Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

La somatización real de las emociones

Adriana López Pedrozo
Por

Adriana López Pedrozo

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Por Adriana López Pedrozo
Cuando hablamos de bullying en los centros educativos, cuando vemos los videos que filman los propios compañeros de una pelea callejera, pensamos en agresión, inseguridad, falta de respuesta de los que compete frente a las discriminaciones diarias que se dan en un determinado ambiente.
Incluso relacionamos esta palabra con los ámbitos puramente educativos y nos olvidamos de que existen, de distinta manera, en toda institución, de una u otra manera.
No es fácil hablar sobre las emociones, en ningún ámbito.
Incluso en los familiares, donde damos por supuesto que el “te quiero”, es obvio.
Imaginemos las emociones negativas volcadas en otros entornos y sus consecuencias.
¿A qué podemos apelar para acercarnos a este tema del que no se habla, porque a veces sentir está visto cómo debilidad?
“Las recientes aportaciones de la neurociencia han permitido conocer mejor el funcionamiento cerebral de las emociones.
Así, por ejemplo, saber que las emociones activan respuestas fisiológicas (taquicardia, sudoración, tensión muscular, neurotransmisores; etc.) que una vez producidas son difíciles de controlar, o que una disminución en el nivel de serotonina puede provocar estados depresivos, aporta datos valiosos para una toma de conciencia.
Las aportaciones de la psiconeuroinmunología indican cómo las emociones afectan al sistema inmunitario.
Las emociones negativas debilitan las defensas del sistema inmunitario, mientras que las emociones positivas lo refuerzan.
Las investigaciones sobre el bienestar subjetivo, realizadas por autores como Strack, Argyle, Schwartz, Beethoven, etc., han introducido un constructo de gran incidencia social.
Conviene distinguir entre bienestar objetivo (material) y bienestar subjetivo (emocional). Si bien se analiza se llega a la conclusión de que las personas buscan el bienestar subjetivo.
La Universidad de Navarra, en sus Estudios sobre Educación, 2006, afirma que lo que hacemos son pasos para intentar conseguirlo.
Entre los factores que favorecen el bienestar subjetivo están las relaciones sociales y la familia, el amor, la satisfacción profesional, las actividades de tiempo libre, salud, etc.
Es curioso observar que las principales fuentes de bienestar subjetivo coinciden con las causas de conflicto y malestar.
Relacionado con el bienestar está el concepto de fluir (flow) o experiencia óptima, introducido por Mihaliy Csikszentmihalyi (1997).
El fluir se refiere a las ocasiones en que sentimos una especie de regocijo, un profundo sentimiento de alegría o felicidad, que lo habíamos estado buscando y deseando durante mucho tiempo y que se convierte en un referente de cómo nos gustaría que fuese la vida.
La felicidad es una condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente.
No se puede comprar con dinero o con poder.
No parece depender de los acontecimientos externos, sino más bien de como los interpretamos.”
Ahora…estos trabajos evidencian la relación entre las emociones y la salud.
Difícil reconocer, en comunidades como la nuestra, la incidencia del bienestar emocional en los entornos laborales.
Que importancia tienen los climas, las palabras de aliento, el “cómo te sentís”, entre colegas, entre compañeros de trabajo, entre personas…en otras palabras.
Aquellos entornos que, muchas veces, se transforman en casi familia, por la dedicación y el tiempo dedicado.
No nos asombremos del aumento de las reacciones emocionales y sus connotaciones mentales.
Si alegrémonos de que cada vez más, las personas reconocen cuando necesitan de ayuda profesional para salir de situaciones dolorosas, sin prejuicios, sin pensar en lo que dirán, sin esconder.
¿Para qué?
Mente y cuerpo están conectados.
La somatización es el SER que sufre, indivisible.
Los trastornos psicosomáticos son tratables y no tiene que darnos vergüenza concurrir con total naturalidad a aquellos profesionales de la salud dedicados a tal área.
Como también contribuir, entre todos, a crear ambientes laborales saludables, respetuosos y considerados por el bienestar emocional de sus integrantes.