Domingo 25 de octubre, 2020
  • 8 am

Euforia “celeste”

Pablo Galimberti
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Pablo Galimberti

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Mons. Pablo Galimberti

Con lo justo la “celeste” avanza, para alegría de todos. Algunos manifiestan especial “euforia”.

¿Qué esla euforia? Básicamentela definen como una sensación, real o ilusoria, de bienestar somático y psíquico, que se traduce en un incremento de fervor inventivo, mayor receptividad hacia los aspectos positivos o favorables del ambiente circundante y de los eventos, con tendencia a interpretaciones optimistas. Puede ser signo de una real condición de bienestar psicofísico, pero a veces es expresión de patologías morbosas.

Respetando a quienes opinen diversamente, un ejemplo de este tipo de manifestaciones son las intervenciones o pintadas a esculturas o monumentos que, con el paso de los años, se han convertido en parte integrante del paisaje de una ciudad como Montevideo, Salto u otras ciudades.

Una obra de arte evoca elgenio y la inspiración de un artista. Al observar con atención, por ejemplo, La Carreta o La Diligencia de José Belloni, esas obras “hablan” yabren un abanico de significados. Eso es precisamente el núcleo del arte. A través de ellas despierta del olvido una época, los bueyes contagian su titánico esfuerzo, las rutas polvorientas conectan puntos lejanos, mercaderías y personas surcan sierras y arroyos. Cuántas peripecias humanas revolotean en la memoria adivinandoperipecias fotografiadas por el bronce.

Cuando niño me llevaban con frecuencia al Prado. Con mis hermanos nos atraía la escultura de “Los últimos charrúas”, inaugurada en 1938. Entre sus autores está Edmundo Prati, sanducero con obras muy importantes que se exhiben en nuestra ciudad de Salto. Esas imágenes son memoria de una raza exterminada por Rivera en Salsipuedes. Un mínimo de respeto nos impide manipular esa historia sangrienta convirtiendo en momias a esos sobrevivientes llevados a París en 1833 y exhibidos en una exposición.

Un exceso de “fervor” celeste arremetió contrael David de Miguel Angel, considerada la escultura más famosa del mundo, cuyo original se encuentra en Florencia y una de las dos réplicas existentes se encuentra en la explanada de la Intendencia Municipal capitalina. El trabajo ejecutado por dos vestuaristas locales implicó elaborar las prendas deportivas e instalarlas, andamios mediante, en el cuerpo de la escultura.

¿Es conveniente usar obras de arte consagradas como tales, como soporte de expresiones artísticas ajenas a la obra de arte? ¿No queda la obra de arte original de algún modo “manoseada” por este uso subsidiario?

Son conocidos los cuidados que despliegan los museos que custodian obras de arte. Estas obras, de algún modo, también son “nuestras”. Podemos acercarnos a ellas para admirarlas. Como la Gioconda en el Louvre o el regreso del hijo pródigo de Rembrandt en San Petersburgo, etc.

¿Cambia algo que una escultura ecuestre de nuestro prócer, sea cubierta con los colores de “la Celeste”? Los pequeños aprenden de sus mayores y al ver que tratamos del mismo modo la malla deportiva de un crack o una obra de arte, el mensaje subliminal que podría colarse sería: “todo es igual”

Termino con palabras del Papa Juan Pablo II dirigidas a los artistas: “La sociedad tiene necesidad de artistas, del mismo modo que necesita científicos, técnicos, trabajadores, profesionales, así como de testigos de la fe, maestros, padres y madres que garanticen el crecimiento de la persona y el desarrollo de la comunidad por medio de ese arte eminente que es el arte de educar” (Abril 1999).