muchos casos habría que dejar el anonimato de lado, para que se tome como ejemplo de que hay, existen personas para las cuales los valores de uno comienzan en la entrega a los demás.

¿Quién puede decir algo de las personas que han recibido, anteriormente, dicha distinción? Es la misma idea que tuvo, este diario, cuando nombraba a la mujer del año. Simplemente buscaba mujeres solidarias, que hacían su aporte a la cultura salteña, o que en un grupo, demostraban que valía más ayudar, entregarse, el tiempo de otros; que sabían que en sus manos podían encontrar protección, calor, y porque no afecto, que en resumen, quiere decir AMOR.

En lugar de hablar de un robo, hablar de la entrega generosa de tiempo, que también a ellos les hace falta, o se lo roban a la familia, de ese robo nadie habla.

Miren que hay más gente de la que se piensan que dan todo lo que pueden por otro ser humano, sin esperar que sean distinguidos por alguien.

Espero que se tome este escrito a los silenciosos, anónimos, que buscan un mejor pasar para otros seres humanos, como un real y verdadero homenaje, y un gracias, enorme por ser como son.

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